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A PIE DE ARBOL

Descontaminar corruptos

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Actualizado 01/02/2018 10:19:15
Flaviano Casas Martínez

La corrupción afecta gravemente a la salud y al medio ambiente a través de los recortes, la prevaricación y la malversación, con deriva hacia la privatización, la manipulación climática y del medio ambiente. La cadena de corrupción cuenta con muchos eslabones; tantos, cuantos determinan las agresiones de los vertidos, de las emisiones, de los impactos ambientales, del hormigonado de espacios abiertos, de riberas abandonadas, de suelos contaminados, de alimentos envenenados, de enterramientos ilegales y quemas de residuos tóxicos.

La contaminación va siempre asociada a la corrupción, a la falta de escrúpulos y al afán desmedido de enriquecerse, incluso a costa de la salud y el bienestar de los demás. En mi haber obran innumerables etiquetas de residuos tóxicos y peligrosos depositados en eriales, graveras, escombreras, cauces fluviales…, procedentes de empresas industriales, químicas, originando un auténtico reactor de síntesis al mezclarse con montañas de desechos orgánicos, de construcción y residuos sólidos urbanos.

Hace unos años hubo férreas resistencias en nuestra región contra la invasión de residuos (propios y foráneos); por eso se crearon lemas y pancartas como “Castilla y León, vertedero nacional”. Hoy el silencio se hace cómplice en beneficio sectario de políticos, partidos y poderes fácticos que ocultan la contaminación para que la inconsciencia aturda a la gente, bombardeada por la constante intoxicación social. En el orden de prioridades, para deshacerse de residuos tóxicos, antes hay que liberarse de políticos corruptos, organismos y atláteres.

La corrupción afecta gravemente a la salud y al medio ambiente a través de los recortes, la prevaricación y la malversación, con deriva hacia la privatización, la manipulación climática y del medio ambiente. La cadena de corrupción cuenta con muchos eslabones; tantos, cuantos determinan las agresiones de los vertidos, de las emisiones, de los impactos ambientales, del hormigonado de espacios abiertos, de riberas abandonadas, de suelos contaminados, de alimentos envenenados, de enterramientos ilegales y quemas de residuos tóxicos. Por ello surgió la frase: “A tapar, a quemar, a enterrar, y aquí no pasó más”.

El Caballo de Atila se plasma en las puertas giratorias, en sectores claves como el energético, pesquero, agro-tóxico (transgénicos, glifosato), en los que los políticos (Aznar, Felipe González, Martín Villa…) establecen círculos viciosos donde, a cambio de prebendas y altos cargos, benefician a las empresas más codiciosas, las cuales originan la pobreza energética y escandalosas subidas en el recibo de la luz. A su vez las multinacionales nos invaden con productos agro-tóxicos clasificados por la Organización Mundial de la Salud como “probablemente cancerígenos”; este es el caso del temido glifosato. En España están autorizados 125 productos que contienen glifosato. Se pulveriza irresponsablemente en carreteras, en parques y jardines públicos, en arroyos, acequias y márgenes fluviales, con grave afectación a la fauna y flora, animales y personas. Como peligroso herbicida, “roundup” arrasa la biodiversidad y “contamina silenciosamente campos, plantas, cultivos y platos” (Greenpeace). ¿Qué precio pagamos por anteponer los intereses lucrativos a la salud pública? ¿Quiénes son los beneficiados?.

PP y PSOE se apresuran ahora a sellar pactos por el agua para extender los nuevos regadíos, impulsar las viejas concentraciones parcelarias, crear latifundios y establecer macro-granjas; factores determinantes para diezmar la población campesina que está a punto de desaparecer como clase social. Nos encontramos a las puertas del mercado negro del agua, del agotamiento de los acuíferos (regadíos y extracciones ilegales y alegales), de implantar una agricultura industrial sobre-dimensionada, donde los grandes terratenientes convierten los cultivos tradicionales de secano, en insaciables consumidores de agua. A cambio, las Vegas y antiguos regadíos, se quedan sin regar.

Las tramas del agua optan de nuevo por construir faraónicas obras de hormigón, sobre-explotar caudales, acaparar las tierras de pequeños propietarios y derrochar ocio, como el proyecto de construcción de la “playa artificial más grande de Europa” en Guadalajara. En resumen, la sequía es algo más que falta de lluvia; es pésima gestión, abuso y despilfarro.

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