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REFLEXIONES DE UNA RURALISTA

La gestión de los conflictos

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Actualizado 09/06/2017 12:38:05
Ana Bartolomé Sualdea

"Hay quien tiene una energía que se activa o crece en los enfrentamientos y, por el contrario, quien trata de evitarlos a toda costa"

Cada persona es un mundo y también en este tema de los conflictos. Hay quien tiene una energía que se activa o crece en los enfrentamientos y, por el contrario, quien trata de evitarlos “a toda costa” por el desgaste emocional que le supone.

En general, la percepción que se tiene de los conflictos varía desde considerarlo como un horror y, por tanto, aplicar la máxima de que dos no discuten si uno no quiere, a considerarlos parte inherente de la vida y concebir ésta como una lucha permanente.

Dentro de estas dos visiones tan polarizadas, hace tiempo que ha emergido una corriente nueva, que habla de aceptar y vivir las disputas interpersonales y grupales como algo positivo, como una oportunidad, en el sentido de que puede permitir, en esa pugna de cada parte por sus intereses y valores, construir una nueva visión común, más realista que tenga en cuenta las necesidades de cada miembro.

En toda discusión siempre hay un componente emocional, porque si no, hablaríamos de meras diferencias de intereses y posiciones. Es importante, por tanto, acercarse a ella siendo conscientes al menos de la “leña” que cada uno aporta, es decir, de aquello que está en la base de lo que le puede hacer arder o combustionar y que va más allá de la situación concreta que se vive.

Los desacuerdos tienen distintas fases. Comienzan en un estado de latencia, expresándose por pequeñas señales de incomodidad, incidentes o malentendidos, para llegar a la fase de polarización, crisis o enfrentamiento. En una evolución positiva, cada postura debería ser capaz de moverse algo hacia el otro lado, de “sentir” la energía positiva que hay en el otro lado e incluso ser capaz de desapegarse del mismo en pos del interés general.

En este sentido, es bueno para la vida de las organizaciones y los grupos detectarlos en fases tempranas para poder actuar con prontitud e incluso tener un protocolo de actuación para estos casos. Y no olvidar que el reconocimiento de la labor de los integrantes sirve como prevención de conflictos futuros.

En una adecuada gestión de un conflicto debe buscarse una atmósfera propicia para clarificar las percepciones, malentendidos y divergencias y distinguir entre posiciones, intereses y necesidades, tanto individuales como compartidas. A partir de aquí, tratar de construir un poder positivo compartido que incluya trabajar con algo que socialmente no lo tenemos muy integrado que son las emociones, e identificar un futuro compartido, estableciendo acuerdos de cooperación.

Por último, no debe olvidarse que en un proceso de gestión de conflictos puede aparecer que no existe un futuro compartido sino que las visiones difieren mucho unas de otras. En este caso, puede ser que la resolución pase por una separación o escisión del grupo. Aún en estos casos, si el proceso se hace de forma respetuosa, el coste de la separación será menor que dejar que las discrepancias queden enquistadas o no resueltas.

Ya que los conflictos forman parte de la esencia social del ser humano, al menos emprender el camino de aprender a gestionarlos de forma adecuada nos puede permitir transformar parte de su energía negativa en positiva.

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