Disponible en
Ir a la versión móvil App para iOS App para Android en Google Play
Síguenos en twitter Estamos en Facebook
Compartir:

3ª EDAD

El desafío de la nutrición saludable en la vejez

Alimentaciyn-3E1-1024x640
Actualizado 17/03/2017 13:39:50
Redacción

Los cambios provocados por el envejecimiento alteran el proceso y los hábitos alimenticios

El cuidado de la alimentación en la 3ª Edad es un factor indispensable en el desarrollo de un envejecimiento activo y saludable. La nutrición juega un papel fundamental para lograr que los mayores de 65 años tengan la posibilidad de gozar de todo su potencial de salud y participar activamente en la sociedad actual.

Cuidar de los hábitos alimenticios es imprescindible en cualquier etapa de la vida, pero la atención hacia los mismos debe reforzarse durante la tercera edad ya que el impacto de la malnutrición en este grupo de población supone un mayor riesgo de contraer enfermedades, anemias e incluso de mortalidad.

El propio proceso de envejecimiento conlleva modificaciones en la relación de de los más mayores con la alimentación. Los cambios físicos, psíquicos y sociales que aparecen con la edad suelen afectar de una forma u otra a la nutrición y a los hábitos alimenticios.

Cambios fisiológicos

La función digestiva se ve afectada en esta etapa, reduciéndose la absorción intestinal de los nutrientes. Esto obliga a que los mayores deban aumentar la ingesta de de determinados nutrientes con el fin de mantener una alimentación equilibrada que cumpla con sus necesidades nutricionales. Se debe por lo tanto aumentar la ingesta de frutas, legumbres, verduras y cereales dado su elevado contenido en vitaminas, minerales y fibra. Las grasas con ácidos esenciales omega-3 y omega-6 y la vitamina D son nutrientes que tampoco pueden faltar en su dieta y el calcio es esencial para luchar contra la osteoporosis de los huesos.

Por el contrario, se debe de reducir el consumo de grasas saturadas y azúcar consumiendo sólo de forma excepcional productos como los embutidos o la bollería industrial y, en la medida de lo posible, sustituyendo las carnes rojas por las carnes blancas. Para mantener unos niveles de colesterol adecuados se debe de prescindir de los fritos y en caso de hacerlos, sólo con aceite de oliva. La reducción de la sal también es imprescindible para prevenir la hipertensión, especias como el tomillo, el laurel o el romero potenciarán el sabor de cualquier plato.

El descenso de la sensibilidad para poder apreciar los sabores (pérdida de la palatabilidad), el deterioro del olfato o la distorsión en la percepción de los colores de las comidas también son cambios fisiológicos que pueden afectar a la alimentación. las Las dificultades para masticar suelen ser un denominador común en las edades avanzadas pero una dentadura débil no puede erradicar de la dieta productos tan imprescindibles como la carne. Por lo que se debe de apostar por purés con todo tipo de ingredientes.

La disminución del agua corporal total hace que este grupo de edad tenga más dificultades para mantener el balance hídrico y sean más susceptibles a la deshidratación. Por ello, se ha de beber al menos 2 litros de agua al día e ingerir líquido aunque no se tenga sed. La leche, los zumos y las infusiones ayudarán a mantener el equilibrio hídrico.

Cambios psicosociales

Las alteraciones emocionales son frecuentes en la vejez. Los cambios en la esfera social como la jubilación, la viudedad, la menor responsabilidad en la familia o el menor poder adquisitivo y las dificultades para aceptar los cambios físicos afectan a la salud emocional de los mayores causando con frecuencia trastornos adaptativos y depresiones que también afectan a los hábitos alimenticios.

Estos cambios conllevan ciertos riesgos como el aumento de la inapetencia o la despreocupación de su propio cuidado, así como el consumo de dietas deficitarias, monótonas o muy restrictivas. Asimismo, la polimedicación o el consumo de varios medicamentos diariamente, puede alterar la interacción con ciertos nutrientes y provocar un déficit de los mismos.

La disminución de la capacidad funcional dificulta procesos como el de hacer la compra, transportar y preparar la comida. En estas condiciones, los alimentos se compran en función de su precio, la sencillez de su preparación o el tiempo de conservación, en lugar de por sus valores nutricionales. Organizar una compra semanal, cocinar en grandes cantidades y congelar para disponer de raciones extra y comer de vez en cuando con otras personas son algunos de las principales recomendaciones de los expertos.

Además, no podemos olvidar que la alimentación ejerce una función preventiva y que nunca es tarde para desarrollar nuevos y sanos hábitos nutricionales que protejan al organismo y mejoren la calidad de vida.

Esta web utiliza 'cookies' propias y de terceros para ofrecerte una mejor experiencia y servicio. Al navegar o utilizar nuestros servicios, aceptas el uso que hacemos de ellas. Puedes cambiar la configuración de 'cookies' en cualquier momento.

AceptoMás información