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ENTREVISTAS

“La religión y lo laico pueden llegar a complementarse y enriquecernos así a todos”

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Ángel Aguado y, al fondo, la parroquia de Santa María la Mayor de Villamuriel. BRÁGIMO
Actualizado 20/07/2017 19:47:17
Redacción

Ángel Aguado Martínez, párroco de Villamuriel de Cerrato

Siendo el segundo de ocho hermanos, Ángel Aguado (San Cebrián de Campos, 1953) decidió tomar los votos y dedicarse al sacerdocio, una opción de vida en la que lleva 35 años y que le hace feliz “a pesar de las dificultades que aparecen en el camino en este momento de cambios”, matiza. Licenciado en Bruxelas-Lovaina y doctorado en Salamanca.

Ha sido cura en Villalba de Guardo, Población de Campos, Guardo y, en los últimos 16 años, párroco de Villamuriel de Cerrato, viviendo su sacerdocio en torno tres ejes: el éxodo rural, los toxicómanos y los inmigrantes.. En septiembre abandona esta función para desembarcar en Cuba con el propósito de “compartir, observar y aprender de las iglesias de Latinoamérica”.

JOSE ROJO

Pregunta. Tras más de 15 años al frente de la parroquia de Villamuriel de Cerrato, se va de misionero a Cuba. ¿Qué le ha impulsado a tomar esa decisión?

Respuesta. No voy de misionero, tal y como lo hemos entendido siempre. Agradezco a mi obispo D. Manuel Herrero y a la diócesis la posibilidad que se me ofrece de poder experimentar por un tiempo determinado la vida y marcha de la Iglesia en el mundo del subdesarrollo, y en este caso en Cuba; justamente en este momento que comienza a escasear el número de sacerdotes. Después de jubilarme de profesor en el instituto Canal de Castilla de Villamuriel de Cerrato es factible.

P. ¿En qué va a consistir su trabajo en la isla caribeña?

R. Pues no lo tenemos concretado todavía… Pero allí cabe todo tipo de ayuda: la celebración de los sacramentos, la formación de la fe o el compromiso sociocaritativo. La Iglesia en Cuba renace de sus cenizas después de un tiempo de silencio obligado… Y lo que renace es apasionante, como lo es todo en este momento en ese país.

P. ¿Cuánto tiempo piensa permanecer allí?

R. En principio hemos hablado de unos dos años… pero nada está cerrado como definitivo; en función de lo que vaya aconteciendo y contando siempre con los diálogos necesarios a realizar con mis dos obispos: el de Palencia y el de Holguín, que así se llama la ciudad donde voy.

P. De su trayectoria como sacerdote, ¿qué labor le ha marcado más como persona?

R. Por los años sesenta tuve la suerte de conocer en mi pueblo, San Cebrian de Campos, un maestro renovador y un sacerdote con un compromiso social admirable entre los necesitados. Y ambos han marcado mi vida, creo que para siempre…

Posteriormente, hay como tres cosas que han definido mi trabajo: el mundo rural en su conjunto y su progresivo desmantelamiento, la realidad de los toxicómanos en Guardo y el problema inmigrante en Villamuriel. En torno a esos tres ejes he ido viviendo mi sacerdocio y compromiso junto a otras personas que siempre han estado ahí.

P. ¿Qué visión tiene de la sociedad actual sobre su manera de obrar desde una perspectiva cristiana?

R. Yo tengo una visión positiva sobre la evolución social. Desde el punto de vista cultural nos encontramos en una sociedad plural, laica, que ha de organizarse bien para que todos puedan sentirse acogidos en derechos y deberes. Se terminó la sociedad agraria donde lo religioso organizaba el dinamismo social. Estamos en otro momento y el desafío no es imponerse unos sobre otros, sino posibilitar la convivencia y complementariedad de lo diferente…Desde ese punto de vista, a las estructuras que han estado organizando la sociedad, sean políticas, religiosas,…, les cuesta mucho situarse bien en este nuevo contexto.

P. ¿Se considera un cura atípico?

R. Me considero un cura normal que ha tenido las oportunidades correspondientes para ir aprendiendo a vivir como persona y como cristiano/sacerdote en los momentos cambiantes que se me han presentado, y las he intentado aprovechar lo más honestamente posible.

Agradezco a quienes han sintonizado conmigo en este camino: amigos sacerdotes, toxicómanos, emigrantes … y, sobre todo, a mi familia: ahí he tenido la mejor escuela de aprendizaje. Lo demás ha sido un “gracias a la vida que me ha dado tanto”. Los jóvenes en el instituto, los niños,… y los padres jóvenes me han desafiado a poder compartir sin prisas lo que de verdad creemos y puede dar sentido a nuestra vida en estos momentos, que para mí es Jesús de Nazaret y el compromiso por hacer de la Iglesia un grupo de cristianos que hacen reino en medio del mundo.

