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LAPUNTADELDICHOSO

El sueño de Carlota

ballena
Actualizado 23/06/2017 11:40:21
Máximo Hermano

"La vida es sueño, hazlo realidad" Teresa de Calcuta

Cuenta la leyenda que, hace muchos años, en un lugar muy lejano, vivió una pequeña y soñadora ballena. Desde que nació, Carlota siempre había albergado la ilusión de ser una gran ballena cantora.

En el océano que ella habitaba, todas las ballenas acudían a la prueba de canto exactamente el mismo día en que cumplían los cuatro años. Era un acontecimiento clave en la vida, pues, en ese momento, se decidía su labor dentro de la manada para siempre.

Esa mañana, la mar amaneció limpia y serena. Carlota casi no había pegado ojo en toda la noche, presa de los nervios. Al despertar, sus padres estaban en la habitación. Le habían comprado por su cumpleaños un precioso libro con las mejores canciones de los remotos Mares del Sur, donde, según una fábula ancestral, vivían las ballenas cantoras más famosas de todos los tiempos.

Papá, como todos los días, le había preparado el desayuno, aunque casi no pudo probar bocado. Mamá no había salido a pescar. Irían los tres juntos al evento, como mandaba la tradición. Por fin había llegado la ocasión que tanto había esperado; llevaba ensayando desde que su abuela le había regalado un diapasón en su primer cumpleaños. Estaba excitada, su enorme corazón latía a mil por hora y amenazaba con salirse de su pecho.

Llegó su turno. Se hizo el silencio. Su familia y sus compañeras estaban expectantes. La profesora la invitó a comenzar.Carlota cerró los ojos para concentrarse, tomó aliento, abrió la boca y…

¡¡¡Se escuchó majestuosa y brillante!!!

Cuando abrió los ojos, no entendió la expresión en los rostros de los presentes. Mamá estaba sollozando y papá parecía desilusionado. ¿Acaso no les había gustado?

Su mundo se derrumbó cuando vio el sello que la profesora estampó en su cartilla: “limpiadora de los fondos”. No entendía nada, no daba crédito a lo que sucedía. Ella había estado magnífica. No era justo. Regresaron en completo silencio, nadando por los alrededores para evitar ser vistos. El destino que le habían asignado era una vergüenza para toda la familia.

Cuando llegaron a casa, mamá le explicó que no había cantado nada; de su boca no había salido una sola nota. Había expulsado un chorro de agua sensacional, pero sin sonido alguno. Trataba de consolarla diciéndole que no tenía que estar triste; a fin de cuentas, trabajar en los fondos era algo seguro y para toda la vida. Sin embargo, ella percibía el desencanto en sus palabras; además, el triste silencio de su padre era una losa sobre su conciencia.

Carlota se encerró en su cuarto y se dejó caer sobre su cama. Se sentía desolada. Su vista se deslizó hasta el libro de canciones. Lo abrió al azar, ojeándolo sin orden, leyendo entre líneas algunas de las estrofas que se iban presentando ante sus ojos:

—…los sueños son el alimento del alma…

—…el futuro pertenece a los que creen en la belleza de sus sueños…

—…nunca desistas de tus sueños, sigue las señales…

“Sigue las señales”, “sigue las señales”. Esa frase fue como si abriera una puerta en lo más profundo del santuario de su alma. Se levantó de la cama impulsada por un resorte invisible, guardó su amado diapasón y el libro de canciones en su mochila y salió de casa con sigilo. La pequeña ballena viajó durante años por todos los océanos, en busca de los Mares del Sur, hasta llegar a convertirse en una ballena famosa en todos los confines. Su fama se debía a que, además de viajar sola, lo hacía “en silencio”.

Sin embargo, Carlota no había dejado de cantar ni un solo instante durante su inacabable viaje. Ensayó con paciencia y humildad cada canción del libro, puliendo cada sonido, afinando cada nota, sacando el brillo escondido detrás de cada palabra.

Aunque, en algunos momentos, la duda de encontrar el lugar que buscaba intentó apoderarse de ella, jamás se rindió. Para que la fuerza llegara hasta lo más profundo de su ser, cada minuto de su travesía alimentó su alma con los susurros suaves y ligeros de cada estrofa. Así, esforzándose día tras día, sin desfallecer ni un segundo, logró que, en lo más hondo de su corazón, naciera una mágica canción, compuesta por la música más dulce que jamás se había escuchado y los versos más luminosos nunca escritos.

Una tarde de primavera, mientras ensayaba una vez más su canción, comenzó a oír un leve y melodioso sonido que provenía de las profundidades del mar. El sonido fue ganando intensidad poco a poco; parecía una conversación multitudinaria, aderezada con notas musicales, que procedía de algo indefinido, una forma gigantesca de hermoso aspecto que la atraía de manera irremediable hacia sí.

Cuando se acercó, pudo contemplar en todo su esplendor una enorme manada de ballenas. Eran las ballenas más maravillosas que había visto; nadaban alegremente entonando melodías de indescriptible delicadeza.

Carlota sintió que una fuerza incontenible nacía de su interior. Cerró los ojos para concentrarse, tomó aliento, abrió la boca y, al mismo tiempo, que entonaba su canción, nació de su cuerpo un chorro de agua tan espectacular que llegó hasta las estrellas.

El resto de las ballenas se quedaron extasiadas ante tanta belleza: nunca habían escuchado aquellas notas tan agudas. Sin duda, aquellos sonidos maravillosos y únicos solo podían ser percibidos por seres de exquisita sensibilidad.

Cuenta la leyenda que Carlota fue coronada Majestad de las ballenas de los Mares del Sur. Su reinado duró sesenta y dos años, durante los cuales no dejó de cantar ni un solo día, sintiéndose con cada canción como aquella niña a la que su abuela regaló un diapasón el día de su primer cumpleaños.

La magia de los sueños es que nunca envejecen.

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