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NUBES Y CLAROS

Amor líquido

BAUMAN
Actualizado 31/07/2019 10:54:53
Soledad Caballero

El amor líquido es deliberadamente fugaz y fragmentario, pues se acoge a la lógica de lo desechable, de lo incierto, de lo inestable… La gente no quiere correr riesgos, quiere salir ilesa, sin secuelas, sin cicatrices de la experiencia amorosa.

Hace ya casi tres décadas que comenzó a hablarse de entornos VUCA (siglas en inglés de volátil, impredecible, complejo y ambiguo) para referirse a la vorágine de cambios que marcan nuestra vida diaria en cualquier aspecto. Dentro de esta dinámica de renovación constante y vertiginosa, no sólo los objetos que adquirimos tienen una vida cada vez más efímera, sino también las relaciones. Vivimos en una sociedad donde resulta más económico y gratificante reponer que reparar y esto provoca una creciente fragilidad en los lazos y vínculos humanos de cualquier tipo. El mundo de usar y tirar no se limita pues a las cosas, sino que se extiende a las personas.

Para los que penséis que estoy exagerando, me remito al eminente sociólogo Zygmunt Bauman, que en 2005 acuña un término nuevo para los vínculos que sostienen las relaciones de pareja contemporáneas: “amor líquido”, consecuencia de una sociedad igualmente líquida. En términos darwinistas es sin duda mucho más eficaz que algo sólido en cuanto a su mayor capacidad de cambiar de forma, evolucionar y adaptarse, pero también es más etérea, insustancial y en cierto modo más hueca.

El estilo de vida del mercado de consumo se hace extensivo al deseo y al amor: todo es inmediato, sin apenas preparativos, ni elecciones, ni renuncias, ni por supuesto, demora de la gratificación, el sacrificio más aborrecido de este mundo donde la velocidad es el valor supremo. Al igual que cualquier producto, la relación es para consumo inmediato y de un solo uso, descartable y reemplazable al 100%, si sale defectuosa o no nos satisface. Además, cualquier relación se analiza en términos de inversión y como tal, si en el balance de cuentas descubrimos que ya se ha amortizado la escasísima inversión inicial y que actualmente nos da más pérdidas que ganancias ejercemos el derecho al abandono y a otra cosa mariposa.

El amor líquido es deliberadamente fugaz y fragmentario, pues se acoge a la lógica de lo desechable, de lo incierto, de lo inestable… Se pide menos y por supuesto se ofrece menos aún, no se concibe la dificultad, el esfuerzo, ni el sufrimiento, si en algún momento aparecen estos escollos, la relación pasa a etiquetarse rápidamente como tóxica y por lo tanto a ser algo de lo que hay que huir como de la peste. La gente no quiere correr riesgos, quiere salir ilesa, sin secuelas, sin cicatrices de la experiencia amorosa. El usuario de amor líquido, que se parece más a un consumidor que a un amante, se contenta con migajas afectivas y una sexualidad más superficial y casual, ante el miedo a saltar sin red, a quedarse atrapado en un compromiso que pudiera privarle de disfrutar de otras potenciales y prometedoras relaciones monodosis.