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CERRATO INSOLITO

La Inquisición en el Cerrato

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Actualizado 15/04/2019 11:03:46
Fernando Pastor

La Inquisición tuvo presencia propia en El Cerrato, desde que el 1 de noviembre de 1478 el Papa Sixto IV le abrió la puerta en España con la bula “Exigit sincerae devotionis affectus”.

Además de Villavaquerín y Castrillo Tejeriego, a cuenta de los acontecimientos protagonizados por Francisca Hernández que narrábamos en la entrega anterior, la Inquisición tuvo presencia propia en El Cerrato, desde que el 1 de noviembre de 1478 el Papa Sixto IV le abrió la puerta en España con la bula “Exigit sincerae devotionis affectus”.

Esta presencia queda hoy patente y visible en el escudo del inquisidor Rodrigo Maté, comisario del Santo Oficio de Valladolid, que puede verse en la fachada de la que fue su casa en Castrillo de Onielo, localidad en la que ejerció como sacerdote y en la que también existe una judería que conserva en su fachada imágenes como un ángel exterminador, un masoreta con la torá, unas tijeras de circuncisión…, y en la que no se conservan más símbolos porque los posteriores dueños de la casa destruyeron muchos de ellos en un intento de restar valor histórico al inmueble, por miedo a que se le expropiasen si tenía excesivo valor histórico.

Juderías (viviendas y barrios judíos, y por tanto objeto de persecución por la Inquisición) hubo varias en el Cerrato. En Palenzuela, donde convivieron en armonía cristianos, judíos y musulmanes, con sus respectivos estatutos, existió una de las más importantes de la provincia de Palencia; en la actualidad puede aún contemplarse en el denominado Barrio Nuevo. También en Encinas existió una judería.

En Dueñas, además de una judería con gran influencia en la población y mucho poder (tanto que contribuyó con 23.550 maravedíes a la guerra de Granada), se celebró en 1534 un Consejo General de la Inquisición.

En Magaz al parecer existió un potro de tormentos, aunque no he podido documentarlo.

En Valdecañas de Cerrato Tomás González Tevar, natural de la localidad, Comisionado del Santo Oficio que ejerció de canónigo racionero en Córdoba, creó en 1660 la “Obra Pía de Tevar”, a la que dotó de rentas en Tabanera de Cerrato, Villahán, Dueñas y Valdecañas, logrando más de 100.000 maravedíes anuales destinados a misas, dotes para huérfanos, pagos a maestros de escuela o ayudas para estudios universitarios. Estas rentas se depositaban en la iglesia de Valdecañas, en un arca con tres llaves, custodiadas por tres patronos-administradores perpetuos. En 1940 se redujeron sus dotes a 2.465 pesetas. En 1982 esta institución pasó a depender de la Dirección Provincial de Trabajo de Palencia, y en la actualidad sus fines se limitan a la celebración de actos de carácter religioso.

Juan de Tassis y Peralta, II Conde de Villamediana, sufrió un proceso secreto por parte de la Inquisición, al ser acusado de sodomía con algunos esclavos negros, considerada “crimen pessimun”. Posteriormente sería asesinado, al parecer para evitar el escándalo que este encausamiento inquisitorial suponía.

En algunos lugares del Cerrato existió también la figura del “familiar del Santo Oficio”, una especie de inquisidores por delegación, delatores y encargados de aplicar la jurisprudencia de la Inquisición en los lugares en los que no había Tribunal del Santo Oficio. Es el caso de Esguevillas de Esgueva o de Valoria la Buena, donde ejercieron esa función José y Francisco González Guerra. Ejercer de “familiar del Santo Oficio” daba acceso a la hidalguía.

En Esguevillas además la Inquisición persiguió la creencia en la leyenda de la Fuente de la Mora.

Roberto Gordaliza en su libro “Historias y Leyendas Palentinas”, relata una leyenda relacionada con la Inquisición, “El Conjuro de la Bruja”. Localizada en Vertavillo, cuenta que en una bodega apareció un manuscrito muy antiguo, que habría sido escondido allí para no ser descubierto por la Inquisición ya que relataba prácticas de brujería, en concreto un conjuro para atraer la lluvia. Dado que las novenas y rogativas al uso no habían surtido efecto y la pertinaz sequía seguía asolando los campos cerrateños, los habitantes del pueblo debatieron si cambiar dichas novenas y rogativas por el conjuro encontrado, con todos los temores propios de sustituir a la Providencia por el poder de las brujas. Y decidieron probar. El manuscrito decía que para que lloviera había que invocar a la bruja en una noche de luna llena, alrededor de un fuego, recitando el conjuro 7 veces mientras 7 doncellas vírgenes saltaran el fuego 7 veces; después apagarían el fuego con 7 chorros de vino agrio, y si todo había sido hecho correctamente pasados 7 días comenzaría a llover abundantemente.

Sin embargo transcurridos los 7 días no llovió. Releyeron el manuscrito, comprobando que todo había sido hecho correctamente, pero cayeron en la cuenta de un detalle que no podían asegurar que se cumpliera: ¿en verdad serían vírgenes las doncellas?