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POR CAUCES Y LADERAS

Una leyenda de pesca: "La trucha del tocón"

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Actualizado 03/06/2019 11:31:31
Por cauces y laderas

Si miras desde arriba, puedes ver como la parte del “tocón” que sobresale del agua, se mueve, ¿lo has visto? Tres o cuatro veces he intentado pescarla varios días, pero resulta, muy difícil, la cueva debe de estar cerca de los dos metros de profundidad, y resulta complicado colocar el cebo de forma natural, ya que la corriente lo arrastra casi de inmediato hacia el pozo.

-Te puedo asegurar que mueve el “Tocón”, debe pesar más de 6 kilos, es una trucha enorme ¿y dónde dices que está? Un poco antes del “Pozón del Aliso”, hay dos corrientes, pues al final de la que está más próxima a la orilla, ya casi entrando en el pozo, hay un “tocón” grande, debe tener la cueva debajo de ese “tocón”. Si miras desde arriba, puedes ver como la parte del “tocón” que sobresale del agua, se mueve, ¿lo has visto? Tres o cuatro veces he intentado pescarla varios días, pero resulta, muy difícil, la cueva debe de estar cerca de los dos metros de profundidad, y resulta complicado colocar el cebo de forma natural, ya que la corriente lo arrastra casi de inmediato hacia el pozo. ¿Qué cebo le has puesto? ¡Joder, pues pez vivo! Y también una lombriz grande y gorda, sujeta al anzuelo solo por la cola, para que se mueva bien, pero, ni caso. Ayer me pasé toda la tarde intentando engañarla, cambiando el peso del plomo para tratar de acercar el cebo a la cueva y ni siquiera conseguí verla. Creo que había que intentarlo por la noche, esas truchas grandes son muy desconfiadas y casi siempre comen de noche.

-Sí, eso pienso yo, pero ayer estuve casi hasta las once, era ya de noche cerrada y, ni por la tarde ni al anochecer ni tampoco por la noche, nada, no hubo forma, pues tenemos que pescarla de la forma que sea, con una red o tal vez a mano si no entra al cebo. Va a resultar muy difícil, con una red no puedes acercarte y la corriente la arrastraría, y a mano no creo que, ni siquiera bajando los dos, fuéramos capaces de sujetarla, ese bicho debe de tener una fuerza enorme, ¿y si dejáramos una cuerda por la noche con una lombriz? -Tal vez se enganchara, pero no tendríamos la satisfacción de pescarla, prefiero seguir intentándolo durante algunos días, y si no lo consigo hay que pescarla como sea, esa trucha se come todas las crías de truchas que pasen por delante.

Esta era la conversación que mantenían dos viejos pescadores del lugar en el bar de Hilarino, mientras saboreaban un humeante y rico café. Hilarino que los había escuchado, y que fue pescador, intervino diciendo:-Yo creo que se trata de trucha del “Tío Pascasio”, estuvo casi todo el año pasado detrás de ella tratando de pescarla y no lo consiguió, entonces estaba en otro pozo más próximo al “ puentecillo del arroyo”. -Si es posible que sea la misma, no creo que haya muchas truchas como esa en el rio; creo que debe de pesar más de 6 kilos, voy a dejarla descansar unos días, y después volveré a intentarlo. El sobrino de Hilarino, Pepín, que estaba detrás de la barra del bar, lavando vasos y ayudando a su tío, había escuchado toda la conversación sin perder detalle, mientras pensaba que tenía que ir a ver como la trucha movía el “tocón” y después debía preparar un aparejo para pescarla. Fue aquella misma tarde, se acercó por la parte de arriba del pozo y tumbándose, asomó ligeramente la cabeza para tratar de ver sin ser visto. Al cabo de un buen rato de mirar fijamente al “tocón” creyó que este, efectivamente se movía, peor no era capaz de determinar si el movimiento era del agua o del Tocón, porque a la trucha no consiguió verla.

Al día siguiente, al salir del colegio, volvió al mismo lugar con un par de amigos a los que les había contado el tema de la enorme trucha. Estos, en un principio no les creyeron, uno de ellos, Teo, algo mayor que Pepín, que presumía de pescador, le decía cruzando el prado que les separaba del río. No puede ser, por grande que sea la trucha no puede mover ese “tocón”.

