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SOBRAN MOTIVOS

Quedan motivos

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Actualizado 29/03/2017 11:45:00
Plataforma por los derechos de las Mujeres de Palencia

"Sería estupendo que el empoderamiento de las mujeres fuera también apoyado por las mismas mujeres. Nos quedan motivos para querernos, conocernos y seguir el camino juntas".

Teresa Payo Herrezuelo

Las mujeres somos la mitad de la población, desde que el mundo es mundo, y podemos afirmar bien alto y bien claro que nos quedan motivos para estar orgullosas de nuestra contribución a la vida.

A las mujeres, sin embargo, nos quedan motivos para seguir gritando lo hartas que estamos de que no se reconozcan nuestras aportaciones. En ninguno de los campos del saber, en ninguna parcela del conocimiento, ni de las ciencias sociales, ni de las ciencias físicas; ni en ninguna delas múltiples manifestaciones artísticas: música, pintura o literatura se reconoce la aportación que hemos venido haciendo las mujeres a lo largo de la historia. Toda la historia de la humanidad haciendo la comida y ahora los grandes cocineros son hombres. Y lo mismo pasa con la costura que era un campo femenino (modistas) que empezó a llamarse “alta costura” cuando los varones se hacen los dueños.

Al patriarcado se le están poniendo las cosas difíciles cuando las mujeres reivindicamos nuestros derechos, los que nos han robado. El primero de todos ellos, es el derecho a decir: “se acabó”. No queremos seguir el juego, tenemos motivos suficientes para no creer las monsergas sobre la maternidad, la heterosexualidad y la perpetuación del orden impuesto. Nuestras vidas nos pertenecen.

Entonces los hombres se inventan la maternidad subrogada (vientre de alquiler) que es otro de los motivos que nos quedan para seguir manifestando nuestra asqueada opinión. Ninguna mujer quiere voluntariamente dar un hijo engendrado a unos padres (varones muchas veces) sin más; las mujeres que lo hacen es por dinero, porque necesitan el dinero para vivir.

Las mujeres son prostituidas (y no prostitutas) por la alta demanda de los varones que quieren usar su cuerpo cómo mercancía. Este es otro de los motivos que nos quedan para seguir luchando con uñas y dientes y salvar a nuestras hermanas del androcentrismo capitalista y feroz que destruye nuestra identidad, las mujeres no somos un cuerpo fragmentado para saciar el apetito sexual de los varones.

Las mujeres somos la mayoría de las personas universitarias y la minoría en los puestos de poder en las empresas; y esto es otro de los motivos que nos quedan para volver la mirada a la humanidad y escupirle a la cara: no nos lo creemos, no son solo los méritos profesionales; lo que marca la línea es la desigualdad de género.

Las mujeres estamos fuera de los epicentros de decisión política. Nuevo motivo que nos queda para quejarnos de la injusticia. ¿Por qué nos quieren tan poco los hombres? ¿A qué tienen miedo? ¿Por qué no estamos en sus verdaderas listas electorales?

Nos quedan motivos para denunciar la debacle del mundo social: guerras, asesinatos, torturas, violaciones, tráfico de drogas, corrupción, tráfico de armas, trata de blancas, abusos sexuales, terrorismo en la calle y en la casa. Este es el entorno en el que desayunamos cada día. Las cárceles están llenas de hombres que pagan por sus desmanes, sí, pero esto no para. ¿Será que los gobernantes son hombres?

Motivos quedan para relatar la ignominia de los tiempos y también para la lucha abierta, sin cuartel. Sí, las mujeres tenemos que estar primero juntas y luego unidas. Decía Emilio Estébanez, sociólogo: “es inmoral ser mujer y no ser feminista”. Esta es la cuestión, el patriarcado nos divide, quiere a las mujeres aisladas, esparcidas, solas y cada una en su casa. Relegando a las mujeres al ámbito privado de los cuidados domésticos lo conseguía y lo sigue consiguiendo. Afortunadamente muchas mujeres acceden al mundo laboral y eso les permite ver la realidad desde otra perspectiva.

Durante nuestro pasado siglo XX se ha desarrollado una revolución pacífica y silenciosa que ha tenido poca resonancia mediática y, desde luego, escaso eco público. No ha sido reconocida, en absoluto, cómo un cambio social de enorme transcendencia, desarrollado por las mujeres del que, también, salen beneficiados los varones. Una revolución que empieza con el control de la natalidad (las mujeres pueden ejercer un control sobre su propio cuerpo y desligar maternidad y placer sexual) y culmina con el acceso al mundo laboral; situaciones que permiten a las mujeres su autodesarrollo y las empodera cómo personas y ciudadanas.

En el momento actual, siglo XXI; en el que sigue sin reconocerse, en toda su magnitud, este cambio; las mujeres seguimos clamando por nuestras libertades. A la cabeza está el derecho a una salud sexual y reproductiva digna, para que ningún poder público –tenga el color que tenga- se crea con derecho a decidir sobre el cuerpo de las mujeres. La interrupción voluntaria del embarazo es un derecho y no se debería mezclar con una cuestión moral. De la misma manera que a ninguna mujer se le obliga a abortar por ley, a ninguna mujer se le debería prohibir, tampoco por ley.

Los motivos que nos quedan a las mujeres para asociarnos y ser hermanas, sororas, son múltiples; sin embargo, se resumen en uno: la igualdad de género. Las mujeres deberíamos perder el miedo a decir el nombre de nuestro malestar: patriarcado. El sistema social que nos envuelve debe dejar de servirnos como coartada. Este sistema nos dicta cómo debemos amar (amor romántico que significa dar sin pedir nada a cambio), a quienes (heterosexualidad como regla), cuándo (antes de que se te pase el arroz y no puedas parir) y dónde (en el recinto confinado de la familia).

Las mujeres deberíamos reflexionar, agrupadas, como constituirnos en una corporación, apoyarnos unas a otras, establecer redes y confiar en nosotras mismas. Conocer a nuestras predecesoras que con sus valientes actitudes de rebeldía nos allanaron el camino y por ello ahora somos un tanto más libres. Sería estupendo que el empoderamiento de las mujeres fuera también apoyado por las mismas mujeres. Nos quedan motivos para querernos, conocernos y seguir el camino juntas.

Teresa Payo Herrezuelo es agente de igualdad de oportunidades y experta universitaria en violencia de género.
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