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CULTURA

"No creo en la foto perfecta"

Jose_Manuel_Navia
El fotógrafo José Manuel Navia en uno de los parajes de Villatoba (Toledo)|FOTO Matías Nieto
Actualizado 21/06/2017 12:10:40
Jose Rojo

El reconocido fotógrafo José Manuel Navia impartirá un taller el 24 de junio dentro de la programación de Pallantia Photo

Licenciado en Filosofía, en la especialidad de Antropología, comenzó a trabajar como fotógrafo a los 17 años y su dilatada y aplaudida trayectoria en este campo le ha granjeado distintos premios: Fotopress 1987; Society of Newspaper Design (USA) como fotógrafo y editor en 1994, 1995 y 1997; y Godó de Fotoperiodismo 1999, entre otros.

José Manuel Navia (Madrid, 1957), residente en la capital española aunque pasa largas temporadas en Villatobas (Toledo), impartirá el 24 de junio un taller en el marco del gran evento dedicado a la imagen en la provincia palentina: Pallantia Photo. Entusiasta del paisaje de las llanuras y fascinado por la geografía palentina, Navia basa su particular lenguaje visual en el color y en el uso de la luz natural.

Pregunta. ‘La fotografía no es un atajo’ es el título del taller que impartirá en Palencia en el marco de Pallantia Photo. ¿Qué intentará transmitir a los participantes?

Respuesta. El título, que ya he utilizado en otras ocasiones, es una frase de uno de los grandes fotógrafos que marcó mucho, Paul Strand, que dijo que la fotografía no era un atajo para llegar a la pintura ni para llegar a ser artista ni para cualquier otra cosa. En el fondo venía a decir que la fotografía tiene esa aparente facilidad que la hace tan fascinante, pero que en esa facilidad también reside sus mayores peligros. La fotografía es igual de compleja que otros medios de expresión.

En primer lugar, expondré la historia de la fotografía a través de grandes autores y, también, la evolución de mi propio trabajo. Intentaré mostrar la riqueza de este medio de expresión y su complejidad.

Incluso, haremos ejercicios prácticos de edición con fotografías mías, tanto las seleccionadas para alguno de mis trabajos como el material descartado.

P. Resulta curioso que en la era digital se sirva de los cuadernos de notas para catalogar sus fotos.

R. Hace ya tiempo que trabajo con tecnología digital, pero sigo siendo un maniático del papel. Cuando voy a sacar fotos, cojo mi libreta para tomar notas de los momentos previos y posteriores, apuntar teléfonos, comentarios, sensaciones, anécdotas,…; si utilizara una tablet o un ordenador, esos datos perderían frescura.

Todas mis fotos están archivadas en el ordenador y esos cuadernos también están perfectamente clasificados. Cuando reviso una fotografía, recurro a su correspondiente cuaderno, que, por descontado, es mucho más rico y me aporta más que los mejores metadatos.

Intento compatibilizar lo nuevo con lo mejor de lo antiguo; no renuncio a ninguna de las dos cosas.

P. Usted no es amigo del flash.

R. Desde hace ya muchos años no lo utilizo. No es por rechazo, sino porque cada uno tiene que hacer la fotografía como la siente. Una de las fotógrafas que más me ha interesado y una de las personas con las que mejor he entendido el mundo de la fotografía, Diane Arbus, ha utilizado el flash en más del 50% de su obra y me encanta. Ella encontró ahí el lenguaje que buscaba.

En mi caso, soy un obseso de la luz natural; me fascina. Intento buscar la luz que mejor describe el momento. Para mí cada momento tiene una luz; encontrar esa luz es lo más complicado y lo más fundamental de mi trabajo, y el flash sería una interrupción.

P. ¿Qué le inspira la vida de los pueblos castellanos, una de las temáticas a las que ha recurrido en su obra?

R. Me fascina el mundo de las llanuras. Yo, como antropólogo, he tenido la suerte de trabajar con Julio Caro Baroja y él siempre daba mucha importancia a la distinción entre los hombres de las llanuras, de las mesetas, y los hombres de las montañas. Los hombres de las llanuras tienden al nomadismo y los de las montañas, al sedentarismo.

