Disponible en
Ir a la versión móvil App para iOS App para Android en Google Play
Síguenos en twitter Estamos en Facebook
Compartir:

OPINIóN

Otoño del 84

otono
Actualizado 03/06/2019 12:17:06
Redacción

Una de las ventajas del otoño en Palencia es que la temperatura en esa época es apacible, especialmente en la franja central, y, en consecuencia, invita a disfrutar del tiempo, incluso a horas intempestivas.

Artículo firmado por ANTONIO ÁLAMO

Una de las ventajas del otoño en Palencia es que la temperatura en esa época es apacible, especialmente en la franja central, y, en consecuencia, invita a disfrutar del tiempo, incluso a horas intempestivas. Saldaña, quizá, sea uno de los enclaves geográficos que marcan ciertas diferencias aunque en octubre, por ejemplo, es recomendable tener a mano un jersey o llevarlo puesto. Más arriba, camino de Guardo, las cosas ya cambian porque en la larga paramera que conduce a la villa el viento se nota en demasía, especialmente a la altura de Valcabadillo (con b de brisa) y la temperatura es inferior. Y en el otro lado, Alar del Rey tal vez sea el otro lugar geográfico que sirve de frontera porque unos kilómetros más arriba el uso del jersey ya es habitual en los atardeceres de finales de agosto. Aguilar de Campoo, además de bonito, lo prueba. Al menos así será hasta que el cambio climático provoque una subida de la temperatura.

Carrión de los Condes, sin embargo, es diferente en esa época: sobra el jersey. Incluso por la noche. Por regla general, se puede estar en la terraza de una de las cafeterías de la plaza pasadas las doce sin temor a enfriarse. Y lo mismo vale para las afueras. Situada la villa al pie del Carrión, tiene una plaza recoleta, más o menos abrigadaM que contribuye a que los momentos de relajación se alarguen siempre y cuando los dueños de los establecimientos consientan en cerrar tarde. Como las Cortes de Castilla y León pero en versión rural. Lo que se hable allí en esos ratos de solaz es ya otra historia que apenas merece interés. Y lo mismo podría decirse de quienes apuran los ratos nocturnos, lejos del calor que durante el día y en esas fechas puede aplanar a quienes allí viven.

Quizá por eso, por la sensación de estar en los últimos minutos de la jornada, rematando los flecos del día, aquellos a los que les faltaba un pespunte o un ligero planchado, quizá por eso, las conversaciones pueden resultar intrascendentes o surrealistas, todo depende. En una de ellas, registrada un domingo de finales de octubre de 1984, un vecino de la localidad sacó del bolsillo un par de cuartillas dobladas y se las entregó a su interlocutor para que las leyera con calma. Lee esto, dijo. Habían pasado las doce, en la mesa de la terraza podían verse un cenicero, los recipientes de un par de bebidas refrescantes y dos vasos con cubitos de hielo. Estaban escritas en una vieja máquina de escribir cuya cinta agonizaba de lo poco que marcaba. El texto contaba una historia sobre los problemas económicos y laborales de una empresa zamorana y las razones que le impulsaron a airearlo son difíciles de explicar aunque todo apunta a que una de ellas, seguramente la única, tal vez fue una cortesía, en la confianza de que quien lo leía aquella anoche guardaría silencio.

Aquellos dos folios, sin embargo, ya estaban en la sede de la Hoja del Lunes de Valladolid y a primera hora de la mañana aparecieron primorosamente maquetados. Fue una sorpresa enorme que inmediatamente después se utilizó políticamente para intentar acabar con la figura de Demetrio Madrid, entonces presidente de la Junta de Castilla y León. Los antecedentes de aquella historia, cuyos protagonistas fueron correligionarios de quien fuera el primer presidente de esta comunidad, se localizan en Zamora, diez meses antes, justo cuando la Ser anunció el 30 de diciembre de 1983 que la empresa Pekus de Demetrio Madrid tenía problemas económicos. A partir de aquel día comenzó un calvario que culminó con su renuncia, dos años después, anunciada en una rueda de prensa a la que su sucesor no asistió.

Demetrio Madrid –presidente casi por casualidad, tal vez porque el secretario general y teórico candidato, Juan Antonio Arévalo, renunció meses antes por motivos personales a ser aspirante prácticamente con las elecciones encima, en una operación que siempre permaneció en una nebulosa difícil de describir– fue finalmente exonerado. El suyo fue el único triunfo socialista en unas elecciones autonómicas en Castilla y León y el de Luis Tudanca es, tras varias décadas de gobierno de la derecha conservadora, el segundo. Las circunstancias de uno y otro son distintas y no pueden compararse porque en el caso de quien ha logrado la victoria ahora ni siquiera tiene una mayoría absoluta que le permita, como a su compañero, poder gobernar con tranquilidad. Esa es la mayor diferencia entre aquel momento y el actual. Pero hay otra: uno dependió de sus correligionarios y otro de un rival político.