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POR CAUCES Y LADERAS

La pesca como docencia

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Actualizado 01/06/2018 11:03:29
Por cauces y laderas

Existen pocas cosas más gratificantes que enseñar a alguien a pescar. Lograr transmitir nuestra afición en alguno de nuestros hijos produce una inmensa satisfacción, porque yo lo he conseguido. Considero que tal vez no fue difícil, ya que a la facultad de saber pescar, hay que añadir otra tal vez más importante; la docencia, saber enseñar lo que uno sabe y esto con infinita paciencia.

TELLO ANTOLÍN

Existen pocas cosas más gratificantes que enseñar a alguien a pescar. Lograr transmitir nuestra afición en alguno de nuestros hijos produce una inmensa satisfacción, porque yo lo he conseguido. Considero que tal vez no fue difícil, ya que a la facultad de saber pescar, hay que añadir otra tal vez más importante; la docencia, saber enseñar lo que uno sabe y esto con infinita paciencia. Nuestro alumno puede ser “pequeño” y para él todo, repito, todo es absolutamente nuevo, la caña, el carrete, el porqué la boya, los anzuelos, etc. Él es extraordinariamente receptivo y aprende deprisa pero no podemos, no debemos imponerle demasiadas asignaturas a la vez.

Lo primero es que la pesca debe ser algo grato y deseable para él, no debemos cargarle con una caña cuyo peso para sus fuerzas sea excesivo, ni complicarle desde los primeros momentos intentando que maneje una línea de “mosca”, o hacerle andar largas caminatas, todo eso vendrá después y poco a poco. Debemos comenzar, creo, por la pesca con cebo natural, fácil y divertida de pequeños peces, y en un lugar donde éstos sean abundantes, y si podemos buscar con él este cebo, ya sean lavas de tricóptero, lombriz de tierra y demás, tanto mejor.

No importa las que encuentre, basta con que los coja; si son maraballos el cebo elegido, tendrá que buscar dentro del agua y dejarle que levante las piedras, si va a pescar con masilla, ayúdale a prepararla y si por fin se decide a manejar el torno montando moscas y ninfas, será todo un éxito. Hay que elegir un lugar fácilmente accesible y ayúdele a preparar aparejos y colocar cebos, explicándole el porqué de cada cosa; si los peces están cerca, prescinda del carrete y muéstrele el lanzamiento balanceando, deje que él coloque los cebos y después de hacerlo arregle el desastre, poco a poco lo irá haciendo mejor, corrija sus lanzamientos y desenredes sus líos, haga que su atención se concentre en el flotador y no en las ranas que saltan a la orilla. Enséñele a clavar cuando el flotador se hunda y no alargue la jornada más de lo que él desee. Y, sobre todo, tenga paciencia, desenrede y desenganche su anzuelo de las ramas y hágale cambiar de cebo cada vez que sea necesario. Celebre sus capturas y deje que intente desengancharlos. Si no lo consigue, ayúdele, los progresos son rápidos. Si desea devolver los peces al agua déjele hacerlo.

Que la pesca tenga para él desde el principio encanto por si misma y por el entrono, no por la cantidad. Hable con él de los peces, de los árboles, de los pájaros y de las flores, recuerde que su espíritu está abierto a todo cuanto ve, hágale sentir la naturaleza y protéjale de lo que ésta pueda tener de desagradable, como la mordedura de una culebra o la picadura de una avispa. Enséñele a andar sobre las piedras resbaladizas y, si es preciso, corte una rama que le sirva de bastón. Indíquele cuando escudriñe la orilla que su vista debe vigilar la puntería de la caña, y muéstrele cómo debe sujetar ésta a la vez que el aparejo. Pero, y de nuevo, tenga paciencia, hará muchas cosas mal, pero sobre todo no le regañe ni le castigue, no permita que se desanime, enséñele a pescar como si se tratara de un juego, pero no convierta el juego en una disciplina difícil.

Después poco a poco, váyale mostrando cómo se ata un anzuelo, la mejor forma de colocar el flotador y los plomos; recuerde, todo es nuevo; y cosas que somos capaces de hacer con los ojos cerrados, a él le costará horas; incluso días aprenderlas. En fin; piense que la pesca además de un bonito deporte con toda serie de conocimientos y reflejos que precisa, es un estilo y una filosofía de vida; trate de inculcarle desde el principio ese estilo y esa filosofía.

El día que su hijo tome la alternativa, su satisfacción no tendrá límites, pudiendo llegar el momento en que sea capaz de enseñarle; entonces, cuando el alumno se convierta en maestro, aparte de haber terminado su tarea, tendrá otra: enseñar a sus nietos…!

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