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CRITICA DE CINE

Kong: La isla calavera. El rey no viaja a Nueva York

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Actualizado 27/03/2017 13:37:31
Jose Luis G. Antolín

Kong: Isla Calavera nos llega con grandes ambiciones y estilo de sobra. Si es o no es un éxito absoluto es un debate subjetivo que queda abierto

En el año 1933 aparecía en el cine americano un personaje no humano que se iba a convertir, con el paso del tiempo, en todo un mito de la cinematografía. Creado por el escritor, periodista y dramaturgo británico Edgar Wallace, que junto al que luego sería codirector del film, Merian C. Cooper, fueron capaces de crear un ser mitológico heredero de otros relatos de mundos desconocidos e ignotos.

Desgraciadamente, Wallace nunca pudo ver concluida su obra porque falleció unos meses antes de que aquel guión se convirtiera en la película que resultaría más reconocible de su trayectoria como escritor, sobre todo de novelas de intriga, de las cuales llegó a escribir alrededor de noventa títulos.

En 1976, el productor Dino de Laurentis, volvería a recuperar aquel argumento y, ya con medios técnicos más sofisticados, dio la ocasión para que el director John Gillermin nos volviera a llevar hasta la isla de la Calavera a reencontrarnos con el rey Kong.

En 2005, el realizador neozelandés, Peter Jackson, que acababa de convertirse en uno de los cineastas más acaparadores de Premios Oscar de todos los tiempos con su trilogía de El Señor de los Anillos, es el que volvía a recurrir al mito de origen prehístorico para hacer su propia visión de lo que pasaba en la Isla Calavera

Kong: Isla Calavera nos llega con grandes ambiciones y estilo de sobra. Si es o no es un éxito absoluto es un debate subjetivo que queda abierto pero, sea como sea, es una travesía endiablada. Se trata de una aventura irregular salvada por el espectáculo del enorme personaje del título y por los diversos animales con los que comparte su isla de origen.

El filme tiene una entidad propia, además de ser un entretenimiento de acción y humor. Lo más interesante no está en la fábula sino en el entretenimiento que produce cada secuencia de acción. Secuencias construidas por el director con una pericia sorprendente y donde todos los elementos necesarios están servidos en perfecta proporción haciendo que el tiempo pase volando, algo que raramente se puede decir de las películas de este tipo.

La tecnología moderna trae a un monstruo clásico de película a la vida con resultados satisfactorios, pero no se puede decir lo mismo de su tono irregular. Estamos pues ante una descabellada y audaz película, a partes iguales. Un producto de serie B que en más de una ocasión nos recuerda a otros títulos de helicópteros militares y su planteamiento de su uso, como puede ser Apocalypse Now, de Francis Ford Coppola.

Aunque cuenta con un excelente plantel de actores jóvenes y veteranos en su elenco, entre los que podemos destacar la labor de la actriz Brie Larson –que el año pasado conseguía el Oscar a la Mejor Actriz por su rol en La Habitación– éstos tienen que entenderse con unos diálogps que chirrían.Y sí, ya has visto todo esto antes, pero los emocionantes y estupendos efectos de la criatura hacen que este reboot de Kong ruja estruendosamente en la selva.

Y por cierto, esta vez el viejo Kong no tiene que viajar a Nueva York a aterrorizar la ciudad.

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