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A PIE DE ARBOL

Las semillas de la dignidad en el campo

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Actualizado 01/10/2018 10:38:59
Flaviano Casas Martínez

A los elementos naturales y a la propia Naturaleza se la considera ahora como un ladrón que roba a los traficantes del acaparamiento extremo y del agro-negocio. Deben saber los explotadores de recursos naturales, que si la Naturaleza es solo un negocio, es un mal negocio. Por esta causa, al lobo se le confina en recintos, o se le mata. Los zorros son envenenados sin piedad. Las rapaces forman parte de museos y exposiciones, o se las invita a un banquete de veneno letal. El oficio campestre se afianza ahora en el concepto desmedido de la propiedad.

El antiguo y noble arte de la agricultura se ha convertido ahora en mero instrumento de explotación y saqueo de la madre Tierra. El objeto de la producción está muy lejos del verbo compartir, coexistir armoniosamente, y más cerca del término acaparar. Si la avaricia “rompe el saco”, el negocio de la agricultura está cayendo en el “inframundo” del egoísmo más cerril y de la irracionalidad más insolidaria. La Tierra va degenerando en la misma medida que degeneran los hombres que la labran. ¡Qué olvidados quedaron los campesinos/as que sembraron amores en la Tierra!

A los elementos naturales y a la propia Naturaleza se la considera ahora como un ladrón que roba a los traficantes del acaparamiento extremo y del agro-negocio. Deben saber los explotadores de recursos naturales, que si la Naturaleza es solo un negocio, es un mal negocio. Por esta causa, al lobo se le confina en recintos, o se le mata. Los zorros son envenenados sin piedad. Las rapaces forman parte de museos y exposiciones, o se las invita a un banquete de veneno letal.

El oficio campestre se afianza ahora en el concepto desmedido de la propiedad. Asume que es dueño también de la flora, a la que denomina “malas hierbas”, las cuales conforman el granero-sustento de las aves. Sus idílicos compañeros de viaje hacia el dinero: el conglomerado Bayer-Monsanto, han extendido la “pandemia” de los tóxicos y del glifosato hasta alcanzar los límites de la aniquilación. Las milenarias prácticas de la rotación y las alternativas de cultivos han sido arrancadas de cuajo de las mentes labradoras.

El agro-negocio, hermanado al agro-tóxico, aplica la fórmula: sin hierbas, no hay semillas; sin semillas, no hay pájaros; sin pájaros, hay plagas; con plagas, negocio redondo. Pero ¿cómo y en cuánto se valora la flora, la fauna, los paisajes devorados por las fauces avarientas y la rapiña del ser humano, que en vez de ser juicioso y responsable administrador, se ha convertido en el más agresivo e irreverente depredador de la Naturaleza? - Yo pregunto a las sórdidas instituciones: si los rebaños son los mejores bomberos, ¿por qué los confináis?. Si las ardillas son las mejores repobladoras, ¿por qué taláis los bosques, morada existencial?

Las Ayudas a la Agricultura mantienen la injusticia. Imponen un Sistema Planificado y de Gestión que supera con creces al antiguo modelo soviético. Resulta odiosa y comparable la domesticidad y brutal explotación de los animales, con la sumisión y domesticidad de los hombres del Campo. ¡Qué vergüenza la despoblación obligada que arrancó de raíz la fibra más noble del auténtico campesinado!. Los sindicatos agrarios, aliados al sistema, permanecen colgados de la percha que sostiene indignas subvenciones. Los labradores han perdido hoy la rusticidad del pasado y hasta la referencia del futuro; más que incierto, agotado en sí mismo y ahogado en vergonzosa finitud.

La Utopía Rural ha muerto en su conjunto. Al entierro asistieron siniestros compañeros: el sistema, el caciquismo, las plañideras de la despoblación, las multinacionales y los astutos amos del capitalismo acaparador. Los supervivientes repartirán (festín de buitres), los cacicazgos y marquesados, al tiempo que podrán dirigir por tele-mando, un ejército de famélicos precarios, hombres-máquina. El Campo ha muerto por la resignación, y la resignación es fruto de la falta de fe y de esperanza. El sistema hizo el resto.

La verdadera Revolución Agraria se basa en el Cooperativismo Libre y Solidario, para cambiar el orden de las cosas; ya que el Individualismo a ultranza convierte al campesino en capataz de su propia esclavitud. El espíritu cooperativo es por tanto, la única inversión que nunca da pérdidas y ofrece la máxima rentabilidad: el ciento por uno.

Palencia, 25 de septiembre

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