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CERRATO INSOLITO

El negocio del chivo

cerrato_rebano
Actualizado 02/07/2019 10:34:03
Fernando Pastor

Por ello en muchas localidades existía la figura del chivero, una especie de pastor de cabras comunitario, encargado de pastorear las cabras de todos los vecinos, al igual que había el mulero, que hacía lo propio con el ganado equino.

En el Cerrato abunda (aunque cada vez menos) la ganadería lanar. Familias enteras vivían del pastoreo, bien por cuenta propia, bien por cuenta ajena.

Pese a la mala fama de las cabras, por arrasar las plantas que encontraban en su camino y por arremeter con frecuencia contra las personas, muchos vecinos las tenían, para con su leche elaborar no solo queso sino también flanes, arroz con leche, etc., ya que su leche es ideal para hacer postres al ser más suave que la de oveja (a ésta había que rebajarla con agua, pues es muy fuerte).

Por ello en muchas localidades existía la figura del chivero, una especie de pastor de cabras comunitario, encargado de pastorear las cabras de todos los vecinos, al igual que había el mulero, que hacía lo propio con el ganado equino.

En Baños de Cerrato ejercía de chivero Félix Chica. Cada día al regresar de pastorear las cabras tocaba una turuta que llevaba para que los vecinos, generalmente los niños de cada casa, acudieran a recogerlas, aunque casi no hacía falta ya que las chivas se sabían el camino y se encaminaban cada una a su redil.

Puesto que las horas que pasaba con las cabras en el campo le permitían mucho tiempo para pensar, a Félix se le ocurrió un negocio, que propuso al Presidente de la Hermandad, Marceliano Manuel. Le dijo “en el pueblo hay unas 100 cabras, si compramos un chivo semental, que nos puede costar unos 100 duros, y cobramos a duro la cubierta, en un solo año amortizamos el chivo y el resto de los años es todo ganancia”. Le convenció y así lo hicieron. Compraron un buen chivo semental, pero a la hora de cobrar los servicios se encontraron con las más variadas excusas para no pagar: unos vecinos alegaron que su cabra había malparido, otros que habían vendido la cabra y tendría que pagar el nuevo dueño de la cabra preñada, etc. Total que apenas recaudaron 25 duros. Desde entonces la expresión “el negocio del chivo” se ha quedado como sinónimo de negocio ruinoso.

Echarse novia por foto

En Hérmedes de Cerrato el chivero era Máximo Alejos, que también se dedicaba a cazar ratas de agua. Pero cuando el número de cabras en esta localidad comenzó a descender irremisiblemente Abel Nieto le ofreció ir a desempeñar su función a Cevico de la Torre, donde el número de ganado, tanto cabras como ovejas, no había disminuido, y él mismo trasladó a Cevico en un carro a Máximo y su familia.

Ya en Cevico nació su hijo, también llamado Máximo, después conocido como Maximín “el chiverillo” debido a que continuó con el oficio de su padre.

Pero su aspiración era tener rebaño propio y en 1975 se marchó a trabajar a Alemania, a una fábrica de cajas de cartón ondulado, con la única intención de ahorrar el dinero para ello. Transcurrido un año, pese a que le pidieron que continuara, él fue fiel a su idea y regresó. Lo primero que hizo fue comprar un corral (según sus palabras, “antes de la uva, la cuba”), y poco después un rebaño de ovejas de 115 ovejas y los pastos necesarios.

Antes de irse a Alemania tuvo que renovar el DNI. Para ello fue a Palencia a solicitarlo, pero no se lo hicieron en el acto, le dieron cita para recogerlo otro día. Para no perder otra mañana aprovechó que un vecino de Cevico iba a ir a Palencia y le encargó recogerlo. Cuando este vecino lo recogió, una chica que estaba también en la oficina vio la foto del DNI, en la que Máximo estaba con un pelo muy tupido, propio de su juventud, y la chica se quedó prendada. Le pidió poder ver bien la foto y exclamó “¡qué guapo!, ¿es su hijo?”. Le respondió que no, que era un vecino de su pueblo, Cevico de la Torre, y la chica pretendió conocerle en persona.

No se dio el caso, y Maximín “el chiverillo” nunca se casó.