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POR CAUCES Y LADERAS

Otra nueva temporada

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FOTO Tello Antolín
Actualizado 19/04/2017 13:16:36
Por cauces y laderas

Cada nueva temporada de pesca de truchas, es como otro canto más a la llegada de la primavera

Cada nueva temporada de pesca de truchas, es como otro canto más a la llegada de la primavera. Un canto al buen tiempo y a ese nuevo paisaje que brota húmedo y verde en las riberas, hacia el que se escapa ese hombre de la caña, las botas y el chaleco colmado de ninfas y moscas, dispuesto a un día de pesca, en cierta sabrosa soledad consigo mismo y, a la vez, un activo diálogo entre él y ese pez que se le escurre y que atrapa. Hay que reconocer que cada nueva temporada supone caer en la cuenta de un hecho que ya es muy evidente; aquellos gozos virginales que uno podía encontrar en la pesca de la trucha, cada vez se hacen ya menos posibles.

El todoterreno, los caminos y las pistas forestales, han acabado con aquellos rincones inéditos de ríos a los que no había llegado nadie, a los que un día llegaba uno y se encontraba en las truchas la frecuencia, la inocencia y la rusticidad de un mundo aún no usado. La manipulación de los ríos, con los canales de cemento que necesitan llevarse el agua y con grandes embalses de retención y almacenaje, le han quitado bravura al río, y naturalidad a sus aguas. Luego, el cielo se niega y dice que no, faltaron las lluvias y la gruesa capa de nieve en las montañas que posteriormente deshiela poco a poco, y los cauces de nuestros ríos van recogiendo vida y color.

Al fin, la afición a las truchas debe de ser una motivación muy apta para cualquier pescador, puesto que el número de licencias aumenta cada año y siendo ya más las truchas que se liberan que las que entran en la cesta. Lo cierto es que no hace falta meter ninguna a la cesta para regresar muy satisfecho de una jornada en el río, del encuentro con la naturaleza y el paisaje, con ese murmullo particular que para el pescador tiene el discurrir del agua y, desde luego, con el encuentro con otros pescadores que hablan con idéntica ilusión de las mismas cosas.

Es uno de esos paréntesis “vocación de humanidad” —diría Ortega y Gasset—, que supone verdaderos descansos para nuestra habitual vida de asfalto y civilización y que está puesto ahí, en los placeres del ser humano, como puede estar puesta la afición a la caza, al senderismo, a la nieve o, por qué no, a la escapada contemplativa que siempre cabe a cualquier hombre.

Claro es que para nosotros, esta pesca tiene un no se qué que nos cautiva, que parece nos satisface más o, al menos, de otra manera. Pues existe sin duda el experto, el pescador exclusivo de truchas, el pescador que se queda en la trucha bien porque ha sido lo suyo de siempre, bien porque ha llegado a ella y, en cuanto a los paisajes, las aguas, las modalidades de captura y el encanto y la belleza de ese pez, llena plenamente el mayor placer del pescador.

Lo que es cierto es que la pesca de la trucha con todo tipo de señuelos, además de un deporte, es un instinto primitivo y ancestral, tal vez un atavismo heredado. Pero debemos admitir, sin embargo, que a excepción de los pescadores profesionales, el hombre no pesca para alimentarse. Realmente el verdadero placer del pescador deportivo es engañar al pez, hacerle morder el anzuelo, para después dominarlo y capturarlo.

La muerte del pez, es la gran mayoría de las veces innecesaria y se mata de forma inconsciente, pensando que el recurso de nuestros ríos es inagotable y sin darnos cuenta de que la trucha es un animal como cualquier otro. Yo no tengo nada en contra del pescador que mata su cupo de truchas; yo lo hago con las más grandes, con capturas de calidad, por supuesto, y admito el hecho de que en ocasiones nos guste comer unas truchas pescadas por uno mismo: En fin; el tiempo de cambio ha llegado y este cambio sólo podemos realizarlo conscientemente los pescadores comportándonos como tales, no como predadores.

Hay que pensar que cuando comienza una nueva temporada, cada trucha que devolvemos al agua podrá proporcionar a cualquiera la simple y grata emoción de una nueva captura. Lee Waltts escribió, que una trucha es un animal demasiado valioso como para ser pescado una sola vez.

¡Suerte!

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