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POR CAUCES Y LADERAS

Un programa muy sombrío

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Actualizado 03/05/2019 17:42:53
Por cauces y laderas

De toda la obra audiovisual de Félix R. de la Fuente, lo que probablemente recordemos con mayor calor sea su voz. Su persuasiva, rotunda y grave voz castellana en la que apoyaba sus argumentos dándoles un soporte que les hacía brillar.

De toda la obra audiovisual de Félix R. de la Fuente, lo que probablemente recordemos con mayor calor sea su voz. Su persuasiva, rotunda y grave voz castellana en la que apoyaba sus argumentos dándoles un soporte que les hacía brillar. Pero, en cuanto a las imágenes, nadie habrá podido olvidar la plástica exquisita del vuelo de las rapaces que él presentaba siempre en silencio. Toda la majestad de un águila real, con las alas extendidas sobrevolando sierras y collados, penetrando en el monte con su vista a la busca de presas o batiendo suavemente las alas para ganar altura y acomodarse al viento, toda esa belleza, dejó fijada para siempre aquel buen doctor amante de la naturaleza. Creo que hoy a nadie habría que convencer de la necesidad de conservar en nuestros cielos las bellas evoluciones de las rapaces. Pero otras especies que por su timidez o sus costumbres, son menos visibles, están también en serio peligro de desaparecer. Son los mamíferos carniceros, cuyo representante más popular, de más porte y belleza y por todos conocido “el lince”. Porque a todos estos predadores de caza menor los mantiene el prolífico, simpático e inagotable conejo. Y el conejo, si Dios no lo remedia, está desapareciendo de nuestros montes, o al menos el declive en estos momentos es preocupante. Cuando parecía ceder la mixomatosis, fue la neumonía vírica, la fatídica “peste” que ni Dios sabe de dónde nos llegó. Resulta evidente que, cuando faltan los “gazapos”, desde los zorros, mustélidos, las grandes culebras y la mayor parte de las rapaces, ahora tendrán que “predar”, sobre perdices y pollos, roedores o simplemente carroña. Pero, como los problemas de la caza son siempre tratados como de tercera categoría, nadie parece preocupado por ellos. Cuando mucho, a funcionarios y legisladores se les ocurre prohibir. Prohibir que las poblaciones, se controlen con artes legales. Y, a lo mejor bien prohibidas están esas cosas, aunque la experiencia enseña que las epidemias como la mixomatosis o la vírica dejan las poblaciones con un panorama muy sombrío. Luego algo va mal. Y no estoy poseído por la soberbia habitual del cazador que cree saber de campo más que nadie. Creo que doctores tiene la biología. Pero, aunque no sé poner un huevo, se cuándo está huero. Y las decisiones sobre estos delicados temas les toman la administración a ojo de buen cubero, reuniendo consejos provinciales y autonómicos de caza sin cazadores y oyendo funcionarios que jamás han pisado el campo; prohibiendo que es lo más fácil. En fin: Vamos a quedar mal ante las generaciones venideras. Porque sólo Dios podría reponer una especie extinguida. Y ése parece que, desde los lejanos tiempos de la Biblia, no está por la labor. Y nos ha dejado a nosotros la responsabilidad.