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CERRATO INSOLITO

¿Ha echado usted en su lagar?

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Actualizado 02/10/2017 10:44:37
Fernando Pastor

Estamos en época de vendimia. En la época de máximo esplendor, casi todos los vecinos poseían viñedos, aunque no todos ni mucho menos, disponían de un lagar propio en el que prensar la uva para obtener el mosto y elaborar el vino. Ello obligaba a que tras la vendimia tuvieran que llevar las uvas a un lagar ajeno, en el que se juntaban las uvas de todos para ser prensadas en común.

Estamos en época de vendimia.

El Cerrato fue tierra de vinos. Las riberas de los ríos que le atraviesan le hacían propicio para ello. Pero las plagas de filoxera y de mildiu lo diezmaron sobremanera, y la despoblación iniciada a raíz de la industrialización lo remató. Aunque conserva buenos caldos incluidos en las denominaciones de origen Arlanza, Ribera del Duero o Cigales.

En la época de máximo esplendor, casi todos los vecinos poseían viñedos, aunque no todos ni mucho menos, disponían de un lagar propio en el que prensar la uva para obtener el mosto y elaborar el vino. Ello obligaba a que tras la vendimia tuvieran que llevar las uvas a un lagar ajeno, en el que se juntaban las uvas de todos para ser prensadas en común. El propietario del lagar apuntaba el número de cestos de uva que depositaba cada vecino, para prensarlas todas juntas y una vez convertido en vino repartirlo en la misma proporción, para que cada vecino se llevara lo que le correspondiera en cántaros o en pellicas.

Claro está que el buen funcionamiento de este método quedaba a expensas de la buena voluntad del dueño del lagar, pues si no era muy honesto se quedaba él con el primer mosto (que es el mejor), o incluso barría para casa al hacer el reparto, con desproporción del vino resultante respecto a la cantidad de uva echada por cada vecino.

Esto ha dado lugar a un dicho que revela la sagacidad de los cerrateños. Me lo trasmitió Elpidio Ruiz Herrero, de Alba de Cerrato, que por su profesión de sacerdote (ya jubilado) tuvo ocasión de escucharlo en varios pueblos. Cuando alguna persona hablaba a otra de un tercero en términos laudatorios y su interlocutor no estaba muy de acuerdo con las referidas bondades, en vez de contradecirlo hablando mal de ese tercero simplemente preguntaba: “¿Ha echado usted en su lagar?” Con esta simple pregunta se evitaba hablar mal de alguien pero sin renunciar a decir de forma indirecta y educada que quizás se esté alabando a una persona porque no se la ha tratado en situaciones más propicias para conocer realmente a las personas. Así, dicha frase viene a significar “¿le ha tratado usted?”. Si la respuesta es no, “espérese hasta tratarle a fondo”. Hasta que no se echa la uva en su lagar no se sabe si es buena persona o no.

La misma situación con el lagar, ocurría con los pastores. Cuando uno pastoreaba conjuntamente las ovejas suyas y las de otros vecinos, daba la casualidad que los mejores lechazos eran de sus ovejas y no de las de los otros.

La sagacidad de los cerrateños queda también reflejada en otra anécdota trasmitida así mismo por Elpidio Ruiz. Paseando por el campo, en Cevico de la Torre, se encontró con el señor Anselmo, y tuvo lugar el siguiente diálogo:

—“Buenas tardes, Anselmo, ¿qué hace por aquí?”.

—“Podando la viña, ¿y usted?”.

—“Buscando retoños de romero para plantarlos en mi colmenar”.

—“Pues mire, ahí en la orilla del majuelo tengo yo unos romeros, escarbe un poco la raíz y cójalos, que esos le agarran bien en el colmenar”. Por cierto, Don Elpidio, ¿sabría usted decirme qué palos de esta viña son los que ya no darán uva el próximo año?”

Puesto que el padre de Elpidio había tenido majuelos y él le había ayudado a podar en alguna ocasión, y así había aprendido cuál era la guía, cuál era el pulgar, etc., trató de acordarse de todo ello mientras se agachaba para ver con más detalle la viña, y tratando de aparentar ser entendido en la materia, señaló una rama y respondió:

—“Pues este palo es el que el año que viene ya no dará uva”.

A lo que Anselmo, agachándose también, cogió del suelo uno de los palos ya podados, y replicó con sorna:

— “No señor, este es el que el año que viene ya no va a dar uva”.

Elpidio Ruiz es un hombre muy polifacético. A raíz de su estancia en el seminario hizo sus pinitos con el canto gregoriano. Ha escrito siete libros de poesía y es uno de los siete autores cuyas obras han sido recopiladas en el libro “Poetas del Cerrato. Antología”, coordinada por Joaquín Galán y editada por ADRI Cerrato.

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