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OPINIóN

Frente Popular

Urna_electoral_1
Actualizado 02/07/2019 11:03:09
Redacción

Una de las fotos, incluso, mostraba el documento oficial con las rúbricas de Teodoro García Egea y Javier Ortega-Smith, pero lo interesante no era eso sino su contenido.

Artículo escrito por Antonio Álamo

Mediada la tarde del pasado martes 25 pudo verse en la prensa una reproducción del pacto secreto suscrito entre el Partido Popular y Vox para gobernar en diferentes municipios españoles. Una de las fotos, incluso, mostraba el documento oficial con las rúbricas de Teodoro García Egea y Javier Ortega-Smith, pero lo interesante no era eso sino su contenido. El texto contiene tres apartados y el primero es esclarecedor porque indica que “VOX apoyará la investidura de alcaldes para la conformación de gobiernos de coalición de los distintos Ayuntamientos (figura en mayúscula) de España en todas aquellas poblaciones donde la alianza PP-Cs-Vox pueda impedir un gobierno de izquierdas”.

El segundo apartado establece que, una vez elegidos los gobiernos de coalición PP- C’s- VOX, “se nombrará a las personas indicadas por Vox en cada ayuntamiento en distintas concejalías de gobierno y responsabilidades directivas en entes municipales, que en número y presupuesto guardarán proporción a los resultados electorales obtenidos por Vox en cada población”. El tercer y último apartado del acuerdo es explícito: “3.- Que las partes mantendrán discreción sobre este acuerdo”.

La tarde del martes 25 de junio el pacto secreto ya era conocido en media Europa y empezaba a dar la vuelta al mundo porque, aunque los interesados no se hayan dado cuenta, casos como este suelen tener una trascendencia inimaginable para los firmantes. Y máxime cuando uno de los interesados –el portavoz de Vox en el Congreso, Iván Espinosa de los Monteros–, tras indicar que lo rompían y ofrecer razones sobre la ruptura, añadió leña al fuego anunciando que la decisión adoptada por el comité ejecutivo nacional de su partido, según sus palabras, se debe a que uno de sus socios no es de fiar.

Pero eso es lo de menos porque este acuerdo político tan secreto ofrece otras perspectivas de contemplación diferentes, aunque hay tres que, pese a su escasa trascendencia, resultan curiosas porque tienen que ver con ciertas materias –la lengua, la historia y la confianza– que en estos momentos parecen hallarse lejos de la gestión pública. Por ejemplo, ¿se escribe VOX o Vox o se distribuye el uso de mayúsculas y minúscula de forma aleatoria?, por otro lado ¿cómo debe abreviarse Ciudadanos, Cs o C’s? ¿se trata de dos partidos diferentes acaso y se ha colado otro, desconocido, que no debía, en el pacto secreto…hay tres o cuatro? ¿ayuntamientos, en plural, como cualquier otro nombre común, debe ir en mayúscula o minúscula?

Y por ejemplo, también ¿no parece suficiente ironía que quienes se consideran hasta cierto punto, y basta con repasar las hemerotecas, herederos ideológicos de los que criticaban la existencia del Frente Popular no se hayan parado a pensar que ochenta y tres años después también cabe la posibilidad de que se les adjudique una denominación similar aunque en su caso el objetivo haya sido el de desalojar de los ayuntamientos a quienes han obtenido más votos pero no mayorías absolutas?

Y por ejemplo, finalmente ¿usted buscaría como compañero de viaje a quien pide en público que gobierne la lista más votada y luego firma pactos secretos para conseguir la alcaldía porque la suya, no la de usted sino la de él, no ha sido la más votada? ¿tomaría usted un café con quien continuamente le está engañando o guarda silencio cada vez que se la juega? ¿confiaría usted en los depositarios de secretos que tardan días en airearlos? Guarde para usted las respuestas, no las cuente… no sea frentepopulista. El problema que se presenta cuando se pierde la confianza es que es difícil recuperarla y hay innumerables ejemplos, devastadores todos, de lo que supone tal pérdida.

En casos como el del Ayuntamiento de Palencia –y otros muchos– quizá los ciudadanos agradecerían algunas explicaciones sustentadas en argumentos. Basta con emplear parte del tiempo dedicado a la proyección social a buscar a razones claras y convincentes. Razones que expliquen, por ejemplo, cómo quienes se han desgañitado proclamando la necesidad de que gobernara la lista más votada hayan decidido lo contrario y guarden silencio. Sus votantes, primero, y el resto de los ciudadanos, después, agradecerían una explicación suya diáfana que, al margen del precio que pueda tener en las próximas elecciones municipales, que será elevado, servirá al menos para restaurar parcialmente el decoro que se pierde cuando se cuentan en público unas cosas y en privado se pactan otras. La confianza pueden darla por fulminada.