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POR CAUCES Y LADERAS

La liebre una caza tradicional

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Actualizado 01/02/2019 10:57:37
Por cauces y laderas

El Grito de ¡ahí va la liebre! resuena jornada tras jornada en esta temporada de caza, que, en este mes de enero, dará los últimos coletazos en nuestra comunidad. Miles y miles de cazadores se han decantado por una forma de caza, en la que el hombre pierde parte de su protagonismo venatorio en favor de sus perros, esos galgos de figura alargada, más musculosa, línea aerodinámica, que componen en los campos la viva imagen de la velocidad.

Tello Antolín

Dentro del mundo de las cazas tradicionales en nuestro país, sin duda una de las más populares, sobre todo en los medios rurales, es la caza de la liebre con galgos. Perros en persecución tras ese animal de largas patas y largas orejas, principal habitante de nuestras llanuras cerealistas.

El Grito de ¡ahí va la liebre! resuena jornada tras jornada en esta temporada de caza, que, en este mes de enero, dará los últimos coletazos en nuestra comunidad. Miles y miles de cazadores se han decantado por una forma de caza, en la que el hombre pierde parte de su protagonismo venatorio en favor de sus perros, esos galgos de figura alargada, más musculosa, línea aerodinámica, que componen en los campos la viva imagen de la velocidad. Son años y años de selección, de cruces entre los galgos más “destacados”, en una búsqueda por conjugar la velocidad con la resistencia, la explosividad con la fuerza, el coraje con la constancia. Hacerse con un buen galgo, como conocen bien los galgueros, no es fácil.

Son años y años de cría, de selección, de entrenamiento, de dedicación y desvelos, en muchos casos malogrados en poco tiempo. Pero la afición está ahí y va en aumento. Solo hace falta acudir a cualquier campeonato de galgos en campo, a cualquier jornada de caza en la mayoría de los pueblos, para darnos cuenta de ello. La liebre, ese animal que ha tenido recientemente que sufrir la brutal enfermedad de la “mixomatisis”…! Como le ha pasado a su pariente el conejo, que ha visto diezmadas sus poblaciones hasta límites preocupantes. Las noticias de alarma han saltado a los medios de comunicación, con las más diversas interpretaciones, pero al final “afortunadamente” no han adquirido tintes tan negativos como los conejos, aunque en las últimas semanas se ha vuelto a hablar del hallazgo de ejemplares enfermos en nuestra comunidad.

Sus características físicas son bien conocidas, con ese cuerpo musculado en el que el corazón bombea suficiente sangre para una carrera larga, sostenida y rápida, en la que las fuertes patas, sobre todo las traseras, cumplen una función motora en la que la velocidad es el principal exponente. Su pelo rubio, jaspeado en negro, con el blanco determinando su zona inferior, la confiere un aspecto muy peculiar y un especial mimetismo, que la permite permanecer encamada sin delatar su presencia frente a los predadores, en cualquier hueco del terreno. Además sus costumbres nocturnas y el cuidado que ella tiene para cruzar rastros antes de encamarse evitando así el posible seguimiento por los perros, la da una especial protección, cuando los encames los hace en zonas de mayor vegetación que los barbechos, rastrojos o cultivos, es decir, cuando se decanta por arroyos, junqueras, monte bajo, o perdidos de vegetación espontánea. Siempre la liebre procurará aguantar y pasar desapercibida en el encame sin emprender la huida, confiando en su mimetismo. Si se ve descubierta, un tirón, una especie de salto, propulsado por sus fuertes patas, la pondrá en carrera, con algunos rápidos quiebros en los primeros metros, para ganar luego en velocidad en búsqueda del perdedero.

Pero, lógicamente, cuando la liebre ya ha sido molestada en muchas ocasiones y ha visto su vida en peligro no aguantará tanto y pondrá tierra de por medio entre ella y sus posibles depredadores cuando detecte el peligro. A veces la liebre activa esa peculiar propensión a mantenerse oculta, saliendo muchas veces de nuestros pies cuando ya no le queda más remedio. El otro protagonista en esta modalidad de caza es el galgo, ese perro que lleva siglos siendo utilizado por los cazadores en la lucha entre la vida y la muerte, que supone la caza de la liebre con perro de persecución. Afortunadamente contamos con magníficos ejemplares que en el campo intentarán equiparar su velocidad a la de la liebre, su resistencia a la del otro animal, su vista en un esfuerzo por lograr que la rabona no se despiste al llegar al perdedero. Es un ancestral instinto en el que el perro sabe a la perfección el trabajo que debe hacer y pondrá en ello todo su empeño. Lógicamente, unas veces logrará su objetivo y otras no.

En fin, como dice la copla, ¡Que a una liebre se la corre con dos galgos en collera, y si se va, que se vaya….!

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