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POR CAUCES Y LADERAS

La paja; en el olvido

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Actualizado 03/10/2017 10:43:35
Por cauces y laderas

Hace unas décadas, se dejaba como olvidada en los rastrojos, en filas irregulares y abultadas que al amanecer se esponjaban de rocío y llenaban las vegas de un olor a humedad. Un olor “bendito” que inevitablemente coincide con el que mejor guardo de mi infancia.

TELLO ANTOLÍN

La paja es el valor quebradizo del trigo, es alimento fácil para el hambre voraz del fuego. Al viento se entrega como un amante vencido convertida en el soporte ya inútil de las espigas. Es la parte sobrante y negada de las cosechas de antaño. Hace unas décadas, se dejaba como olvidada en los rastrojos, en filas irregulares y abultadas que al amanecer se esponjaban de rocío y llenaban las vegas de un olor a humedad. Un olor “bendito” que inevitablemente coincide con el que mejor guardo de mi infancia.

Supongo que no seré el único al que esto le pase porque son muchos los cazadores que, como yo, cambiamos el tirachinas por la escopeta en los rastrojos, para la codorniz de agosto, durante aquellos maravillosos años en los que la “pequeña africana” venía con una abundancia desmesurada y a las grandes perchas de un día les seguían otras de igual cantidad al siguiente. Entonces la paja yacía en todos los rastrojos en montones más o menos alineados y ofrecía un laberinto casi inagotable a las “coturnas” en su afán de huir del peligro, apeonando por entre los tallos ligeros del trigo mutilado, sobre todo a primera hora de la mañana y a última de la tarde, que es cuando les gusta comer el grano sobrante de la cosecha y el ingente de insectos que también se cobijan en las cumbres de los pajonales. Eso hacía que los cazadores se repartieran por zonas más allá de arroyos y linderos, y hasta los perdidos y tierras de labor no cultivadas que hacen de confín a los rastrojos. Es donde hoy se las busca, escudriñando los campos de cereal, tras la cosecha, ¡sin apenas encontrar!, sólo queda el recuerdo amarillento de lo que en ellos hubo, que es una tristeza verlos hoy tan yermos y ausentes de vida. En los tiempos que corren, la paja de los rastrojos se recoge por motivos muy distintos, detrás de los cuales siempre se cobija el dinero, como un insecto más. Los agricultores no dejan, pudiendo, un euro en el campo; supongo, que yo tampoco lo haría si fuera uno de ellos.

Hoy, con una agricultura, muy moderna y agresiva, para los cazadores y animales, sobre todo para la fauna esteparia. Al tiempo que cosechan, dejan la paja lista para que las “enormes” empacadoras las conviertan en cubos perfectos o en perfectos cilindros, dejando el campo “yermo” donde no queda más que las “cagarrutas” orgánicas de las ovejas. La paja sirve a los animales para protegerse, comer y calentarse y a las industrias que obtienen energía de la biomasa. Año tras año, después de una primavera para la ilusión viene un verano decepcionante, porque cuando se abre la media veda de la codorniz, ésta ha emigrado a latitudes donde el reseco de los trigos no las mate de hambre. Luego están los otros problemas que se vienen dando en las últimas décadas…!por ejemplo!. No vienen las de antes, crían muy poco o casi nada, amén de las semillas de ciclo corto, cosechadoras nocturnas y un largo etc, etc…

En fin. Pero hoy este artículo está escrito pensando en la paja, casi como un deseo o una oración, para aquellas mañanas parameras, cazando codornices en los surcos invertidos de lo cosechado, no tengan el olvido de aquellos juramentos infantiles.

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