-A mí me pareció que ayer se movía, además era lo que Caitos le decía a Valentín. Caitos tenía una gran reputación como pescador, por lo que Satura el otro amigo que iba con ellos dijo: Si lo dijo Caitos tiene que ser verdad. Ante la eficacia del argumento de Satura, Teo no hizo ningún comentario, estaban llegando al río y Pepín, les dijo, id despacio, agachaos y asomad solo la cabeza, a ver si la sorprendemos. Se agacharon, después se tiraron al suelo, y se acercaron poco a poco hasta asomar la cabeza por el pequeño cortado que separaba el río, unos metros más abajo, entonces la vieron, la trucha se mantenía majestuosamente en la corriente a dos palmos escasos por debajo de la superficie. Enmudecidos la contemplaron durante un rato, casi paralizados, por el asombro; jamás en sus correrías por el río habían viso una trucha de aquel tamaño. ¿Habéis visto? Susurro Pepín. Permanecían callados, mientras la trucha se desplazaba lateralmente controlando lo que la corriente le aportaba, por dos veces la vieron coger un mosquito arriba en la superficie, y al cabo de un tiempo, más bien largo, Pepín arrojo al agua una pequeña brizna de madera seca. Cuando esta cayó al agua, la trucha se dirigió al lugar del impacto, volviéndose casi inmediatamente a su postura. Se levantaron, y en ese momento la trucha desapareció debajo de “Tocón” -¡Le ha movido! Dijeron al tiempo los tres, estaba comiendo mosquitos dijo Teo, creo que la mejor forma de pescarla es esperar a que esté arriba y lanzarla un mosquito sin que nos vea. Sí, contesto Pepín, pero ¿cómo la sacamos del agua? No la podemos subir rompería la caña o el sedal. No, dijo Teo, una vez clavada la aguantamos, uno de nosotros baja a la orilla mientras otro sujeta la caña, después pasamos la caña hacia abajo y desde la orilla la cansamos hasta poder orillarla. Sí, puede ser la mejor solución. Al día siguiente prepararon un aparejo con un sedal del número 30, que Pepín había cogido de una de las bobinas de su tío, Teo llevaba media docena de mosquitos y una caña de casi cinto metros, provista de un puntal de bambú pintado de verde; ataron fuertemente el sedal a la puntera de la caña y sujetaron un mosquito con mucha pluma al extremo. Observaron cuidadosamente a la trucha, que se encontraba en el mismo lugar del día anterior. Con infinitas precauciones y sin dejarse ver, dejaron caer el mosquito para que flotaran sobre el agua, levantando ligeramente la punta de la caña. El mosquito, impulsando por la suave brisa danzaba en la superficie, y la trucha alertada por el movimiento se lanzó sobre él quedando prendida. Pepín creyó que la caña se le iba de las manos, de forma que se tiró encima de ella sujetándole con el cuerpo, Teo y Satur habían bajado a la orilla y le pedían a este que les diera la caña, ¡Joder, como tira, no la puedo sujetar! Esperar un poco decía Pepín mientras veía como el puntal se doblaba ¡Va a partir la caña! Y, como si hubiese sido una pronunciación, los tres observaron desconsolados, que el puntal se desprendía del resto de la caña.

Yendo a parar el agua, donde quedó flotando. Si conseguimos enganchar el puntal, podemos coger la trucha dijo Satur, con el resto de la caña que les quedaba, lograron enganchar el puntal, pero al tratar de acercarlo, la trucha se desplazaba llevándoselo, lo consiguieron al cabo de sufrir un largo rato y después que Teo se quedara en calzoncillos para meterse en el agua, la trucha estaba todavía en el extremo de la línea, y manteniéndolo está en la mano entre los tres, sentían sus “arreones” y debates en el agua, pasó casi una hora hasta que consiguieron llevarla a una zona de aguas tranquilas. Pepín mantenía la línea entre las manos tras Teo y Satur, que también se habían desnudado, se metían en el río tratando de cogerla. Al final lo consiguieron, los cuatro se tumbaron sobre la hierba, ellos orgullosos y felices, y la trucha vencida. Satur y Teo se pusieron al sol para secarse y después se vistieron, los tres contemplaban extasiados a la trucha vencida y no advirtieron la llegada de una pescador, que por su atuendo, debía de ser de la capital, este al ver la trucha les dijo con incredulidad ¿La habéis pescado vosotros? Sí señor, contestaron, no ve usted que todavía tiene el mosquito en la boca. Que os parece, si os doy 150 pesetas por ella, 50 pts. para cada uno. Los tres amigos se miraron, en aquellas fechas la cantidad ofrecida por la trucha erra para ellos una pequeña fortuna, les permitiría comprar una caña nueva, sedales, anzuelos y mosquitos, pero Pepín, tal vez acostumbrado a ver negociar a los paisanos en el bar los días de mercado, dedujo que si les ofrecía 150 pts., la trucha valía bastante más, por lo que dijo: No, no la vendemos por menos de 300 pts., así repartimos 100 pts. Para cada uno. El pescador se quedó pensativo durante un rato, y les dijo: Bueno, una trucha como esta no se ve todos los días, os daré las 300 pts., pero con una condición, no podéis decir a nadie, ni que la habéis pescado, ni por tanto vendido. El pescador sacó las 300 pts. de la cartera y entregándoselas a Pepín, repitió, lo dicho chavales, ni una palabra a nadie. Después cogió la trucha por las agallas y se dirigió a un pequeño coche que tenía aparcado junto a la carretera, desapareciendo al poco rato, los tres amigos, se quedaron contemplando los billetes correspondientes a cada uno, pensando que por ellos habían sacrificado su orgullo personal de presentarse en el pueblo, exhibiendo la trucha del “Pozón del Aliso”. Pero, lo más curioso del caso resultó que Caitos y Valentín, así como otros pescadores del pueblo y algunos más de ahí fuera que se enteraron, estuvieron todo el año, hasta casi las primeras crecidas del otoño, persiguiendo a la trucha del “ Pozón del Aliso”, asegurando que el “ tocón” seguía moviéndose, pero sin conseguir pescarla.

En fin, Ignoraban que la trucha ya no estaba allí….