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CERRATO INSOLITO

Ora et labora (II)

San_Isidro_de_Dueyas_La_Trapa_2
Actualizado 29/05/2017 13:35:34
Fernando Pastor

"En 1892, ayudados tan solo de un rodillo, comenzaron a fabricar chocolate. Así nació el chocolate “La Trapa”, cuya calidad le daría fama obteniendo medallas de oro en Exposiciones Universales"

Como decíamos en la anterior entrega, los monjes de la Trapa viven en soledad, pero pueden recibir visitas de familiares, aunque “no sería bueno que vinieran todas las semanas, apostilla fray Tomás”.

Disponen de una televisión pero no la ven, para que no perturbe la vida de oración. Solamente la encienden para ver acontecimientos especiales, como la vista del Papa o lo relativo a Fray Rafael Arnaiz, monje que vivió en el monasterio y falleció de diabetes en 1938, con tan solo 27 años, siendo beatificado en 1992 y canonizado en 2009. De prensa escrita, reciben el ABC y el Diario Palentino, pero tampoco hacen una lectura propiamente dicha: el padre Abad o el Prior seleccionan los titulares que consideran más importantes y los leen en el refectorio, sin que el periódico pase a manos de los monjes para no interferir la Lectio Divina. “La televisión y la prensa nos metería en el mundo, y entonces de nada serviría estar en un monasterio”.

En virtud del derecho canónico anterior, de 1917, las mujeres no podían acceder al monasterio, ni siquiera podían pernoctar en la hospedería (tenían una hospedería propia para las mujeres, fuera del recinto del monasterio). Pero eso ha ido cambiando y actualmente se las permite entrar en la hospedería general y pasar por el claustro para ir a la iglesia, y también pueden entrar en la biblioteca. Solo tienen vedado entrar en la zona en la que viven los monjes.

Hace años los monjes fallecidos eran enterrados sin ataúd. Envolvían el cuerpo en la cogulla o colobio (túnica con capucha utilizada en la liturgia católica y que forma parte del hábito monástico de algunas órdenes religiosas), cubriéndoles la cara con la capucha y con papeles. Ahora ya sí usan ataúd, y los entierran en nichos en un cementerio ubicado dentro del monasterio.

La actividad de los monjes distinta a la religiosa se basa principalmente en la agricultura y ganadería, pero también atender la secretaría, la biblioteca, la sastrería, hacer la comida y gestionar la hospedería que tienen para ofrecer a la gente la posibilidad de hacer retiro y oración (no admiten a nadie que vaya por puro turismo).

Para su subsistencia, los monjes se dedicaron a la agricultura y la ganadería, cuyos productos una parte venden y otra la utilizan para ellos y para el ganado.

En 1892, ayudados tan solo de un rodillo, comenzaron a fabricar chocolate. Después implantaron maquinaria y contrataron mano de obra externa, para aumentar la producción. Así nació el chocolate “La Trapa”, cuya calidad le daría fama obteniendo medallas de oro en Exposiciones Universales. Este progreso propició que “muriera de éxito”: el taller artesanal no daba abasto para cubrir la creciente demanda y ante el desafío de acometer una gran inversión en innovación tecnológica y comercial en 1969 optaron por vender el negocio, con el reclamo de la marca, y sacando la maquinaria del monasterio para instalarlas al otro lado de la carretera.

Y así es como los monjes comenzaron a vender la leche que ya no utilizaban para hacer chocolate, primero fresca, en bolsa, y luego pasteurizada y en tetrabrik. Ya en el siglo XXI añadieron productos como queso fresco o yogures. Su producción está dentro de la garantía “Tierra de Sabor”.

El chocolate Trapa ha pasado por manos de varias empresas. La más llamativa RUMASA, del holding del conocido empresario-showman José María Ruiz Mateos, que la adquirió cuando estaba en suspensión de pagos y por ello acudió hasta Dueñas, para hacerse cargo de ella, en una ambulancia con la inscripción “UVI de empresas”.

Pese al constante cambio de manos, el chocolate Trapa sigue elaborándose, e incluso en una caseta a la entrada de la fábrica se vende chocolate y bombones. Con la receta de los monjes, naturalmente.

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