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SALUD

Posturas pasivas, activas y sus repercusiones en la salud

fisioterapiae
Actualizado 01/02/2018 11:24:49
Redacción

El cansancio, la actitud y el uso de las nuevas tecnologías afectan a nuestras posturas corporales.

Por desgracia, hoy en día, se hacen muy malos diseños ergonómicos en sillas, sofás y otros elementos de uso para reposar. A eso debe añadirse el bajo ánimo de las personas al llegar a casa tras el trabajo. Los adultos están cansados y en lugar de sentarse adecuadamente en una silla “se dejan caer” en un sofá blando, con fondo muy ancho y respaldo muy inclinado, lesionando cervicales y sacro, así como su postura correcta de las articulaciones. Por su parte, los hijos copian desde pequeños las manías y se van lesionando desde la fase del crecimiento.

Las nuevas tecnologías no mejoran precisamente la postura del cuerpo; el uso del ordenador, el móvil, etc., también es perjudicial en ese aspecto, porque en lugar de trabajar con ellos de frente lo hacemos con la cabeza doblada hacia abajo, lesionando las cervicales. Las lesiones de las cervicales afectan negativamente a la estructura del sacro, así como a la inversa, a través de los músculos que sujetan la columna y los tejidos faciales.

Sólo debemos observar antiguas fotos en donde nuestras tatarabuelas llevaban grandes pesos en la cabeza, al igual que los porteadores de montañismo. Hoy en día casi nadie tiene esta habilidad, debido a la escoliosis y otras lesiones. ¿Cómo eran capaces de hacerlo? Sencillo, aprendían a coger pesos, mantenían la postura erguida, leían colocando los libros en atriles, escribían y dibujaban en mesas inclinadas para no doblar tanto las cervicales y se sentaban en sillas bajas o taburetes pequeños (manteniendo las rodillas más altas que los glúteos) obligando a mantener la espalda erguida.

Hoy en día, hemos sustituido el mantener las posturas correctas en la vida cotidiana por ir al gimnasio a fortalecer sin elastificar. También el ánimo tiene su parte en la estructura corporal, pues la actitud escribe en el cuerpo. Una persona desanimada tiende a ir con la cabeza mirando al suelo y los hombros caídos mientras que una persona muy enfadada suele ir con la boca y el cuello muy tensos, generando tensión en los músculos paravertebrales y provocando problemas en los órganos.

Si alguien tiene miedo, suele ir con los hombros cerrados hacia delante, generando tensiones y cerrando la absorción de oxígeno en los pulmones. Pero si la persona va con mente abierta, relajada, respirando tranquila y pausada, pensando cada movimiento antes de ejecutarlo, disfrutando de cada acto que realiza, su organismo se lo agradecerá y su estructura tendrá más energía para realizar actividades.

Si aplicamos lo que aprendemos en gimnasios y centros terapéuticos a los movimientos y actividades de la vida cotidiana, mejoraremos nuestra estructura corporal y nuestra salud.

Juan Carlos Casado

Terapeuta en Centro Malayka

Paseo Zorrilla 170 de Valladolid

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