P. Sus colaboraciones en el periódico CARRIÓN se enmarcaban en la sección de opinión ‘La mirada crítica’. ¿Con qué es crítico Ángel Aguado?

R. En primer lugar agradecer al CARRIÓN, y a José Badiola en concreto, la posibilidad que me ha permitido de poder expresar mi opinión sobre el momento social y su relación con la exclusión y el mundo de los pobres. Han sido más de ocho años de buena colaboración.

Por otro lado, decir que yo aprendí a ser crítico conmigo mismo: así me enseñaron de joven en el intento de construir una conciencia crítica. Y que intento ser crítico también en el medio social, sobre todo, cuando la imposición de los poderes despersonaliza a la gente o genera grupos de pobres y excluidos que sufren la consecuencia de ese poder brutal.

Y dentro de la Iglesia también me enseñaron a disentir y aportar ideas y vida para intentar mejorar. La Iglesia no tiene como fin primero construirse a sí misma como una fortaleza, sino ser signo y sacramento de Jesús en medio del mundo donde se encuentra. Y mirando a Jesús y a este mundo cambiante siempre ha de estar reformándose.

P. Sin embargo, usted ha ostentado cargos de responsabilidad en el organigrama de la Diócesis de Palencia. ¿No encajaba en la estructura jerárquica?

R. Fui elegido vicario de pastoral en la última etapa del obispo Nicolás Castellanos entre nosotros. El obispo Nicolás siempre contaba con la opinión de los sacerdotes y de los organismos diocesanos a la hora de elegir los cargos. Pero la Iglesia, como cualquier estructura social y humana, está cargada de ambigüedad. En la calle se suelen generar excesivas críticas sólo de la parte negra de la Iglesia y se olvidan y, a veces porque se desconocen, los aportes positivos y riquezas que hace al mundo y a la sociedad. La prueba está que esta estructura después de 20 siglos sigue ahí…Yo no conozco muchas más…

P. Durante su estancia en Villamuriel, ¿qué mensajes ha intentado transmitir a sus feligreses?

R. Villamuriel de Cerrato es un pueblo con diferencias bien marcadas. Mientras los pueblos de Palencia están en un proceso de despoblación y envejecimiento, Villamuriel se mantiene en torno a los 7.000 habitantes: 2.000 son jóvenes, y casi 1.000 son niños. La población es una fotografía de la pluralidad de gentes presente en el pueblo. En el año 2008 el censo hablaba de cerca de 500 inmigrantes: más de veinte nacionalidades y diferentes culturas y religiones.

Evidentemente todo este cambio tenía y tiene incidencia en la manera de vivir lo religioso. No podría considerarse un buen trabajo evangelizador, aquel que teniendo en cuenta el valor positivo de lo heredado en el pueblo a través de los años, no considere al mismo tiempo la importancia de todos estos cambios.

Por eso los ejes que han vertebrado el trabajo han deseado siempre hacer significativo el evangelio en medio de estos procesos de cambio e intentar vivirlo junto a los colectivos más desfavorecidos del momento, p. ej.el colectivo emigrante. Con el colectivo inmigrante hemos podido experimentar lo humano en su más pura esencia, junto al desafío de los derechos fundamentales de las personas y la riqueza del pluralismo religioso. Es otro mundo y otra manera de ver las cosas.

P. ¿Cuándo y por qué decidió tomar los votos?

R. De niño fui a estudiar a un colegio religioso, en este caso el Seminario de San Zolio en Carrión de los Condes. De allí pasé a Palencia, donde estudié filosofía y teología. Y, posteriormente, agradezco a la diócesis que me haya permitido, en primer lugar, ir a Bruselas al instituto Lumen Vitae, ligado a Lovaina para hacer la licenciatura en Catequesis y Pastoral y, en segundo lugar, a Salamanca para hacer el doctorado con un tema bien actual: la relación entre los cambios culturales y su incidencia en las vivencias religiosas.

Fue al terminar teología cuando tomé esta opción de vida que, tal y como yo la vivo, me hace feliz a pesar de las dificultades que aparecen en el camino en este momento de cambios. Las promesas o votos, como tú los llamas, son el acompañante de esta opción existencial. Cuando existe esa opción de vida, los votos no son tanta carga negativa como la gente cree.

Y son un buen apoyo en medio de la fragilidad.