Me motivan mucho los paisajes abiertos para trabajar, donde la vista se pierde en el horizonte, porque aparentemente no tienen nada pero cada elemento cobra un valor brutal. Esa sobriedad visual que tiene Castilla me motiva profesionalmente; al no haber obstáculos, la luz se manifiesta en toda su pureza y eso para mí es muy hermoso.

P. ¿Conoce Palencia?

R. Sí, sí. Hace unas semanas estuve con unos de nuestros mejores amigos en Lores, un pueblecito de La Pernía; precisamente allí realicé unos de mis primeros reportajes sobre la matanza del cerdo.

También he hecho un reportaje para ‘El País’ sobre la última novela de Julio Llamazares, ‘Distintas formas de mirar el agua’, donde una de las partes discurre en León y otra en Cascón de la Nava.

Siempre que tengo ocasión me escapo a Castilla.

P. “Todo el mundo hace fotos, pero hay muy pocos fotógrafos”, asegura. ¿Qué distingue básicamente a un profesional de un aficionado?

R. Discernir entre profesional y aficionado es muy complicado porque hay profesionales que se toman la fotografía con poco interés y hay aficionados que se la toman con el mismo o mayor interés que muchos profesionales.

Como decía Strand, un profesional nunca debe dejar de sentirse además aficionado o amateur, una palabra que me encanta; de lo contrario, pierde su ilusión por el trabajo y cultivaría un mero oficio, no una forma de vida.

Lo que distinguiría a un fotógrafo, profesional o amateur, de una de esas personas que toman millones fotografías con cámaras o móviles es la intención, la dedicación y la importancia que uno da a ese trabajo.

P. ¿Qué debe reunir la foto perfecta?

R. Ésa no es una pregunta, es una trampa (risas). No creo en la foto perfecta. A mí me interesan las imágenes sencillas o austeras, no las piruetas visuales.

Yo creo que una de las cualidades que debe reunir una buena fotografía es la intensidad de la mirada que se transmite de alguna manera al que la ve y, por otro lado, la capacidad de encerrar algo de la historia del momento en que fue tomada, es decir, que nos diga algo del mundo y, al mismo tiempo, nos interrogue sobre nosotros mismos.

Las buenas imágenes son de apariencia muy simple, pero en ellas el público en general puede proyectarse; son aquellas que terminamos los espectadores al mirarlas.

P. ¿Blanco y negro o color?

R. Yo siempre color; para mí es una apuesta vital. Me encanta el blanco y negro, pero generacionalmente a algunos ya nos tocaba el color; para mí el color siempre ha sido un reto, el reto de pasar a color esa fotografía en blanco y negro que a mí me encantaba. Me es muy difícil mezclar ambos lenguajes. Me ocurrió lo mismo cuando me pasé al digital, desde entonces no he vuelto a cargar una película en la cámara.

Al final las energías son limitadas y prefiero concentrarlas en una dirección y no dispersarme.

P. ¿La soledad es inherente a su profesión ?

R. Tal y como yo lo entiendo, sí. Yo necesito practicar la fotografía en soledad. La fotografía es un silencio que nos interroga. Y, desde el punto de vista de la realización, yo necesito ir solo porque así me relaciono con una mayor intensidad con lo que me rodea. Otra cosa es que te relaciones con gentes del lugar donde estás.

P. ¿Aplaude que una provincia como Palencia celebre durante un mes un festival dedicado a la imagen?

R. Por supuesto. Aplaudo especialmente a los colectivos que no cuentan con muchos recursos y sacan adelante proyectos a golpe de trabajo e ilusión. Pallantia Photo es hablar de fotografía y colocarla en el plano que se merece, no como un artificio técnico, sino como algo que implica un ejercicio de reflexión. Este tipo de eventos valoran la fotografía y hacen que el público también la valore. Y para nosotros es un regalo porque se habla de lo que más nos gusta.

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