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CRITICA DE CINE

Un golpe con estilo

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Actualizado 19/04/2017 12:53:15
Jose Luis G. Antolín

Los yayo-flautas irreductibles

No es ésta la vez primera que el prestigio de un reparto cinematográfico es el principal aliciente que tiene una determinada película para hacer que llene una sala de cine. El encanto natural y saber estar de Michael Caine, Morgan Freeman, Alan Arkin y especialmente Ann-Margret, mantienen las cosas agradables de sus veteranas y respectivas presencias, aunque esto, claro está, no es suficiente para salvar la mezcla no atinada del todo de brochazos cómicos y comentarios superficiales.

Esta comedia nos lleva a conocer a tres jubilados, amigos de toda la vida que deciden rechazar la jubilación y desviarse del buen camino por primera vez en sus vidas, cuando sus fondos de pensiones se convierten en humo como consecuencia de una crisis empresarial. Desesperados por no poder pagar sus facturas y seguir adelante con sus seres queridos, lo arriesgan todo al embarcarse en la temeraria tarea de atracar el mismísimo banco que se quedó con su dinero del plan de pensiones.

Siempre viene bien una comedia agradable, libre de impuestos, y eso es lo que precisamente da la traviesa película Un golpe con estilo. Que por otra parte se aproxima mucho a la realidad de los que se produjo con la crisis económica en casi todo el mundo económico accidental y especialmente en Estados Unidos, donde muchos veteranos se encontraron de la noche a la mañana que todo el dinero que habían entregado para su jubilación se había evaporado por la gestión especulativa de bancos y agencias de inversión.

El caso es que Un golpe con estilo pretende únicamente colocarnos una sonrisa y, en ese sentido, lo consigue. Hay otras películas más profundas, con mayor complejidad moral, pero esto es simplemente un abrazo del abuelo.

Al actor, guionista, productor y, en los últimos tiempos, realizador de New Jersey, Zach Braff, que cuenta con trabajos anteriores como director Ojala estuvieras aquí (2014) y Algo en común, (2004, donde además de director era guionista y protagonista junto a Natalie Portman) de apenas 42 años recién cumplidos, se le ha encomendado la dirección de tan ilustres y veteranos protagonistas, induce a pensar que Caine, Freeman y Arkin, que también son directores además de actores, han hecho de su capa un sayo y sus papeles los han desarrollado como mejor han entendido. Lo que no es bueno del todo para el mejor desarrollo del la cinta.

Cuando estás disfrutando de la película, tienes la impresión de que es como esa comida que se sirve en un centro de ancianos, dulce, almidonada, con poca gracia y nada satisfactoria, además de lo nostálgico de ver a estas viejas estrellas en la pantalla de nuevo, y a las que la delicadeza les deja el suficiente espacio como para dejar un buen sabor.

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