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CERRATO INSOLITO

Capador de gallos a domicilio

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Actualizado 01/12/2017 11:06:27
Fernando Pastor

Alfonso aprendió una técnica novedosa para capar a los gallos que logró que la mortalidad fuese muy baja, y comenzaron a llamarle de muchas granjas

El vallisoletano Alfonso Jiménez Rodríguez-Vila, el menor de 10 hermanos, no tenía ni un duro en el bolsillo, ya que su padre no le daba la propina como castigo por no querer estudiar. Incluso le habían expulsado del colegio por piciero. Prefería ir a la granja que su familia tenía en Zamora y estar con las gallinas o cazando.

Todos los años por Navidad su madre guisaba unos capon.es de su granja, por lo que acudía a su casa un capador. Alfonso observaba con atención cómo el capador convertía a los gallos en capones, y pensó que esa era la solución a su falta dinero. Puso un anuncio en El Norte de Castilla, como “capador de gallos a domicilio”. En su casa empezaron a recibir llamadas: “¿es ahí el capador de gallos?”, y si era su padre quien cogía el teléfono, como no sabía nada pensaba que era algún bromista y respondía “sinvergüenza” y colgaba.

Alfonso aprendió una técnica novedosa para capar a los gallos que logró que la mortalidad fuese muy baja, y comenzaron a llamarle de muchas granjas.

En una feria agroalimentaria coincidió con Francisco Iglesias, al que conocía de Valladolid, y acordaron asociarse para criar capones. Tenían 19 años y apenas unos ahorros de 160.000 pesetas entre los dos. Primero se instalaron en un corral de una tía de Alfonso, y después alquilaron una granja en Villalba de los Alcores.

Así nació, en 1994, la famosa empresa Cascajares, actualmente radicada en Dueñas, que en estas pasadas fechas ha estado en candelero por su famosa subasta navideña, que en otra ocasión abordaremos.

Alimentaban a los gallos de forma natural (maíz, trigo, cebada, soja, frutas dulces y agua). Cuando tienen un mes de vida los capan y cuando tienen cuatro meses los sacrifican y los venden, inicialmente a los restaurantes.

Su éxito fue ir encontrando solución a cada problema que les surgía. Por ejemplo los cocineros les decían que la pechuga era una carne que se quedaba muy seca; solución: aprendieron a escabecharlos para evitar que se quedaran secos.

El tremendo éxito les animó a aumentar la cría, pero eso provocó que acumularan más capones que los que podían dar salida, hasta tener unos mil capones que no podían sacrificar porque no estaban vendidos. Y como los capones comen mucho, estuvieron a punto de arruinarse. Solución: meterlos en latas. Un amigo les habló de una empresa palentina que enlataba patos confitados, y esa podía ser la solución: confitar y enlatar los capones. Así pudieron enlatar sus mil capones, 500 enteros (en latas de 12 raciones) y los otros 500 en latas de medio capón.

Esta solución fue el boom, pues las latas tienen una caducidad de 4 años y no están sujetas al consumo inmediato como cuando los vendían crudos. Los cocineros de los restaurantes solo tienen que calentarlo y servirlo. Este boom es lo que provocó que Cascajares se hiciera cerrateña. La granja de Villalba de los Alcores se les quedó pequeña y en 1996 se instalaron en Villamuriel.

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