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POR CAUCES Y LADERAS

El desastre del agua

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Actualizado 15/09/2017 11:31:38
Por cauces y laderas

Aunque lejos de ser un experto en la materia, sí quiero comentar como ciudadano de a pié, un hecho que cada verano se repite con más frecuencia, y que, como este año, llega a erizarnos el vello, a poco sensibles que seamos. Me refiero a la falta de agua en nuestros ríos.

Tello Antolín

Aunque lejos de ser un experto en la materia, sí quiero comentar como ciudadano de a pié, un hecho que cada verano se repite con más frecuencia, y que, como este año, llega a erizarnos el vello, a poco sensibles que seamos. Me refiero a la falta de agua en nuestros ríos. Dicen los “ecólogos” que el agua va a ser uno de los factores limitantes más decisivos del desarrollo humano en este siglo. Que si no se toman medidas urgentes, en muchas zonas de la tierra, de nuestra tierra, la desertificación va a llegar a lugares que hoy son un vergel. Es cierto que cada año nuestros ríos y arroyos llevan menos agua, pero especialmente en veranos como el que nos ha tocado vivir, muchos cauces principales han perdido su flujo y se han secado casi por completo, con las consecuencias desastrosas que este fenómeno entraña. Si es verdad que este año ha llovido poco o casi nada, comparando con años anteriores, pero también y aquí radica la base del problema, las necesidades de agua han ido creciendo paulatinamente.

En muchos ríos del norte, por poco agua que llevaran durante el estío, ni los mayores recordaban la falta total de agua que se ha observado este verano, ni aún en periodos especialmente secos. Pero claro, las necesidades de agua no eran las mismas. Muchas zonas de montaña y no tan de montaña, han experimentado en los últimos tiempos un crecimiento urbanístico importante y en muchas ocasiones desmedido. Además toda urbanización que se precie debe contar con amplias zonas ajardinadas y numerosas piscinas que atraigan, aún más, la demanda turística y ¿de dónde sale el agua para atender a esta creciente demanda? Pues del único sitio posible: del río y de los manantiales. Es decir, la misma agua de siempre, para atender el triple de consumo.

Por otra parte, la agricultura moderna cada vez más competitiva y más alejada de la sostenibilidad, requiere más y más infraestructuras de regadío. Hasta en las zonas de secano donde el único recurso era el agua de lluvia, existe una demanda de proyectos para convertirlas en vergeles y así sostener un sector a costa de lo que sea. El resultado final es la desecación de nuestros ríos y la perdida de unos ecosistemas naturales, en muchas ocasiones irreparables. Y luego nos quejamos de que vamos a pescar y no hay peces. Lo que no hay es agua. Y lo más llamativo es que muchos pescadores, ante esta carencia del recurso piscícola, reclaman a las administraciones la suelta de truchas de piscifactoría ¡más contaminación genética! Sin ver que el problema es mucho más simple. Y no quiero decir con esta reflexión que se debe poner freno a los recursos turísticos de las zonas rurales ni tan siquiera que se dejen de regar los campos. Simplemente me preocupa la falta de planificación de un recurso tan preciado y la aparente carencia del problema al que nos enfrentamos.

El recurso es el que hay, y si no podemos regar todos a la vez, pues habrá que establecer turnos o habrá que buscar métodos de riego más eficaces y menos despilfarradores…! En fin; pero nuestros ríos y manantiales tienen que seguir fluyendo y ya no solo por el mantenimiento de los ecosistemas acuáticos, que también, y para que un colectivo de pescadores puedan seguir pescando, sino porque de una buena y correcta gestión del agua depende nuestro futuro y el de nuestros hijos…!

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