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CERRATO INSOLITO

El cojo que juega al frontón

cerratoinsolito
Actualizado 18/06/2019 10:28:47
Fernando Pastor

A Máximo Montoya García le llamaban “Maxi el cojo”... Hace unos días me enteré de su fallecimiento. Y me vienen a la mente mis largas conversaciones con él para este proyecto de Cerrato Insólito.

A Máximo Montoya García le llamaban “Maxi el cojo”, porque en 1949, cuando aún no había cumplido los 5 años, le atropelló el coche de línea que cubría el trayecto entre Cevico Navero y Palencia.

Era por la tarde. Máximo estaba sentado en un bolinche al borde de la carretera, en su pueblo, Villaviudas, pero salió a la carretera a por un balón que le habían tirado jugando. Se asustó al ver el autocar y se cayó, y autobús le pilló la pierna izquierda. Le llevaron al hospital de Palencia y estuvo a punto de morir desangrado, pero le hicieron una transfusión de sangre y fue mejorando. Estuvo tres meses ingresado y finalmente tuvieron que amputarle la pierna porque la tenía completamente destrozada. Del pie derecho también le tuvieron que operar porque le apoyaba mal, y no quedó bien del todo.

Nunca tuvo complejo. Comenzó andando agarrado a una silla, y se cayó por las escaleras varias veces. Después anduvo con una muleta, y la dominaba de tal forma que no le impedía hacer lo que quisiera: nadaba; montaba en moto; andaba en bicicleta pedaleando con una sola pierna y llevando la muleta en la barra; iba a pescar (con caña, con red, con cuerdas, o a mano) peces y cangrejos en el arroyo Tablada; trepaba a los árboles a coger grajos o pigazos; corría por encima de la muralla que rodea la iglesia; iba con un burro y cántaros al pozo a por agua; iba al campo a trillar…

En las fiestas, saltaba a la plaza de toros cuando había vaquillas y les daba capotazos, participaba con las peñas, bailaba como el que más en las verbenas, competía en las carreras de sacos con la muleta dentro, en las carreras de cintas, en las cucañas trepando por un poste untado de manteca intentando coger el pollo que ponían en la cúspide…Y puesto que solía ganar exclamaba “¡¿pero quién está cojo aquí, vosotros o yo?!”

Pero sobre todo jugaba al frontón. Y también ganaba.

Siendo muy joven trabajó 5 años de panadero, en la “Panaderia El Rey”, en Villaviudas. Iba a por leña para calentar el horno, hacía los moldes, hacía panes y los pesaba para que fueran justo de un kilo (que luego se vendían a 7,10 pesetas, aunque a veces para dar crédito a los vecinos se entregaba un vale por cada pan y cuando se acumulaban 100 pagaban 710 pesetas). En Pascua hacía también rosquillas, mantecados, magdalenas…

Las chicas le pedían a Maxi que les hiciera dibujos en el pan, y él dibujaba con una cuchilla lo que le pedían: una flor, un corazón, etc. de forma que tras cocerse se quedaba el dibujo en la corteza, y los padres le decían a Maxi “no les dibujes nada en los panes, que se lo comen de una sentada y no dejan nada para los demás”.

Repartía el pan con un carrito con toldo y tirado por un caballo, tanto por Villaviudas como en Reinoso.

En 1961, con 17 años, solicitó una pierna ortopédica y se la concedieron. Se la hizo un ortopédico en Palencia. Se la puso y anduvo con ella, pero la usó poco tiempo ya que con 20 años se marchó a Toledo a aprender a tallar la madera y la pierna ortopédica se la dejó en casa. Cuando regresó ya no le valía, pues había engordado y no le encajaba en el muñón, por lo que no se la volvió a poner.

En Toledo estuvo tres años. Su tiempo libre lo dedicaba a divertirse en el baile (en La Vega, fuera de la ciudad, ya que el Obispo no permitía los bailes públicos en la ciudad) y sobre todo a su afición favorita: jugar al frontón.

Pese a que estaba prohibido jugar a la pelota en las paredes del Alcazar, él lo hacía. Se lo permitían porque atraía a muchísima gente para ver jugar al frontón a una persona con una sola pierna. Sus contrincantes eran cualquier persona que quisiera jugar, y generalmente ganaba él. Esto le granjeó gran popularidad y todo el mundo le paraba en la calle para saludarle. La expectación creada hizo que se desplazara una revista francesa a hacer un reportaje con el título “Le boiteux qui joue au fronton” (traducido: “El cojo que juega al frontón”).

Pretendió participar en los juegos paralímpicos (dominaba varias modalidades: pelota a mano, ciclismo, etc.) pero finalmente renunció porque le contrataron para tallar madera, que era lo que había estudiado.

De vuelta a Villaviudas trabajó en el Ayuntamiento haciendo un poco de todo: alguacil, pregonero, cobrador de impuestos, repartidor de avisos, encargado de las piscinas en verano, encargado de las aguas de Villaviudas y Baltanás, organizador de juegos infantiles y bailes de disfraces (en los que además participaba), etc.

Hace unos días me enteré de su fallecimiento. Y me vienen a la mente mis largas conversaciones con él para este proyecto de Cerrato Insólito.