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OPINIóN

La ética de la tierra

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Actualizado 02/07/2019 10:54:31
Flaviano Casas Martínez

La gran mentira difundida reiteradamente por el capitalismo predador, no preservará la Tierra del colapso, sino la sociedad combativa y concienciada que rechaza el injusto orden impuesto, la progresiva degradación, la extrema insolidaridad.

El planeta Tierra, la Casa Común donde habitamos, sufre las transgresiones del hombre en toda su dimensión. Arboricidio, destrucción de las selvas, exterminio de las Comunidades indígenas, atentados de las multinacionales de extracción minera, continuas y forzadas migraciones provocadas por las guerras. “Somos de la Tierra”, solar de unos pocos donde no “caben” todos. Patria común usurpada por los amos del mundo donde se oye el clamor de la injusticia, el estruendo de las bombas, el grito de los desposeídos, el llanto de los hambrientos.

Amar y preservar la Tierra se ha convertido en una necesidad vital, con exigencia de compromiso cívico y denodada lucha a nivel personal y colectivo. Para cambiar el “orden” destructivo de nuestra era, primero hay que cambiarse a uno mismo y denunciar a los falsos recreados de espejismos, que tratan de anular el pensamiento crítico. Como viniera a decir Thoreau, abundan los creadores de conceptos, “profesores de filosofía que no son filósofos”.

La gran mentira difundida reiteradamente por el capitalismo predador, no preservará la Tierra del colapso, sino la sociedad combativa y concienciada que rechaza el injusto orden impuesto, la progresiva degradación, la extrema insolidaridad.

El ecologismo comprometido se enfrenta al saqueo de recursos, al control imperante de las multinacionales que sustentan las “patentes” de la vida, alteran la lógica de los mercados y se adueñan incluso de latifundios continentales. Asimismo denuncia el envenenamiento de la atmósfera, (“dieselgate”), alteración de emisiones, trucaje de motores con expulsión de cientos de miles de toneladas de gases producidos por más de 11 millones de coches.

Los suelos mineralizados, las aguas contaminadas, la bio-diversidad herida de muerte, exigen lucha sin cuartel en la que no cabe la debilidad ecologista. La desaparición de los pueblos, de los pastores y del campesinado, tierra el ciclo de un modelo depredador engendrado por los mercaderes, los gobiernos títeres y los políticos adscritos al sistema.

El daño irreparable de las concentraciones parcelarias, el desmesurado tamaño de las macro-granjas, y en suma el modelo impuesto a través de las envenenadas fórmulas de la P.A.C., aceleran los procesos de desertificación, la huída masiva de las gentes del Campo, la inseguridad alimentaria, la pérdida de bosques y paisajes, así como la irrefrenable destrucción de los ecosistemas.

Recientemente la multinacional Syngenta ofrecía un proyecto engañoso de “recuperación de la biodiversidad”. Consistía simplemente en crear alineaciones de floresta sobre las lindes de las fincas, cuando en realidad ya no quedan ni lindes, y además la mortífera guadaña del glifosato arrasa arbustos, hierbas y floresta.

La madre Naturaleza y la reflexión filosófica (Errata Naturae), nos retrotrae a los clásicos de la Ecología a través del compromiso cívico y la conciencia social. Los mártires del ecologismo y las figuras míticas entregadas a esta noble causa, nos impulsan al activismo medioambiental que aflora de las fuentes de la Ética de la Tierra. Somos conscientes de que el mal concebido progreso nos acompaña al funeral de millones de especies, a la destrucción de los hábitats terrestres y acuáticos, de emblemáticos paisajes, de la flora y la fauna exterminadas por la necedad, la ambición desmedida y la ceguera de políticos cortoplacistas.

La riqueza y el patrimonio natural malversados por el hombre, los salvajes atentados al planeta, los predadores que arrastran el futuro al mar de su propia destrucción, ¡ay!, son los auténtico Ladrones de la Naturaleza, aquellos que roban vitales recursos a la presente y futuras generaciones, destruyendo la Vida y la Paz.