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OPINIóN

Los peligros del buen rollismo

Actualizado 02/04/2019 13:06:45
Redacción

La psicología positiva ha puesto los pilares de una industria multimillonaria, en la que prolifera todo tipo de fauna oportunista: coachs vendehumos, apasionados oradores que motivan desde teorías pseudocientíficas e iluminados escritores de libros de autoayuda que rayan lo sectario.

*Artículo firmado por Soledad Caballero

Me confieso adicta a los productos de Mr. Wonderful y sucedáneos y dejo que inunden mi vida de frases positivas y dibujitos. Pero al margen del rollo cuqui, me preocupa el crecimiento desmesurado,

atolondrado diría yo, del pensamiento positivo que parece el nuevo paradigma social. La psicología positiva ha puesto los pilares de una industria multimillonaria, en la que prolifera todo tipo de fauna oportunista: coachs vendehumos, apasionados oradores que motivan desde teorías pseudocientíficas e iluminados escritores de libros de autoayuda que rayan lo sectario. Parecen haber recuperado el pensamiento mágico del chamán de la tribu vistiéndolo con un packaging 5.0 mucho más actualizado y atractivo. Aunque lo de los falsos profetas tampoco es de hoy…

El mensaje que repiten como un mantra es que el éxito, el prestigio, los logros o incluso la salud dependen únicamente de nuestra capacidad para soñar y sonreír. Si logramos desprendernos de pensamientos negativos y evitamos la queja y la crítica — repiten estos gurús—, nos convertiremos en imanes para el éxito y el destino nos recompensará con todo tipo de bendiciones.

El pensamiento positivo se ha convertido en un artículo más de la sociedad contemporánea, infantilizada, consumista, experta en eludir responsabilidades y demandante de anestesia continúa para no enfrentar la realidad. Hoy en día existe una presión casi insoportable, una obligatoriedad de ser positivo y de encarar cualquier circunstancia de tu vida por dura que sea con optimismo y alegría, ondenando algunos pensamientos considerados negativos como la tristeza o el enfado.

Nos atrevemos a hablar de personas tóxicas, los nuevos apestados del siglo XXI, culpabilizando a incluso marginando de este modo a quien no pueda, o no quiera asumir esa regla que te obliga a interpretar cualquier crisis como oportunidad desde el minuto uno. ¿Pero acaso una persona que sufre una pérdida de cualquier tipo o una enfermedad no tiene derecho a sentirse triste, a experimentar miedo e incluso rabia por tener que pasar por ese trance? El apoyo emocional es imprescindible, pero este apoyo no puede derivar en exigir a la otra persona que no se exprese, porque esa es una reacción absolutamente adaptativa ante una situación que entraña sufrimiento. No hay emociones buenas y malas en sí mismas, sino formas más o menos saludables de vivirlas. Estar triste, no te

convierte en una persona más débil, todos pasamos por momentos de crisis, que pueden ser ideales para la reinvención de uno mismo, pero esto conlleva sufrimiento y viene después de un proceso de

digerir, de aceptar, de masticar (que no rumiar) el fracaso, la frustración o el duelo, aunque su sabor sea amargo.