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ENTREVISTAS

“La poesía de siempre sigue adelante con la mala salud de hierro de siempre”

JacobIglesias
Jacob Iglesias, rodeado de una de sus grandes pasiones: los libros.
Actualizado 30/05/2019 18:39:54
Redacción

Después de firmar tres poemarios [“Las piedras del río” (2006), “Horas de lobo” (2012) y “No todas hieren” (2016)], el escritor palentino Jacob Iglesias (Carrión de los Condes, 1980) descubrió en 2018 su otra afición literaria en “Ovejas negras” (Editorial Páramo): un libro de aforismos con el que busca “incordiar, remover algo en las certezas de quien lo lee”, subraya.

Iglesias, casado, sin hijos y afincado en Valladolid, dejó su pueblo hace 21 años y actualmente trabaja en la consejería de Educación de la Junta.

Su próximo proyecto literario, según adelanta en esta entrevista, seguirá la misma línea de su último poemario. “Una poesía sencilla, confesional, agridulce, que mezcle serena alegría y melancolía”, remarca.

JOSE ROJO

Pregunta. Carrionés de nacimiento y afincado en Valladolid ¿Usted fue uno de esos jóvenes que se vio obligado a irse de su pueblo por falta de oportunidades en el medio rural?

Respuesta. Soy uno de tantos chicos de pueblo de las últimas generaciones que decidieron salir para estudiar en la Universidad y no volvieron. Nosotros hemos protagonizado, por voluntad propia, la despoblación que ahora lamentamos. Sería un error responsabilizar de ello a las administraciones sin mirarnos antes al espejo.

P. ¿Qué porvenir se ha labrado en Valladolid?

R. Un porvenir sin demasiados sobresaltos profesionales, estable, casi feliz, que diría Baroja. Algo que debería ser normal en el mercado laboral y que es una excepción, casi un lujo, desgraciadamente.

P. ¿Cómo ve hoy Carrión de los Condes?

R. No voy demasiado últimamente, pero lo veo como un pueblo aparentemente estable, que mantiene población y actividad, pero que en verdad está en la encrucijada: el turismo, siendo un recurso necesario, no es la panacea para mantener pueblos como Carrión. Ha aplazado el problema de fondo. Y eso se está viendo, por mucho Fitur y mucho Camino de Santiago que quieran vender las administraciones.

P. ¿Volvería al pueblo?

R. No lo veo factible en un futuro cercano. Guardo un cariño especial por el pueblo en que nací y crecí, pero no me veo viviendo ahora mismo allí.

P. El 4 de junio participará en el encuentro ‘Mientras la ciudad duerme’, organizado en el marco de la Feria del Libro de Valladolid. ¿De qué hablará junto al también poeta zamorano Juan Manuel Rodríguez Tobal?

R. ‘Mientras la ciudad duerme’ es un ciclo de lecturas que desde hace años lleva organizando la Feria del Libro de Valladolid y que busca confrontar a dos poetas entre los que puede existir cierto “parentesco literario”, o cierta afinidad. Este año mi papel se limitará más al de presentador e interlocutor de Juan Manuel Rodríguez Tobal, un interesante poeta de origen zamorano.

P. Tres poemarios cimentaban su carrera literaria hasta el año pasado, que sorprendió con la publicación de un libro de aforismos. ¿Sintió ganas de romper con lo anterior?

R. Llevaba años escribiendo algunos aforismos en cuadernos donde anotaba toda clase de apuntes e ideas. Ahí está el origen de ‘Ovejas negras’, que luego fue creciendo por libre, al margen de esos cuadernos, ya metido de lleno en escribir aforismos.

P. ¿Qué temas aborda en ‘Ovejas negras’?

R. Los libros de aforismos permiten abordar toda clase de temas y asuntos. Al ser una escritura fragmentaria, que huye de todo sistema, es posible escribir sobre cualquier cosa. En mi caso, además, me permite tratar asuntos que no soy capaz de tratar en un poema, probablemente por escribir una poesía intimista, confesional.

P. Es un poco o un mucho cajón de sastre…

R. Podría verse así, ciertamente. Al mezclar tantos asuntos, puede dar la impresión de ser un cajón de sastre, pero si uno ha logrado su objetivo, el lector tendría que darse cuenta de que hay temas que se van repitiendo a lo largo del libro, que el autor va abordando casi obsesivamente desde distintos puntos de vista, a veces incluso contradictorios.

P. ¿Qué fines persigue con sus aforismos?

R. El aforismo tiene una larga tradición centrada en condenar las contradicciones y astucias del ser humano desde un punto de vista ácido, desengañado. En parte me acojo a esa tradición, y ese tipo de aforismos buscan incordiar, remover algo en las certezas de quien lo lee. Pero también dejo espacio para la observación irónica, el juego de palabras, el apunte poético. Estos otros aforismos buscan sorprender al lector, suscitar en él una mirada distinta, fuera de lo cotidiano o de lo convencional.

P. Diez años separan su primer poemario (‘Las piedras del río’) del último (‘No todas hieren’). ¿Qué ha ganado y qué ha perdido en su forma de escribir en este espacio de tiempo?

R. Ha ganado lo que cualquier persona gana con el paso de los años: experiencia vital, que va dejando en los versos un poso de autenticidad, una mirada más cabal al mundo, y por otra parte experiencia literaria, que enseña ciertos trucos del oficio y, sobre todo, a no incurrir en ciertos errores. Ha perdido lo que todo el mundo pierde también con los años: la fe, una fe absoluta en las posibilidades de la poesía que tenía cuando era más joven, cosas de criarse con los románticos. Al final, uno descubre que la poesía no es más que palabras. Nada más, y nada menos.

