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CERRATO INSOLITO

Carnaval en Vertavillo (II)

Carnaval_Vertabillo
Actualizado 20/03/2017 13:30:46
Redacción

"La Cofradía de Ánimas de Vertabillo es la única que perdura en la comarca"

FERNANDO PASTOR

Describíamos en la anterior entrega porqué nace y cómo se organiza la cofradía de ánimas de Vertavillo. En esta ocasión veremos su ciclo festivo.

Según describe el libro de Francisco Javier Abarquero Moras “El Carnaval de Vertavillo y las Cofradías de Ánimas en el Cerrato Palentino”, editado por la Diputación de Palencia a través de la Institución Tello Téllez de Meneses, este ciclo festivo comienza el 2 de febrero, día de las Candelas, y finaliza el Domingo de Piñata (el domingo posterior al Carnaval). En medio quedan las jornadas festivas de Domingo Gordo (domingo previo al Carnaval); Domingo, Lunes y Martes de Carnaval, y Miércoles de Ceniza.

El día de Las Candelas comienza el toque de tambora al amanecer y al anochecer todos los días hasta el final del Carnaval, llamando a la oración por las ánimas del purgatorio y de los cofrades fallecidos. También se hace es día la “probadilla” (probar vino de todas las bodegas para decidir de cuál comprar para todas las fiestas).

Los días festivos se realizan revoleos de la bandera, para lo que se necesita fuerza, por el gran peso del mástil, y habilidad, para que la tela no se enrolle. Desfiles con estandartes, banderas y varas. Lanzamiento al aire de una alabarda adornada con cintas, en vertical para cogerla al caer con una sola mano. Salvas y cánticos militares. Repiques de campanas para acudir a una misa que se celebra con mucha parafernalia y escenificación: el desfile y el toque de tambora continua en el interior de la iglesia, en la que se coloca ante el altar un “túmbulo” (tumba) simbolizando las ánimas del purgatorio, consistente en cuerpos de madera rectangulares de diferentes tamaños colocados en forma piramidal pintados de negro y con el símbolo de la muerte (la calavera y las dos tibias cruzadas) en los laterales, adornados con velas encendidas y con dos panes encima (reminiscencia de los testamentos que antiguamente se hacían cuando los enterramientos eran en el interior de la iglesia y que disponían que se llevasen velas para contribuir a la iluminación de la iglesia y panes para el sustento de los sacerdotes), todo ello custodiado por 5 jóvenes recién licenciados del servicio militar (cuando existía) con uniforme y rifles o escopetas. Petición de limosna con un platillo. Etc.

El Miércoles de Ceniza continúan las celebraciones, aunque al ser ya tiempo de cuaresma, con su obligación de abstinencia, presentan alguna atenuación, por ejemplo la alabarda se lanza sin cintas, y el propio obispo dispensaba a los vecinos de Vertavillo de seguir el mandato cuaresmal. Por la mañana se recorren las calles con cencerros y arrojando gallinaza pestilente para echar fuera las carnes (carnestolendas) y dar paso a la cuaresma. Por la noche se lleva a cabo el entierro de la sardina, con gran teatralidad: portan una escalera cubierta con una manta simulando un ataúd, en un extremo colocan unas botas simulando los pies del difunto y por el otro extremo sobresale de entre la manta la cabeza reclinada hacia atrás de uno de los portadores (el cuerpo lo lleva oculto en la manta), acompañado de una comitiva variopinta: una persona disfrazada de sacerdote que va recitando salmos en un latín inventado y diciendo a la gente “llorad, hijos míos, que se ha acabado el vino”, un monaguillo y mujeres de luto bailando al son de la tambora; lanzando en el recorrido más gallinaza con un hisopo hacia las puertas y ventanas y la gente que pueda estar asomada.

Tras este día, que da paso a la cuaresma, aún hay actos el Domingo de Piñata. Fuera de este calendario festivo la actividad de la cofradía se limita a participar en los funerales de los cofrades que fallecen, o en los bautizos de sus hijos.

La cofradía de Vertavillo es la única que perdura, pero en innumerables pueblos del Cerrato contaban con una. La última en desaparecer, la de Alba de Cerrato, a mediados del siglo XX.

En todas ellas las características eran similares, con peculiaridades como el uso de pólvora para lanzar salvas; financiarse mediante juegos de cartas, con rifas o con la cría de cabras; el uso de campanillas para anunciar los fallecimientos; reparto de alimentos (fundamentalmente rosquillas, peras, nueces, turrón, confitura, o en Tariego el “pan de domingo de ánimas”); una mayor parafernalia militar (en Hontoria la procesión finalizaba con un campamento en el que los soldados hacían guardia por turnos, en Herrera de Valdecañas el batallón acompañaba a los oficiales hasta su domicilio por orden jerárquico); etc.

En varias existía el cajero, encargado de tocar la caja; el mozo avisador; o el penero, encargado de cobrar las penas en forma de multas (en Villaconancio o en Soto, donde las multas se pagaban en cera que servía para las velas con las que se acudía a las funciones religiosas).

En Baltanás, donde disponían de ganado vacuno y un toril, había dos escuadras, la “compañía principal” y los “encapados”. La diferencia, amén de la indumentaria, estribaba en que la primera recaudaba más y la segunda menos, por lo que se le denominaba también “ánimas pobres”.

En Cevico de la Torre la cofradía tenía obligación de vestir a un pobre cada año con sombrero basto, capote y calzones de paño pardo y zapatos de piel de vaca. Esta obligación venía de que el patrón de la cofradía era San Martín de Tours, del que la leyenda cuanta que en el año 337, estando en Amiens, le dio la mitad de su capa a un pobre que estaba tiritando de frío, la otra mitad no podía dársela porque compartía la propiedad al 50 % con el ejército romano, y la noche siguiente de le apareció Cristo vestido con media capa.

La cofradía ceviqueña se financiaba entre otras formas alquilando una romana para pesar la uva de las vendimias. En carnaval disparaban con arcabuces y la noche de carnestolendas quemaban un carro de leña. Poseía un ataúd con angarillas para poder subir a los difuntos hasta la iglesia por los casi 100 escalones que le dan acceso.

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