P. ¿Es partidario de que los curas se casen?

R. Se trata de considerar si el celibato, que para los sacerdotes cristianos-católicos va unido al ministerio sacerdotal, puede llegar a ser opcional y no sólo obligatorio. Muchos amigos curas han tenido que dejar el sacerdocio ministerial por la cuestión del celibato; Y han sufrido por no poder compaginar las dos cosas, mucho más viendo la escasez de sacerdotes en el momento actual aquí en España y en Europa.

Hay cuestiones en la Iglesia que pueden someterse a evolución, porque, además de no fundamentarse en el mismo Jesús, si quieren decir algo comprensible al mundo cambiante, deberán buscar el lenguaje adecuado para cada circunstancia concreta. Y ésta puede ser una de ellas.

Por otra parte, en mi opinión, la crisis de vocaciones no se va a arreglar, aunque los curas puedan casarse; tiene otras causas de tipo cultural que van más allá de casarse o no. Los anglicanos y protestantes, aún pudiendo libremente casarse sus ministros ordenados, tienen la misma escasez de vocaciones que nosotros.

P. ¿Y de que haya sacerdotisas?

R. Algo de lo dicho anteriormente vale también para esta pregunta. Pero además añadir lo siguiente: lo de la sacerdotisas, en principio, tiene mucho que ver con el reconocimiento del importante papel de la mujer en estos momentos, no sólo en la Iglesia, sino en todos los espacios de la sociedad. Hoy, en la mayoría de las parroquias las animadoras reales de los dinamismos pastorales son mujeres. Y su labor es admirable. Pienso que todo vendrá rodado en este clima de cambios y evolución imparable en que nos encontramos, donde quien pierde ritmo queda arrinconado.

P. ¿Que el Papa Francisco haya abierto las puertas a los divorciados, gays y parejas de hecho le convierte en un revolucionario?

R. Nadie puede sentirse tan poderoso como para condenar a diestra y siniestra. El Papa Francisco nos invita a ir a hasta Jesús, y revisando las conductas marcadas más por el juicio despiadado que por la misericordia.

Son restos de una cultura agraria, donde el elemento religioso se sentía organizador de toda la realidad social. Estamos en otro momento y todos hemos de buscar juntos la verdad sin condenas de quienes van por caminos diferentes. Todavía quedan escondidos restos de posturas con carácter de absolutismo, que marcan diferencia y enfrentamiento solapado entre, por ejemplo público y privado, religión y agnosticismo o ateísmo, la Iglesia y el pueblo, los que van a misa y los que no van,… Lo que debiera de ser complementario a favor del ser humano y de la sociedad, se convierte en lucha soterrada.

P. ¿Qué hechos han alejado más a la Iglesia de la sociedad?

R. La Iglesia es mucho más rica y plural de lo que la gente cree, o los medios de comunicación parcialmente comunican. Ahora bien se pueden hacer algunas afirmaciones todas ellas abiertas al debate: primero, que la Iglesia es una estructura cargada de tradición que, a través de los tiempos y con su propio ritmo, ha ido asentándose en el mundo; y así durante veinte siglos. Segundo, que en este momento histórico marcado por cambios tan drásticos y acelerados, la Iglesia ha vivido en su propio seno un intento de actualizarse con el Concilio Vaticano II y, al mismo tiempo, unos años de aparente miedo a los cambios y de repliegue.

En todo caso se puede decir que el conjunto de la Iglesia se siente más a gusto en la cultura agraria y en los espacios que dentro de esa cultura generó para su presencia social en el mundo, que en la nueva cultura moderna o posmoderna, donde la razón científica o la informática junto a la globalización se acaban imponiendo sobre todas las demás significaciones culturales o religiosas. Todo esto conlleva un montón de dificultades para poder establecer diálogos fecundos entre el aporte positivo del evangelio y el ropaje cultural actual.

Los jóvenes y los niños son hijos de esta cultura de la informática, la innovación y el cambio, y cuando vienen a nuestras celebraciones se sienten extraños porque ellos conviven con unos lenguajes diferentes a los que empleamos en nuestras celebraciones o catequesis. Sólo el diálogo sosegado y serio junto al respeto y el encuentro pueden hacernos crecer y ganar a todos.

P. ¿Qué pasos cree que deberían darse para procurar un mayor acercamiento?

R. Primero, superar los recelos mutuos que existen en las dos partes: ni la religión es un ogro que siempre machaca al ser humano, ni lo laico es un enemigo mortal de lo religioso. Estamos en un momento cultural donde construir puentes es más urgente y necesario que levantar muros.

