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CARTAS AL DIRECTOR

¿Hay motivos para la huelga en educación? Creemos que sobran

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FOTO STECYL
Actualizado 17/03/2017 13:51:37
Redacción

"La educación, como el resto de sectores del ámbitos de lo público en este país, lleva sufriendo un deterioro constante en relación a su organización, gestión y financiación".

CGT Educación Palencia

Este próximo 9 de marzo la comunidad educativa –funcionarios docentes y no docentes, alumnado junto con madres y padres– están llamados a la realización de un paro en todo el territorio español en reivindicación de la reversión de los recortes y la derogación de la actual Ley de Educación –LOMCE–.

La educación, como el resto de sectores del ámbito de lo público en este país, lleva sufriendo un deterioro constante en relación a su organización, gestión y financiación.

El motivo no es más que el simple y aparentemente inocuo precepto neoliberal de aplicar la libre competencia para conseguir una mejora de los servicios a la vez que potenciar la competitividad entre el alumnado, a través de constantes exámenes y reválidas cual carrera de obstáculos con el fin separar el grano de la paja; todo esto aderezado, por supuesto, por recortes constantes en su financiación en forma de disminución de plantillas, aumento del alumnado por clase, reducción de programas a la diversidad, etc.

¿Se está consiguiendo una mejora sustancial? No seamos ingenuos, nada más alejado de la realidad si analizamos con mínima seriedad los países que han aplicado esta máxima a la gestión de sus recursos públicos en general –se nos ocurre entre otros el caso de Grecia, que después de tres rescates la situación no sólo no ha mejorado, sino que se ha transformado en calamitosa–; de hecho, podemos verlo sin salir del país en aquellos casos en donde se ha apostado por la privatización de servicios públicos –Hospital de Burgos, Renfe-Adif y sus estaciones fantasmas, autovías radiales de Madrid–.

Si nos centramos en la comunidad de Castilla y León los hechos hablan por sí mismos. Han cerrado más de 40 centros rurales en los últimos diez años por falta de alumnos, consecuencia directa del abandono de las gentes del campo por parte de las administraciones; la plantilla ha disminuido en 1400 profesores en los últimos 6 años, eso, sin contar que hay más de 1.500 plazas parciales que no llegan a horario completo; en los núcleos urbanos de importancia cada vez hay más alumnos por aula y por docente; los recursos se racanean con la excusa de reducir los gastos a costa de contratar a empresas privadas para hacer trabajos que pueden ser hechos por los trabajadores de los centros, –baste recordar los más 63 empresas publicas en 2016 en la plantilla de gobierno de Castilla y León– mientras, el presupuesto ha disminuido un 16% desde el año 2010; aumento de horario y de funciones de los trabajadores que cada vez dedican más espacio de tiempo a la burocracia que a la docencia, con consecuencias desmotivadoras; cierre de líneas y amortizaciones de plazas en beneficio de los conciertos privados que siguen manteniendo su oferta a pesar de su carácter subsidiario –lo último es la prórroga recientemente de la mayor parte de los conciertos por 6 años–; falta de oferta pública de empleo y convocatoria de oposiciones aduciendo razones de lo más esperpénticas como la falta de presupuesto desde Madrid, contrastando con otras comunidades que si las convocan y provocando a su vez que haya especialidades que llevan más de 15 años sin convocar e incrementando los porcentajes de interinidad en torno al 25% de media de plantilla,…, y, mientras tanto, para los jóvenes que quieren seguir estudiando en la universidad, ésta se ha encarecido en Castilla y León más de un 20% con respecto a hace 6 años, así que no nos extrañemos que la diáspora de estudiantes con talento pero sin recursos siga desarrollándose.

Llevamos más de 40 años de estancamiento secular: la religión como materia obligatoria en las escuelas, los conciertos por más años con centros de ideología religiosa que influyen en la conciencia del alumnado, la mercantilización de servicios complementarios y educativos como los comedores escolares, la falta de articulación de un plan específico de desarrollo para el ámbito rural, el déficit de concreción de los proyectos de enseñanza-aprendizaje adaptados al contexto socioeconómico de las familias ,la falta de implicación de la comunidad educativa en la gestión del centro.... Tras esto, parémonos a reflexionar si la huelga está legitimada o no.

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