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MONTAñA PALENTINA

Un apasionado de la fotografía descubre un friso oculto en una iglesia románica palentina

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El friso descubierto |Jose María Menéndez Jambrina
Actualizado 03/04/2017 11:50:48
Redacción

El zamorano Jose María Menéndez halló este vestigio arqueológico en la parroquia superviviente del ya desaparecido pueblo de Quintanilla de la Berzosa

El zamorano José María Menéndez Jambrina, un apasionado de la imagen, se inscribió en septiembre del año pasado en el IV Taller de Fotografía del Patrimonio, convocado por la Fundación Santa María la Real de Aguilar de Campoo, y en una de las visitas programadas para retratar el románico, concretamente la de la iglesia de San Martín, salvada de la anegación del pueblo de Quintanilla de la Berzosa por la construcción del embalse aguilarense y declarada Bien de Interés Cultural (BIC), descubrió un friso oculto en una grieta que no estaba catalogado.

Todo parece indicar que el friso, que puede representar una Epifanía, es original del siglo XII y que fue reutilizado y reubicado en la reforma de la portada del siglo XV para, más tarde, quedar ocultado cuando se construyó un granero anexo a finales del siglo XVI o comienzos del XVII. Esta pieza ha visto de nuevo la luz debido a que el muro del granero ha ido cediendo y los materiales de la junta que lo unen con el del propio templo se han ido desmoronando, destapando muy tímidamente esta piedra labrada.

Menéndez Jambrina relata con detalle el momento en que halló esta obra arqueológica, que tuvo lugar el 16 de septiembre de 2016: “En una grieta formada entre dos muros vi algo que llamó mi atención. Me acerqué para poder observarlo con más detalle. Allí encontré una piedra tallada, extrañamente mimetizada e integrada en el muro de la iglesia, como si hubiera querido ocultarse entre aquellos muros. De inmediato disparo mi cámara para registrar aquella piedra labrada en medio de la grieta y que con el paso del tiempo ha perdido los materiales de relleno de la junta que une los dos muros dejando a la vista ante mis ojos la figura en relieve de un hombre barbado, coronado y con un cofre en su mano derecha”.

Además, reconoce la figura de un niño envuelto en paños en un segundo arco y, por el otro lado del muro, dentro del granero, descubre la talla de dos hombres más, también dentro de los arcos; “todo ello en buen estado de conservación y con gran detalle en la representación de las figuras, los rostros y su indumentaria”.

Jambrina compartió ese hallazgo con el experto que durante esa jornada instruyó a los participantes en el citado curso sobre distintas técnicas fotográficas, Antonio García Omedes, a quien le mostró las imágenes tomadas y, tras observarlas, le inquirió: “¿Todavía tienes dudas de que has hecho un descubrimiento arqueológico?”.

Oficialización del descubrimiento

Una vez concluido el curso de fotografía —según cuenta el zamorano—, y, ante la duda de saber si este friso era o no un descubrimiento arqueológico, comunicó esa posibilidad a la sección de Patrimonio del Servicio Territorial de Cultura de Palencia, departamento que a su vez lo puso en conocimiento del Obispado de Palencia, propietario de la iglesia. Entonces, José María Menéndez contactó con el delegado diocesano de Patrimonio, José Luis Calvo, con el que se reunió en varias ocasiones para consultar distintas publicaciones al objeto de comprobar si constaba o no ese friso en alguna de ellas. Ante la búsqueda infructuosa, ambos visitaron el templo en el mes de octubre de 2016 para ver “in situ” el friso y así oficializar su descubrimiento, que ha sido dado a conocer el pasado 16 de marzo por parte de la diócesis de Palencia.

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