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SALUD

El colesterol

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Actualizado 23/05/2017 10:25:19
Jose Ramón Garmendia Leiza

Un factor de riesgo cardiovascular

Siguiendo con los temas expuestos en los últimos dos números de CARRIÓN, esta vez nos toca hablar del colesterol como factor de riesgo cardiovascular.

Y es que el colesterol es un ácido graso esencial para muchas de las funciones estructurales que tienen los órganos del cuerpo. No hay neuronas ni nervios periféricos sin colesterol, pero fundamentalmente, no hay células sin colesterol. El colesterol constituye el elemento estructural básico de la mayoría de las membranas de las células de nuestro cuerpo, dotándoles de una estabilidad a cambios de temperatura y condiciones externas, sin la cual no serían viables. Además, facilita la transmisión de impulsos neuronales e interviene en la función de limpieza que los macrófagos desarrollan a nivel celular.

Además, el colesterol es imprescindible para la formación de otras muchas sustancias: Ácidos biliares (necesarios para la digestión intestinal de las grasas), Hormonas sexuales (estrógenos, progesterona y andrógenos), Cortisol y Aldosterona (esenciales en el equilibrio de los electrolitos en nuestro organismo) y Vitamina D (transformada fundamentalmente a nivel cutáneo por acción del sol). Como vemos, muchas y variadas funciones que hacen del denostado Colesterol una sustancia fundamental para el desarrollo de la vida humana y animal. Y si eso es así, ¿por qué la mala fama del colesterol? Como todo en esta vida, por sus excesos.

Cifras de control

El colesterol presenta una distribución en la población con cifras alrededor de los 200 mg/dl. Cuanto mayor sea la cifra de colesterol total, mayor es el riesgo de sufrir un accidente cardio o cerebrovascular. De ahí que se recomiende el control de estas cifras y su vigilancia periódica.

Se recomienda realizar al menos una determinación analítica de colesterol en edad joven adulta y cada 4 años a partir de los 40 años. Se considera hipercolesterolemia a cifras de colesterol total superiores a 200 mg/dl. Pero el colesterol como tal no es una enfermedad, sino que constituye un factor de riesgo cardiovascular. Es decir, uno no está enfermo porque tenga el colesterol elevado, sino que tiene “más boletos” de sufrir una enfermedad cardiovascular (Ictus, angina de pecho, infarto de miocardio o enfermedad arterial periférica fundamentalmente). Pero de poco sirve obsesionarse con el colesterol, si no abordamos conjuntamente el resto de los factores de riesgo cardiovascular, entre los que destacan fundamentalmente como evitables el tabaco, y como controlables la hipertensión y la diabetes. Sería de necios y torpes insistir en controlarse el colesterol obsesivamente y continuar fumando como si nada.

Dentro de los distintos tipos de colesterol, encontramos entre otros, el HDL-Colesterol o “bueno”, cuya acción suele ser generalmente beneficiosa sobre los vasos arteriales. Entre las mujeres, las cifras siempre son algo más elevadas que entre los varones (las ventajas de los estrógenos). Se recomienda que estas cifras estén por encima de los 50 mg/dl en las mujeres y por encima de los 45 mg/dl en hombres.

El colesterol verdaderamente “malo” es el LDL-Colesterol. Actualmente, se considera que cuanto más bajo sea el LDL-colesterol, mejor para el organismo. En población general, las cifras deben estar por debajo de 130 mg/dl., pero este objetivo se intensifica en aquellas personas con riesgo cardiovascular elevado o en las que son diabéticas o han padecido ya un evento cardiovascular. En todo caso, cuanto menor sea esta cantidad, mejor.

Cómo subir el colesterol bueno y bajar el malo

Existen muchos “mitos urbanos” sobre cómo intervienen los alimentos en los niveles de colesterol pero está demostrado que la ingesta de acidos grasos saturados eleva los valores de colesterol “malo”. Para mejorar el equilibrio entre los distintos componentes del colesterol, se recomienda la ingesta de aceite de oliva virgen, de 3-4 nueces diarias y la toma de aguacate esporádica (ya que contiene una elevada carga calórica).

Por otro lado, la ingesta de una copa de vino tino en la comida (lo que retrasa la absorción del etanol y disminuye el nivel de alcoholemia alcanzado), favorece la elevación de las cifras de HDL-colesterol (el bueno), en relación con la presencia de polifenoles en el vino tino, que poseen un marcado efecto antioxidante.

Por último, también está demostrado que la realización de ejercicio aeróbico de manera regular (caminar 30-45 minutos a diario), favorecen la disminución del LDL-colesterol y la elevación del HDL-colesterol, con efecto directo sobre la disminución de riesgo y mortalidad cardiovascular.

En resumen, nada nuevo. Como en casi todos los aspectos de la medicina, la moderación será una vez más nuestra gran aliada en el afán de lograr una óptima calidad de vida y una cantidad de vida prolongada. Es necesario conocer nuestras cifras de colesterol y ocuparse de ellas pero no tiene ningún sentido estar “preocupados” continuamente por nuestro colesterol.

Hay una máxima en medicina que dice que si no se realizan cambios en nuestro estilo de vida, las cifras analíticas no se modifican y en eso el colesterol, es uno de los ejemplos más claros.

José Ramón Garmendia Leiza es vocal provincial de la SocalemFYC (Sociedad Castellana y Leonesa de Medicina de Familia y Comunitaria)

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