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Por cauces y laderas

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POR CAUCES Y LADERAS
Por cauces y laderas

A últimos del mes de junio y primeros de julio, podremos ir haciendo las primeras estimaciones de cómo ha ido el año en lo referente a la cría de la perdiz. Una señal positiva será el observar las polladas con buen número de perdigones. Si hacemos un seguimiento y control, veremos cómo “actúa” la ley de la naturaleza; el número de pollos del bando va disminuyendo por factores naturales tales como predadores aéreos y terrestres, o por falta de alimento en los primeros días de vida.

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POR CAUCES Y LADERAS
Por cauces y laderas

Existen pocas cosas más gratificantes que enseñar a alguien a pescar. Lograr transmitir nuestra afición en alguno de nuestros hijos produce una inmensa satisfacción, porque yo lo he conseguido. Considero que tal vez no fue difícil, ya que a la facultad de saber pescar, hay que añadir otra tal vez más importante; la docencia, saber enseñar lo que uno sabe y esto con infinita paciencia.

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POR CAUCES Y LADERAS
Por cauces y laderas

Uno ha escrito ya demasiadas cuartillas en torno a las motivaciones que para el aficionado puede entrañar la pesca de la trucha, esa pesca tan concurrida y entrañable. El pescador de truchas, en las atardecidas del verano y en las frías amanecidas de marzo, no es un escultor de grandes obras, sino un minucioso creador de atractivas y bellas imitaciones. Es lo suyo, ir sabiendo recoger de la naturaleza con detalle y minuciosidad, recogerle al “campo” un fruto que hay que saber ir entresacando sin excesiva paz y sin excesiva violencia

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POR CAUCES Y LADERAS
Por cauces y laderas

Pocas formas de caza existen tan deportivas y tan primitivas como la caza de la liebre con galgos. Sin embargo, sobre el pecho de atleta de estos animales brilla una medalla, cuyo revés es el fango, ¡si el fango!. Porque la velocidad que lo lleva en volandas a la gloria, lo arrastra cuando le falta, cuando no puede, cuando no corre, a una ciénaga de olvido o al áspero abrazo de esparto de una soga al cuello.

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POR CAUCES Y LADERAS
Por cauces y laderas

Es la hora de espiar a la naturaleza, compartir con los corzos momentos inolvidables, de fundirse con nuestros propios pensamientos, de cumplir, en suma, con el legado de nuestros ancestros. Cualquier ungulado cinegético, por raro que nos pueda parecer, puede capturarse a rececho. Bien es cierto que no todas las especies presentan la misma dificultad. De entre todos ellos quizá sea el corzo uno de los más difíciles por su entorno vital, el bosque, por lo impredecible de sus costumbres y por la grandeza de sus sentidos.

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POR CAUCES Y LADERAS
Por cauces y laderas

A estas alturas nadie discute ya que la brava perdiz que siempre pobló páramos y montes esté en franca regresión y que entre muchas de las causas de esta alarmante disminución es el deterioro del hábitat y las malditas sequías. Parece evidente entonces, que si en un terreno donde no pueden vivir unos pájaros nacidos y criados en él, soltamos unos de granja, su supervivencia será un milagro, pero lo que es seguro es que se habrá perjudicado a las autóctonas.

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