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PROVINCIA

Un libro recoge la historia de Vallejo de Orbó al abrigo de la minería

picador
El picador Teódulo Morrondo, en una mina de Vallejo. ARCHIVO F. CUEVAS
Actualizado 01/04/2019 13:43:28
Redacción

‘El valle de los sueños’ es el título de esta publicación de Aruz Ediciones, escrita por Fernando Cuevas y José Sierra. Cuesta 20 euros, está disponible en las librerías de la capital y provincia y repasa la evolución de la colonia minera desde dos perspectivas diferentes.

El pueblo de Vallejo de Orbó, perteneciente al término municipal de Brañosera, nació al abrigo de los yacimientos de carbón que se descubrieron a mediados del siglo XIX en el extremo oriental de la Montaña Palentina.

La sociedad Esperanza de Reinosa fue la responsable del surgimiento de este núcleo poblacional, que fue ampliado posteriormente por la compañía Carbonera Española.

Vallejo de Orbó recibió a cientos de trabajadores en busca de trabajo en las explotaciones del preciado mineral. Toda esta historia queda recogida en el libro “El valle de los sueños”, editado por el sello palentino Aruz Ediciones y firmado por Fernando Cuevas, natural de Barruelo de Santullán y trabajador en el Centro de Interpretación de la Minería de esta misma localidad, y por el leonés José Sierra, profesor de Geografía en la Universidad de Cantabria.

La publicación, que cuesta 20 euros y que está disponible en las librerías de la capital y provincia, repasa la evolución de la colonia minera desde dos perspectivas diferentes.

La primera, escrita por Sierra, abarca desde su nacimiento hasta la Segunda República y aporta un agudo análisis sobre las prácticas paternalistas diseñadas por las empresas, en su afán por controlar la vida de los mineros más allá del espacio de trabajo. En este ámbito, el asentamiento de Vallejo supuso un ejemplo excepcional, ya que las compañías mineras, necesitadas de asentar mano de obra estable junto a sus explotaciones, crearon para sus obreros distintas dotaciones como escuelas, hospital, farmacia, iglesia, cuartel de la Guardia Civil o la sala de cine, la primera de todo el territorio palentino.