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A PIE DE ARBOL

Villalar:"El rapto de Castilla"

Villalar1521
Actualizado 16/04/2018 11:55:12
Flaviano Casas Martínez

Los fundamentos históricos de la vieja Castilla contradicen la mitología caduca que durante décadas ha intoxicado a los castellanos a través del seudo-democrático y corrupto régimen del 78. La legitimidad de Castilla como Nacionalidad fue anulada por la homogenización con los demás territorios, para acabar definitivamente con las características propias del pueblo castellano.

FLAVIANO CASAS MARTÍNEZ

Los fundamentos históricos de la vieja Castilla contradicen la mitología caduca que durante décadas ha intoxicado a los castellanos a través del seudo-democrático y corrupto régimen del 78. La legitimidad de Castilla como Nacionalidad fue anulada por la homogenización con los demás territorios, para acabar definitivamente con las características propias del pueblo castellano. Los Reyes Católicos, los Austrias, los Borbones, las regencias y las dictaduras, arrasaron la Diversidad, las tradiciones, la cultura y la conciencia colectiva; hecho al que el historiador Julio Valdeón calificó como “El rapto de Castilla por sus gobernantes”.

La mal llamada Transición fragmentó Castilla en reinos de taifas: La Rioja, cuna del castellano; Cantabria, puerto de Castilla; Madrid, con más de nueve siglos de historia castellana; La Mancha, arrancada de cuajo del contexto de las dos Castillas. Territorios desperdigados como cristales rotos, fragmentos autonómicos artificiales y arbitrarios, regiones inventadas, diseñadas en porciones constitucionales, enjauladas en esquemas abstractos, vagos, de burda y a la vez sutil conveniencia política y económica.

El régimen estatista doblegó la libre voluntad de los pueblos de España. El diseño-proyecto centralizado, “atado y bien atado”, depositó el devenir de los pueblos en manos de nuevos caciques, de “títeres” políticos apegados a los sillones, (los llamados “cuencadueros”), cuya máxima aspiración ha sido el medro personal a costa de convertir Castilla en un esperpento de banderín centralista, en una región provinciana, en un mastodonte burocrático y en un irredento desierto demográfico.

Los trenes de la emigración transportan jóvenes que, después de sufrir el desarraigo familiar y territorial, entregan sus talentos y esfuerzos a las potencias extranjeras que controlan y dominan al mundo: Estados Unidos y Alemania, esencias del capitalismo más puro y depredador. Si los líderes y héroes comuneros levantaran sus cabezas decapitadas por las tropas imperiales que, en 1521 incendiaron Medina, arrasaron ciudades y aldeas, quemaron bosques y cosechas… Para más desvergüenza y despropósito, ahora se multiplican los homenajes al emperador Carlos V en ciudades como Valladolid y Palencia, en villas como Aguilar de Campoo, en pueblos como Autillo de Campos (Palencia)… La propia reina madre, Juana de Castilla, encerrada injustamente por loca, era políglota; mientras su inculto y avasallador hijo Carlos V desconocía la lengua castellana, quien fuera coronado emperador por los traidores del reino, conducido por la mano del cardenal Adriano.

Hoy los nuevos-viejos prebostes del “reino”, (la taifa autonómica), han prostituido el noble concepto de Comunidad, convirtiendo en fiesta patriotera las justas reivindicaciones de las Libertades, los Concejos Públicos, los Derechos Históricos, frente al centralismo borbónico, al despojo de la población y de sus recursos. La historia y el espacio geográfico compartido durante siglos se dan la mano para rescatar en Castilla la verdadera identidad como pueblo soberano. Pues Castilla ha sido expoliada en su silencio (recursos, hombres y mujeres), hasta el genocidio, por lo que es preciso considerar la historicidad y reconsiderar su futuro.

Las monarquías y sus respectivos séquitos, junto con las dictaduras y el período seudo-democrático, han convertido nuestro territorio castellano en ciudades sin expectativas y en pueblos agonizantes. Sus responsabilidades pesan y gravitarán sobre las generaciones futuras. La ridícula España de las Autonomías choca con nuestra singularidad histórica: haber luchado por una sociedad Libre y Comunera, constituida en su tiempo por “Hombres libres e iguales”, (se entiende también mujeres), porta-estandartes del lema más genuino de Castilla, “NADIE ES MÁS QUE NADIE”.

Desde tierras lejanas me despido con la mente y el corazón puestos en las campas de VILLALAR.

Charlotte, N.C., 9 de Abril de 2018

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