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POR CAUCES Y LADERAS

Santos propios y foráneos...!

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Actualizado 31/10/2018 11:50:29
Por cauces y laderas

Parece como si quisiéramos deshacernos de nuestras tradicionales creencias y devociones, para sustituirlas por otros cultos más “paganos” que resulten menos comprometedores y sea más fáciles de llevar, para nuestros intereses y del mundo de la caza en la actualidad. No insistiré en reclamar el patronazgo de los cazadores para San Eustaquio, porque entre otras cosas está plenamente probado que la leyenda de San Huerto, famoso obispo de Maastricht; fallecido en el 727, y proclamado como patrón de los cazadores por casi todas las sociedades de caza en la actualidad, es un “plagio popular” de nuestro patrono San Eustaquio.

TELLO ANTOLÍN

Que un santo del siglo II es más antiguo que uno del siglo VIII está claro, que la Virgen en sus diferentes acepciones, es más antigua que cualquier santo también es obvio, lo que ya no está tan claro es por qué nosotros los cazadores, nos aferramos tozudamente a la protección y amparo de los santos “foráneos” ¿Es que la Virgen de la Cabeza no es una buena patrona para nuestros monteros? ¿Es que San Eustaquio ya no nos protege de los accidentes de caza?

Parece como si quisiéramos deshacernos de nuestras tradicionales creencias y devociones, para sustituirlas por otros cultos más “paganos” que resulten menos comprometedores y sea más fáciles de llevar, para nuestros intereses y del mundo de la caza en la actualidad. No insistiré en reclamar el patronazgo de los cazadores para San Eustaquio, porque entre otras cosas está plenamente probado que la leyenda de San Huerto, famoso obispo de Maastricht; fallecido en el 727, y proclamado como patrón de los cazadores por casi todas las sociedades de caza en la actualidad, es un “plagio popular” de nuestro patrono San Eustaquio, que con el nombre de Plácido y siendo general del emperador Trajano allá por el siglo II, andaba un día de caza por los alrededores de Tivoli, persiguiendo a un ciervo que, al verse acosado, se volvió hacia nuestro santo mostrándole una cruz luminosa entre sus astas. Me declaro siervo de San Eustaquio, soy devoto de la Virgen de la Cabeza, rezaré y cantaré La salve montera cuantas veces pueda, y no desprecio a San Huberto ni a ningún otro santo. Solo les pido a estos que comprendan nuestra fidelidad y devoción por nuestros protectores, lo mismo que comprendemos que sus gentes y sus devotos los veneren a ellos. No existe caza sin persecución, sin acoso y por supuesto sin muerte; no existe caza ecológica, existe caza sostenible, no existe caza puramente deportiva, sí existe, en determinadas ocasiones, la práctica de un deporte al mismo tiempo que la actividad de cazar.

La caza es una actividad de ocio, de bienestar, necesaria en muchas ocasiones, pero nunca imprescindible. Que nadie nos quiera confundir con el moderno concepto de caza, sabemos que no es una necesidad básica para la sociedad, como podría ser la educación o la sanidad, pero sí es una actividad de bienestar para un sector importante de nuestra población. La caza es real, no ficticia, no es una realidad virtual, es una realidad de la vida y un episodio de la misma. La crueldad de la caza es la que hace que sea humana, y que no se nos olvide que, practicándola de una manera sostenible, podamos y puedan nuestros queridos “parteners” seguir disfrutando de la misma. Sin ella, y su realidad, muchos de nuestros animales habrían desaparecido hace tiempo. La “crueldad” de la caza es la que San Eustaquio practicaba, noble en un puro “fair play” con la muerte o la vida como fin, dependiendo de la habilidad y astucia de los animales. Un ciervo, una perdiz, una liebre o cualquier especie cazable, puede ser que nunca nos agradeciese su muerte, pero, en su código genético seguro que llevan escrito que ¡por encima de ellos existen predadores superiores de los cuales deben protegerse.

Por lo tanto viven y desarrollan sus instintos para la supervivencia en ese mundo que, de antemano, saben que va a ser duro. Así se realiza una selección natural de los animales mejor dotados, preservando la especie. Lo que Sí que no creo que entiendan ni entenderán nuca, es que es en aras de una práctica “puramente deportiva y ecológica”, se les someta a mayores vejaciones y sufrimientos que un animal pueda aguantar. Parece ser que estas “prácticas deportivas” se las han adjudicado en patronazgo al bueno de San Huberto, en la creencia de que al ser un santo más moderno también sería más civilizado. Pero, mira tú por donde, los partidarios de esta “pseudocaza deportiva” han metido la pata y la han convertido en la más innoble y cruel de cuantas se practican. Quizás hayan sido estos mismos los que hayan inventado la visión de San Huberto y quizás también se hayan confundido en la versión de la misma, resultando que, lo que se le apareció a este santo “teutón” debería ser una oveja o cualquier otro animal doméstico de aquellas épocas medievales en lugar de un esbelto y bravo venado. De ser así, estaría justificada la protección de padrinaje del mismo y entenderíamos la modalidad de caza a la que da nombre el famoso obispo de Maastricht. Espero que el mundo de la caza reaccione y no se deje adulterar por estas influencias foráneas, que ya han calado fuerte en algunos sectores de nuestra sociedad, que a nadie le dé vergüenza de decir que es cazador. Para que la practiquemos con la dignidad, la altanería y nobleza que requiere y que, por supuesto, desterremos de nuestro entorno cinegético cualquier influencia que nos quiera “cercenar” nuestra libertad de costumbres; garantizando nuestra lucha para ofrecer una imagen limpia como cazadores, y que no pase por adoptar posturas similares a las de aquellos que nos atacan sin fundamento, que paremos por ser sinceros de nuestras intenciones y objetivos y así, la sociedad no cazadora, habrá de respetarnos en nuestras creencias y aficiones, como nosotros respetamos las de otros sectores, que en ocasiones consideramos menos “loables” que la caza. Pues eso, que sucedáneos de la caza podrá haber muchos santos foráneos, también agitadores, conspiradores, aprovechados y todo tipo de gente que intente sacar provecho de la actividad venatoria de manera innoble, pero que “CAZA” solamente existe una y que ésta va ligada a lo más profundo e intrínseco de los pueblos. Y no olvidemos que de no haber existido la caza, el general de las centurias romanas Plácido, nunca hubiese sido “San Eustaquio”, ni tampoco el obispo hubiese llegado a ser santo…! En fin…! En cualquier caso todos los 20 de septiembre, festividad de nuestro patrón, y el 15 de agosto día de la Virgen, acordémonos de venerar a nuestros dos tradicionales veladores, para que su protección sea perpetua, pues falta nos hará a todos los cazadores y al mundo de la caza en general; y por si acaso, no nos olvidemos de que el 3 de noviembre es la festividad de San Huberto, pues un santo de más al año nunca hace daño…!

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