Los cristianos y la Iglesia para ser comprendidos, aparte de las celebraciones, deben estar en la vida y en la calle; y es ahí donde pueden ser reconocidos por el testimonio de calidad humana que presenten en cuanto ciudadanos, sin obligar a nadie a confesar su fe sino por medio de la opción personal y libre. Y los grupos que siguen siendo agresivos a lo religioso deben de rebajar la dosis de agresividad frente a los cristianos y aprender a respetar sus espacios específicos, aparte de valorar los servicios que están presentando en el mundo sobre todo de la marginación y exclusión. Y a los hechos me remito.

P. Por último, ¿qué recuerdos de su tierra pervivirán siempre con usted?

R. Hay muchos recuerdos que te acompañan de por vida porque se gravan en tu alma para siempre. Yo quiero recordar cuatro momentos diferentes y complementarios:

Primero, el trabajo realizado en los pueblos rurales durante la etapa de la transición democrática en España. ¡Qué trabajo tan increíble! Por aquel entonces un grupo de curas rurales ya denunciábamos en una revista propia –“Sementera”– el progresivo envejecimiento del medio rural. Las autoridades de aquel entonces nos tachaban de ilusos. Y hoy estamos en el punto final sin retorno de algo que nos va a pesar siempre.

Segundo, el trabajo con los toxicómanos en Guardo. La crisis de Explosivos y de las minas generó mucho dolor en la zona Guardo. Uno de los problemas fue el de las drogas. ¡Qué trabajo tan bonito el de los grupos de voluntarios de Velilla y Guardo, las CEAS y Cáritas! Se abrió un centro de atención al toxicómano ligado a Proyecto Hombre de Ponferrada, y se prestó el mejor servicio que se pudo en ese momento. ¡Cuánto aprendimos todos en este colectivo!

Tercero, la atención al mundo inmigrante en Villamuriel de Cerrato. Por los años 2005-2008 se disparó la presencia del colectivo emigrante en Villamuriel: logró llegar hasta 500. Desde la parroquia organizamos ASINVI –Asociación Intercultural de Villamuriel–, que hizo un trabajo encomiable en la acogida e integración de los emigrantes en el pueblo. El pueblo se portó admirablemente y la corporación también.

Y, cuarto, hacer comprensible al pueblo los lenguajes culturales y artísticos que nos han regalado en los monumentos e iglesias. Yo hablo de la iglesia de Villamuriel. Una joya que me ha cautivado. Al desprenderse unas piedras de las bóvedas, el miedo se nos metió en el cuerpo. Gracias al esfuerzo de muchos vecinos y del apoyo económico de la Junta, pudimos abordar su restauración. Ha sido posteriormente cuando hemos comenzado a pensar en la importancia del lenguaje cultural y simbólico-religioso que este edificio nos transmite. La gente que lo viene a visitar –en torno a 3.000 por año- nos ha hecho pensar en la capacidad de este lenguaje de acercar a las personas desde el silencio y la contemplación a las preguntas más hondas del sentido de su vida… y de la trascendencia. Ante una cultura de tipo consumista, no está mal que sigan sonando las preguntas del sentido que siempre se hace el ser humano.

Personalísimo

“No aguanto el excesivo conservadurismo de Palencia”

- Signo del horóscopo… Piscis.

- Vicio confesable… Ver deportes.

- Película para recordar… ‘La vida es bella’.

- Actor… Roberto Benigni.

- Actriz… Ana Belén.

- Animal… La paloma.

- Color… Verde.

- Libro predilecto… La Biblia, y no por ser cura.

- Coche que tiene… Un Skoda.

- En cuestión de cocina se muere por… No me muero por nada… Me gusta cocina sencilla.

- La canción que le levanta el ánimo se titula… ‘Gracias a la vida que me ha dado tanto…’. Le he cantado en los casi 800 bautizos que he hecho en Villamuriel.

- En su relación con las personas no soporta… El orgullo y la soberbia.

- Por el contrario, valora… La humildad y la disposición a colaborar.

- Siente envidia sana por… Las personas honestas y responsables.

- Rasgo que le define… La fuerza de voluntad y la tozudez.

- Su gran defecto… Las prisas.

- Su mejor sueño… Más igualdad y menos sufrimiento a los pobres.

- Cuando le presentan a una persona se fija en… Sus ojos y su rostro.

- Los sábados por la noche disfruta… En casa descansando.

- El rincón favorito de su casa es… Un espacio para el silencio y la reflexión.

- De Palencia no aguanta… El excesivo conservadurismo que nos envuelve.

- Y lo que más le gusta de los palentinos es… El buen corazón de casi todos.

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