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MOTOR

Más vale prevenir que curar

taller-1
Actualizado 01/02/2019 10:15:43
Redacción

Es frecuente argumentar que, para ahorrar, basta con estirar las cosas y su uso, pero esto no siempre es así. Y sobre todo, en el sector del automóvil, donde estirar lo ‘inestirable’ puede salirnos más caro que no hacerlo. Veamos por qué!

Es frecuente argumentar que, para ahorrar, basta con estirar las cosas y su uso, pero esto no siempre es así. Y sobre todo, en el sector del automóvil, donde estirar lo ‘inestirable’ puede salirnos más caro que no hacerlo. Veamos por qué!

Si unas ruedas gastadas en demasía las “estiramos” aún más –otra cosa es que no haya remedio por nuestra situación económica- podríamos encontrarnos con alguno de estos problemas: nos para la policía en las revisiones rutinarias que hacen con esta intención... y la correspondiente multa es cuestión de días; o llega el invierno y las condiciones de las carreteras complican mucho las posibilidades de agarre del caucho sobre el asfalto por el hielo o incluso simplemente por la lluvia (la falta de dibujo impide la expulsión del agua por las “llagas” de las ruedas y se puede reproducir el efecto ‘acuaplaning’ con pérdida de tracción y de control del volante sobre la dirección).

O retrasar el cambio de aceite puede repercutir en la correcta lubricación del motor y desembocar en un sobrecalentamiento inesperado o en una mayor holgura de las piezas que facilitan la tracción del vehículo y un prematuro envejecimiento de las mismas.

O no lavar el coche asiduamente puede reflejarse en una pérdida del contraste del color del mismo o de su brillo –además de empeorar nuestra imagen-, e incluso en machas ya irrecuperables. Es el caso de las producidas por los mosquitos o de la resina o los excrementos de los pájaros al aparcar bajo los árboles.

Y tantas y tantas cosas más, como cuando notamos que el coche “no tira” y, en vez de llevarlo al taller, sigamos con él así. Esto nos repercute en un mayor consumo que nos encarece el día a día. De ahí las revisiones periódicas o cada ciertos kilómetros que estipulan las marcas y los talleres de confianza. Una puesta a punto siempre favorece un menor consumo, la mayor durabilidad de las piezas y el adecuado funcionamiento del motor.

O sea, ¡más vale prevenir que curar!