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LA TRASTIENDA

Polvareda

union_europea
Actualizado 24/07/2019 11:06:03
Antonio Álamo

Hace poco tiempo, un par de meses más o menos, llegó a las librerías españolas un libro titulado “Ascenso y crisis. Europa 1950-2017: Un camino incierto”. Su presencia en los escaparates coincidió también con las reseñas que sobre este volumen publicaron los principales periódicos españoles y algunas entrevistas que con este motivo hicieron al autor, un historiador inglés llamado Ian Kershaw... Se encuentra en el final de la obra, en el último capítulo, donde el historiador se plantea una serie de reflexiones sobre el papel de la Unión Europea.

Hace poco tiempo, un par de meses más o menos, llegó a las librerías españolas un libro titulado “Ascenso y crisis. Europa 1950-2017: Un camino incierto”. Su presencia en los escaparates coincidió también con las reseñas que sobre este volumen publicaron los principales periódicos españoles y algunas entrevistas que con este motivo hicieron al autor, un historiador inglés llamado Ian Kershaw. Es reconocido mundialmente por su labor pero también por estar considerado como uno de los mejores especialistas en Hitler. Su nombre puede resultar familiar hasta cierto punto en nuestro país ya que el lanzamiento que en España hizo la editorial, la barcelonesa Crítica, fue coincidente con la campaña de las elecciones municipales, con lo cual es posible que cualquier lector de periódico pudiera ver su cara o algunos de los textos periodísticos dedicados a su obra. No obstante, siempre quedará la duda porque él y los candidatos aparecían en páginas alejadas entre sí… Kershaw figuraba en las de cultura y los otros en las de espectáculos y sucesos, también llamadas páginas de nacional.

El libro es la continuación de otro, “Descenso a los infiernos: Europa 1914-1949”, del mismo autor, con lo cual existe la posibilidad de contemplar una visión de conjunto bastante homogénea y muy útil acerca del lugar al que pertenecemos y en el que vivimos. Bastante homogénea porque está escrita por la misma persona. Y útil porque España forma parte de la historia de este continente. Es cierto que cualquier visión de conjunto puede presentar disparidades en función de quien la ofrezca pero en casos como este, en el que un autor aborda un siglo entero de historia, siempre queda la opción aconsejable de enfrascarse en los trabajos de otros historiadores y a continuación cotejar los diferentes ángulos de contemplación para sacar conclusiones.

Si ambas obras se convierten con el tiempo en dos manuales de consulta irremplazables es algo imposible de imaginar y además carecería de interés porque sería entrar en el terreno de las elucubraciones, con lo cual tendrá que ser el lector quien, tras leerlas, se enfrasque en consideraciones puramente personales y decida. Uno de los mejores ejemplos afecta precisamente a España y puede verse en cualquiera de las referencias que incluye sobre nuestro país. Hay unas cuantas –de diversa índole, de diferentes épocas y precisas y documentadas- sobre el devenir de nuestro país y conviene conocerlas. De todas ellas, sin embargo, hay una especialmente significativa que coincide ahora mismo con dos o tres hechos que han levantado una enorme polvareda asociada al papel de Franco en la historia de España.

Se encuentra en el final de la obra, en el último capítulo, donde el historiador se plantea una serie de reflexiones sobre el papel de la Unión Europea. De su lectura se extrae la consideración de que tiene una visión pesimista sobre la capacidad de la UE para conseguir un verdadero sentimiento de identidad común, porque –según sus palabras– es un continente con “unos cuarenta países, cada uno de ellos con su sentimiento de identidad, su cultura y su historia, y con más de sesenta lenguas diferentes” y porque el concepto de estado nación no solo no ha desaparecido sino que coexiste con una Unión Europea equidistante entre la Europa de las patrias (De Gaulle) y la supranacional (Delors) e incluso contempla el auge actual de ciertos nacionalismos y ciertos sentimientos de identidad que parecían haber desaparecido.

Ahí puede incluirse como un ejemplo más –según sus palabras– el “profundo y persistente legado de la guerra civil española más de ochenta años después de que empezara y más de cuarenta años después de la muerte de Franco”. Que no anda despistado lo demuestran las informaciones recientes sobre el Valle de los Caídos, la tumba, el traslado de los restos, la venta del pazo de Meirás y la metáfora inoportuna del nuncio del Vaticano, quien en su despedida dijo que en este país han resucitado a Franco. De alguna manera certifica que las reflexiones de Kershaw sobre la persistencia de ciertos sentimientos son acertadas pero se podrían añadir otras diferentes. Por ejemplo… metáfora por metáfora, podría decirse que está equivocado porque no lo han resucitado ya que no se ha muerto. Por lo demás, que el representante diplomático en España de la Santa Sede, que tiene rango de embajador, se exprese así demuestra que en cuestiones de estilo y elegancia los criterios difieren mucho de unas personas a otras.