P. ¿Siguen siendo malos tiempos para la lírica?

R. Son buenos tiempos para nuevas formas de poesía: la poesía que hace más énfasis en el espectáculo que en la lectura reposada; la poesía que devoran los adolescentes igual que las canciones de sus grupos favoritos, porque les dice cómo se sienten. La poesía de siempre, la que nos acompaña sin levantar la voz, sigue adelante con la mala salud de hierro de siempre.

P. Usted ha ganado dos certámenes poéticos: El II Águila de Poesía de Aguilar de Campoo con su primera publicación y el I Premio de Poesía Origami que promueve la editorial que le da nombre con ‘Horas de lobo’. ¿Este tipo de convocatorias son una de las pocas vías existentes en España para dar salida a la poesía?

R. Sí, la forma mejor de publicar un libro en nuestro país es a través de un premio literario. Existen cada vez más editoriales pequeñas, pero su vida, por desgracia, suele ser corta. Y editoriales que directamente buscan hacer negocio con la ilusión de la gente y proponen autoediciones encubiertas. Así que la vía lógica son los premios, aunque a menudo una vez hecha la foto con las autoridades para el diario local, los libros se queden cogiendo polvo en los almacenes del ayuntamiento o diputación de turno.

P. ¿Sigue presentándose a concursos de poesía?

R. Hace unos años que ya no lo hago, he dejado que algunos editores confiaran, quizá de forma temeraria para su empresa, en mis libros. Sin embargo, no reniego de los premios y creo que el próximo libro que tenga listo intentaré publicarlo a través de algún premio.

P. ¿Ya tiene el engranaje de su próximo proyecto literario? Dénos unas pinceladas…

R. Aunque soy un escritor lento, no dejo de escribir, y actualmente voy atisbando un futuro libro que seguirá en la misma línea del último libro de poesía, ‘No todas hieren’. Una poesía sencilla, confesional, agridulce, que mezcle serena alegría y melancolía.

P. ¿Es un lector empedernido?

R. Lo soy, casi diría enfermizo, más que empedernido. Soy un tipo muy rutinario, y entre mis costumbres de cada día no puede faltar leer el periódico y algún libro, normalmente ando liado con varios a la vez.

P. ¿Qué autores o género le chiflan?

R. Obviamente leo mucha poesía, y ahí me gustan especialmente los autores que escriben una poesía sencilla, que aúne emoción y meditación, como Eloy Sánchez Rosillo, Fermín Herrero o Karmelo C. Iribarren, por decir algún nombre. Pero, aparte, soy gran lector de diarios y memorias. Nunca falto a mi cita con los diarios de Andrés Trapiello o de José Luis García Martín.

P. ¿Lee en papel o se decanta por el ‘e-book’?

R. En papel, siempre. No reniego del libro electrónico, creo que es un aparato cómodo para leer, pero yo no consigo acostumbrarme a ese formato. Necesito el libro en papel. A pesar de los problemas de espacio que ello conlleva en casa.

P. En su opinión, ¿las nuevas tecnologías favorecen la lectura?

R. El único enemigo real de la lectura es el analfabetismo y, por suerte, hoy ya no lo es en buena parte del mundo. Las nuevas tecnologías son enemigas no solo de la lectura, sino de cualquier forma de placer que requiera concentración durante más de unos minutos, desde la conversación a ver una película.

P. Tiene 39 años. ¿Se ve escribiendo toda su vida?

R. Espero que no. Confío en que, llegado el momento, sepa darme cuenta de que he escrito todo lo que era capaz de escribir, lo deje y viva, como decía Gil de Biedma, entre las ruinas de mi inteligencia. Si algo hay triste en la literatura es la imagen del escritor que chochea, que escribe y publica por inercia, como otros viejos se dedican a cultivar el huerto o hacer calceta. Lo que no creo que pueda dejar nunca de hacer es leer.

Personalísimo

“No aguanto el orgullo mal entendido por lo propio”

- Signo del horóscopo… Tauro.

- Vicio confesable… El chocolate.

- Película para recordar… ‘Deseando amar’, de Wong Kar-Wai.

- Actor… Robert de Niro (incluso el de las comedias últimas).

- Actriz… Julianne Moore.

- Animal… El gorrión.

- Color… El verde.

- Libro predilecto… Cada mes suelo tener uno distinto. El último, ‘Vendrán más años malos y nos harán más ciegos’, de Rafael Sánchez Ferlosio.

- Coche que tiene… Un Seat Ateca.

- En cuestión de cocina se muere por… Los arroces.

- La canción que le levanta el ánimo se titula… ‘Every you every me’, de Placebo.

- En su relación con las personas no soporta… El afán de protagonismo.

- Por el contrario, valora… El sentido del humor.

- Siente envidia sana por… La gente que sabe contar bien anécdotas.

- Rasgo que le define… La timidez.

- Su gran defecto… La pereza.

- Su mejor sueño… No suelo recordar lo que sueño.

- Cuando le presentan a una persona se fija en… Su nombre, para no olvidarlo.

- Los sábados por la noche disfruta… Tomando algo por ahí con amigos y acostándome pronto.

- El rincón favorito de su casa es… La biblioteca, o mejor dicho los distintos lugares de la casa donde acumulo libros sin demasiado orden.

- De Palencia no aguanta… Ese mal común a tantas provincias pequeñas que es el orgullo mal entendido por lo propio.

- Y lo que más le gusta de los palentinos es… No sé si hay un rasgo propiamente palentino, pero me atrevería a decir que la ausencia de dramatismo ante los acontecimientos es algo que se da más por estas tierras y que me gusta.