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OPINIóN

Día mundial del comercio justo

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Actualizado 26/05/2017 11:41:37
Jesús Diez Sánchez

Desde sus inicios, la finalidad del Comercio Justo ha sido lograr el desarrollo de las comunidades empobrecidas a través de prácticas comerciales justas

Probablemente a nadie le cojan por sorpresa las informaciones que nos dicen que los bienes de consumo viajan desde cualquier punto de la tierra hacia ese 20% de la población mundial que tenemos capacidad adquisitiva. De ello se encargan y de ello obtienen sus grandes beneficios las multinacionales. Seguramente tampoco nos resulten extrañas las investigaciones que nos dicen que detrás de una camiseta de algodón, o de un pantalón vaquero lavado, o de un ramo de rosas, o de un móvil, o de unos langostinos, por poner solo unos ejemplos, es muy probable que haya salarios muy bajos, condiciones laborales malas o repercusiones negativas en el medio ambiente. Son muchas los grupos e instituciones competentes que lo analizan y lo difunden.

Por eso hoy es importante traer a estas páginas la actividad del denominado Comercio Justo. Cuando este número del CARRIÓN esté llegando a sus lectores, miles de personas de un centenar localidades españolas, unidas a otras muchas de más de 50 países de distintos continentes, habrán celebrado el pasado 14 de mayo, con el lema “Soy Comercio Justo, ¿y tú?”, el Día Mundial del Comercio Justo.

Más de cincuenta años han pasado desde que el Comercio Justo empezó a abrirse paso en 1964 en el ámbito internacional. Desde el comienzo y a lo largo del tiempo su reivindicación siempre ha sido clara: “Comercio, no ayuda (Trade, not aid)”. En otras palabras: amplios sectores de la población de países del Sur estarían menos empobrecidos y más desarrollados si las actividades comerciales con sus productos fueran más justas, si se pagara lo que hay que pagar por sus materias primas, o por su mano de obra, o por los daños acarreados a su medio ambiente.

Habrá que plantearse de qué sirven las ayudas de los países ricos a esas poblaciones si luego se les quita, a través de un modelo y unas prácticas de comercio injustas más de lo que se les ha dado, o en qué medida no se les está dando como solidaridad lo que les corresponde en justicia.

En España las dos primeras tiendas se abrieron en San Sebastián y Córdoba hace treinta años. A día de hoy 140 tiendas y puntos de venta especializados ofrecen sus productos. También participan algunos establecimientos minoristas y algunas grandes superficies y cadenas de hostelería. La gestión la lleva la Coordinadora Estatal de Comercio Justo.

Según sus datos, las ventas en nuestro país poco a poco se van incrementando. En 2014 llegaron a 33,2 millones de euros, un 8% más que el año anterior. No obstante este crecimiento, somos de los europeos que menos compramos en el Comercio Justo. Por detrás solo están la República Checa, Letonia, Eslovaquia y Lituania. Nuestro gasto medio por habitante y año en estos productos es de 75 céntimos, mientras que la media europea alcanza los 12,4 euros. Los países donde el Comercio Justo está más presente son Suiza (48 euros anuales por persona), Reino Unido (33), Suecia (32) y Finlandia (30).

Desde sus inicios, y fiel a lema “Comercio, no ayuda”, la finalidad del Comercio Justo ha sido lograr el desarrollo de las comunidades empobrecidas a través de prácticas comerciales justas, basadas en criterios consensuados internacionalmente y respetuosos con los derechos humanos. Prácticas alternativas que se caracterizan, entre otras cosas, por el establecimiento de unos salarios dignos y unas condiciones laborales adecuadas; por la protección de la salud de las y los trabajadores y por la protección de los derechos de los niños y la ausencia de cualquier forma de explotación infantil; por la equidad entre hombres y mujeres con especial atención a la autonomía y la mejora de la condición social de éstas; o por la gestión democrática de la producción y por la protección del medio ambiente.

Un pequeño ejemplo concreta alguno de los aspectos anteriores. En 2014 del precio total de un polo de una marca convencional,Inditex, (22,95 euros), se destinaba a pagar la mano de obra (0,14 euros). En esa misma campaña, del precio total del un polo de una marca de Comercio Justo (24,90 euros), la mano de obra percibía 1,96 euros. Claramente el precio del primero es más competitivo y nos resulta más barato. Así Inditex vende mucho más y a nosotros nos cuesta menos, pero alguien sale perjudicado, en este caso las personas que han aportado la mano de obra.

En éstos y otros muchos planteamientos y prácticas se mueve el Comercio Justo. La celebración de su día puede ser una magnífica oportunidad para informarnos más, profundizar en sus pretensiones y prácticas, participar en sus actividades o adquirir sus productos. No faltan en Internet páginas de fiar que nos lo faciliten, por ejemplo www.comerciojusto.org, www.proyde.org, www.setem.org, www.ropalimpia.org, o www.oxfamintermon.org.

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