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POR CAUCES Y LADERAS

El corzo; un embrujo que cautiva...!

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Actualizado 02/05/2018 11:04:11
Por cauces y laderas

Es la hora de espiar a la naturaleza, compartir con los corzos momentos inolvidables, de fundirse con nuestros propios pensamientos, de cumplir, en suma, con el legado de nuestros ancestros. Cualquier ungulado cinegético, por raro que nos pueda parecer, puede capturarse a rececho. Bien es cierto que no todas las especies presentan la misma dificultad. De entre todos ellos quizá sea el corzo uno de los más difíciles por su entorno vital, el bosque, por lo impredecible de sus costumbres y por la grandeza de sus sentidos.

TELLO ANTOLÍN

Con la salida de los primeros brotes y el arranque de los campos de cereal, en los primeros días de la primavera, el campo, aún tamizado de ocre invernal comienza a desperezarse tras su largo periodo de aparente reposo. Es un tiempo de actividad frenética tras la obligada quietud, en la que el ahorro de energía ha sido la máxima para aguantar los fuertes rigores climatológicos. Un periodo en el que, además, los machos de corzo han estado desarrollando la nueva cuerna a partir de sus propias reservas de minerales. Quizá aquellos corzinos tardíos han pagado, a estas alturas el precio de la selección natural y no han conseguido superar el gélido invierno.

Por otra parte, los que han conseguido sobrevivir, ven ahora cómo a medida que se aproxima la época de los partos, sus progenitores comienzan a desarrollar de nuevo el instinto territorial que inevitablemente les va a obligar a salir en busca de nuevos terrenos donde establecerse. Mientras, los machos, muchos de ellos descorreados, pasan mucho tiempo marcando rabiosamente cualquier retoño vegetal que queda entre sus cuernas. Es cuando la caza del corzo se convierte en pretexto para la salida al alba.

Es la hora de espiar a la naturaleza, compartir con los corzos momentos inolvidables, de fundirse con nuestros propios pensamientos, de cumplir, en suma, con el legado de nuestros ancestros. Cualquier ungulado cinegético, por raro que nos pueda parecer, puede capturarse a rececho. Bien es cierto que no todas las especies presentan la misma dificultad. De entre todos ellos quizá sea el corzo uno de los más difíciles por su entorno vital, el bosque, por lo impredecible de sus costumbres y por la grandeza de sus sentidos. Enfrentarse a todo un especialista del camuflaje en su medio es un auténtico reto que, en muchas ocasiones, puede acabar con la paciencia de muchos. La caza, en general, se resume de forma simple en dos estrategias cinegéticas, “la batida”, en la que la pieza es conducida hasta el cazador, y el “rececho”, en la que el cazador es el encargado de ver y llegar hasta la pieza. Otras variedades alternativas son el acecho y la espera, en la que el cazador opta por esperar a que la pieza venga hasta él de forma fortuita o aprovechando las querencias naturales de los animales.

En el caso del corzo son muy pocos los que practican el rececho “sensu stricto”; y son menos los que, además optan por una práctica en el bosque, donde la búsqueda queda dificultada por la cobertura vegetal; por no hablar de los inevitables sonidos que producimos al caminar y que alertan a propios y a extraños de nuestra presencia. Lo más corriente es una mezcla de acecho y rececho, de espera y acercamiento, en los bosques y terrenos de cultivos. Por no hablar de aquellos que, en mi opinión, alejados de la caza tradicional, abusan de la tecnología y, cómodos en su todoterreno, carrilean por los caminos agrícolas en busca del ansiado trofeo.

Todo buen cazador sabe que el corzo no se caza con las piernas, se caza con los sentidos, por lo que se debe ir provistos de buena óptica y pertrechados con ropa ligera y poco ruidosa, además de con una buena dosis de paciencia y relajación. En estos tiempos, la caza debe ser entendida como una actividad lúdica, en la que estamos obligados a compaginar nuestro sentimiento egoísta con la correcta y equilibrada conservación de la especie. En fin…! Dejémonos, embrujar por el acto cinegético en sí, por los fríos amaneceres primaverales y las largas tardes hasta la puesta del sol. Un corzo es sólo un corzo, un animal salvaje y libre, dispuesto siempre a defender su vida con todas sus estrategias; y nosotros somos sólo unos cazadores, no unos coleccionistas de cuernos…!

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