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MONTAñA PALENTINA

Investigaciones geológicas en la Montaña Palentina

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Mapa de la Montaña Palentina.
Actualizado 01/04/2019 20:01:15
Redacción

En 1950 Bermudo Meléndez, catedrático de Paleontología de la Universidad Central de Madrid, instó al CSIC a apoyar las investigaciones del paleobotánico holandés W.J. Jongmans, una colaboración que dio como resultado que estudiantes de Geología de la universidad de Leiden (Holanda) vinieran a realizar sus trabajos de campo (cartografía geológica) a España.

El primer mapa geológico en el que se menciona la Montaña Palentina, es probablemente el mapa de la provincia de Patencia que publica Casiano de Prado en 1856, para, unos años más tarde, en 1861, publicar otro a escala 1:100.000 mostrando la Cuenca del Pisuerga con sus regiones Devónica y Carbonífera sin más subdivisiones.

A principios del siglo XX, contratados por las empresas carboneras llegan a Palencia renombrados geólogos y paleontólogos europeos, como el alemán H. Quiring que estuvo dos veranos trabajando para las minas de San Cebrián de Mudá. Estos primeros estudios tuvieron un carácter demasiado parcial y el parón que supusieron la Guerra Civil Española y la Segunda Guerra Mundial y el posterior aislamiento político durante la posguerra, imposibilitaron nuevos proyectos.

En 1950 Bermudo Meléndez, catedrático de Paleontología de la Universidad Central de Madrid, instó al CSIC a apoyar las investigaciones del paleobotánico holandés W.J. Jongmans, una colaboración que dio como resultado que estudiantes de Geología de la universidad de Leiden (Holanda) vinieran a realizar sus trabajos de campo (cartografía geológica) a España. El primero de ellos fue Roberto H. Wagner que en el verano de 1950 vino a Barruelo de Santullán con una introducción formal a Minas de Barruelo, sin conocimiento previo de la zona, ni del idioma. Y, desde ese año, al mando del catedrático L.U. de Sitter, los profesores y estudiantes del Instituto Geológico de Leiden, realizaron un proyecto de cartografía con el IGME (Instituto Geológico y Minero de España), de todo el flanco sur de la Cordillera Cantábrica.

El estudio se dividió en varios sectores de este a oeste, que se corresponden aproximadamente con los mapas del IGME. El área total investigada fue de aproximadamente 400 km2 correspondientes a las provincias de León y Patencia en una franja de más de 150 km. Y en 1962, Sitter contaba con unos 50 alumnos, a través de todos los grados, que trabajaban en la Cordillera Cantábrica con lo que el mapa general de la zona creció rápidamente. En 1963 se compiló y publicó un mapa geológico a escala 1:100.000. La investigación concluyó con la publicación, en 1980, de un sumario y un juego de mapas ya publicados anteriormente en tesis doctorales. En los años ochenta se preparó una revisión del área palentina, pero finalmente se abandonaría dicho intento y, en 1986, la investigación en la cordillera Cantábrica por las universidades de Holanda se terminó definitivamente.

Los trabajos de campo, que se realizaban en verano, duraban entre tres y cinco meses. Normalmente los estudiantes acampaban, ya que no tenían demasiados recursos monetarios, y puntualmente se alojaban en casas vacías. La relación con la gente de la Montaña Palentina por parte de estos estudiantes, no fue muy fluida, en parte por el desconocimiento del idioma y también por el poco tiempo libre de que disponían. Sin embargo, estos investigadores se integraron de alguna manera en la sociedad española del momento. Algunos publicaron sus trabajos en español, actuando así como difusores del conocimiento.

Mención especial merece D. Roberto H. Wagner Bonn, fundador y Director Honorífico del Centro Paleobotánico del Jardín Botánico de Córdoba. Regresando todos los veranos a su casa de Ruesga, Roberto ha seguido estudiando la complicada geología de la Montaña Palentina hasta su fallecimiento en 2018. Entre sus trabajos más conocidos, destacan el descubrimiento y puesta en valor del Paleobosque Carbonífero de Verdeña y el estratotipo Barrueliense en Barruelo de Santullán.

En septiembre del 2009 se celebró en su honor en Aguilar de Campoo, el 16 Congreso Internacional de Paleobotánica. Y posee una placa dedicada en el CIM (Centro de Interpretación de la Minería) de Barruelo. En 2016, la Sociedad Española de Paleontología reconoció su importante contribución a la Paleobotánica española dedicándole un volumen del Spanish Journal of Palaeontology.