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CRITICA DE CINE

La Bella y la Bestia

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Actualizado 17/04/2017 10:25:18
Redacción

...y la belleza sigue estando en el interior

En esta nueva revisión del clásico del cine de animación “La Bella y la Bestia”’ casan espectáculo visual y un lujoso diseño con una historia mejor que la original, lanzando un hechizo sobre los viejos fans y sobre los recién llegados. El realizador neoyorquino Bill Condon establece una mezcla de recreación e imaginación a ratos fascinante y a ratos extraña. Una película diseñada con cariño, y en muchos sentidos buena pero, antes que todo, una extasiada pieza de nostalgia renovada”.

La historia puede que sea vieja como el tiempo, pero vuelve con frescura, brío y estilo. Y el referente de la narración tenemos que buscarlo en la puesta en escena que en 1946 hizo Jean Cocteau del cuento romántico escrito por Jeanne-Marie Leprince de Beaumont en 1756 y que ya era una revisión literaria de otro relato de la escritora francesa Gabrielle-Suzanne Barbot de Villeneuve, en 1740.

La nueva reinvención feminista de ‘La bella y la bestia’ fortalece la perspectiva de millones de chicas jóvenes que llenarán los cines para verla. Emma Watson (Hermione Granier de la saga Harry Potter) resulta ser menos princesita Disney que la Bella del filme de animación de 1991. Se trata de una joven más próxima a los postulados del siglo XXI que a las sumisas heroínas de las narraciones Disney anteriores (léanse: Blancanieves; Cenicienta, La Bella Durmiente, La Sirenita, etc.). Esta Bella es nada sumisa, más valiente, menos candorosa y hasta más reivindicativa.

Es una clase magistral de habilidades con la pastelería, que transforma el equivalente cinematográfico de un subidón de azúcar en una especie de droga narcótica cuyo colocón dura unas dos horas. Exactamente 38 minutos más que la versión animada que tampoco aportan nada nuevo que cambie el contenido de la anterior. Eso sí, profundiza en algunas de las secuencias y en la presentación de los personajes, por lo que tampoco se causa agresión alguna a la de animación. Así, su clasicismo se siente no forzado y fresco.

Su romance no tiene doble sentido ni se disfraza. Se ve bien, fluye con gracia y deja un gusto limpio y vigorizante. Casi no reconocí el sabor: creo que su nombre es ‘alegría”. Una innovadora delicia, elaborada alrededor de una interpretación impresionante de Emma Watson

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