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CERRATO INSOLITO

Un gorrino disfrazado de pasajero

Cabezon-puente-1
Actualizado 02/04/2018 11:48:56
Fernando Pastor

En lo que al Cerrato se refiere, los principales Fielatos por los que tenían que pasar los vecinos estaban en las entradas de Palencia, Valladolid y Burgos, al cargo de los denominados consumeros, que eran quienes controlaban a quien entrara con cualquier tipo de alimento para cobrarle la correspondiente tasa o incluso requisarle parte como pago en especie.

La otra figura jurídica relacionada con el racionamiento era el Fielato. Se trataba de casetas instaladas en las entradas de las capitales y pueblos importantes para el cobro de arbitrios y tasas municipales sobre el tráfico de mercancías (principalmente alimentos, aunque no solo): era como el impuesto del portazgo.

Su nombre oficial era Estación sanitaria, ya que, además de su función recaudatoria, servían para ejercer un cierto control sanitario sobre los alimentos que entraban en las ciudades. Fielato era el nombre por el que se las conocía popularmente, debido al fiel o balanza que se usaba para el pesaje. Estas oficinas se suprimieron en 1959 para que no supusieran un freno al comercio de alimentos.

En lo que al Cerrato se refiere, los principales Fielatos por los que tenían que pasar los vecinos estaban en las entradas de Palencia, Valladolid y Burgos, al cargo de los denominados consumeros, que eran quienes controlaban a quien entrara con cualquier tipo de alimento para cobrarle la correspondiente tasa o incluso requisarle parte como pago en especie.

En los pueblos importantes también había, y generalmente era el alguacil quien se ponía en la entrada para controlar y cobrar, aunque también la Guardia Civil o incluso los gendarmes de la RENFE como ocurría en Baños de Cerrato.

El tráfico de mercancías se producía principalmente por quienes iban a vender o a comprar a los mercados de las capitales, generalmente en carros, aunque también se daba un uso más particular, como llevar viandas producidas en los pueblos a familiares residentes en la capital.

Era vox populi que también en esto había clases: “si llevabas una gallina tenías que pagar, pero si llevabas 20 no pasaba nada, les dabas la propina y hacían la vista gorda” cuentan en Cabezón de Pisuerga.

Al igual que ocurría con la Fiscalía de Tasas, también con el Fielato la gente trataba de burlarlo, agudizando la astucia. Buscando caminos alternativos (era frecuente ir por la noche y por el río), camuflando las mercancías en carros de paja, etc. Y dando lugar a múltiples situaciones grotescas e hilarantes.

En Cabezón de Pisuerga había un tratante de ganado, Camilo Rodicio, que criaba cerdos. Cuando mataba uno y tenía que llevarlo a Valladolid, para que no le vieran en el Fielato ponía al gorrino muerto en el asiento de atrás del coche, atado con un cinto para mantenerlo erguido, y le ponía un abrigo y un sombrero negros. El consumero le paraba a la entrada del Fielato, miraba por la ventanilla del coche y veía lo que creía ser una persona en el asiento trasero, por lo que decía “siga”, y pasaba sin problemas.

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