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MIRADAS LITERARIAS

Pessoa y el desasosiego

fernando_pessoa
Actualizado 18/08/2019 07:51:54
Alfredo Baranda

'Libro del desasosiego' es para muchos (entre los que me incluyo) el más logrado.

Fernando Pessoa era un hombre triste o, más que eso, un militante de la tristeza, un ermitaño retirado a los confines de sí mismo para cultivar la pena con mimosa dedicación artesanal. Los sufrientes metódicos como él suelen comer más bien poco, abandonados como están a la voluptuosidad insomne del desconsuelo; lo que sí hacen es beber, porque el alcohol y la melancolía están afinados en la misma nota y suelen componer duetos de excepcional intensidad dramática. La amargura se nutre de sí misma, estableciendo un circuito cerrado que tiene algo de auto-canibalismo, que es la forma más dolorosa y veraz de indagar en las simas de la conciencia. El vehículo de la mortificación va adquiriendo velocidad a lo largo del tiempo, una velocidad que puede llegar a ser endiablada, de vértigo, y a lo mejor es de eso de lo que se trata, de salir disparado hacia los cielos de la genialidad.

El amigo más íntimo de Fernando Pessoa, Mario Sa Carneiro, entró en una vorágine semejante y acabó estrellado contra las paredes de su alma en un mugriento hotel de París en el que se había hospedado tras comprar trescientos gramos de estricnina, que se bebió mezclada con el mismo orujo de Sintra con el que su queridísimo Fernando continuó suicidándose en Lisboa, pero con otro tempo, sin prisa, día tras día y sin interrupción durante otros dieciocho años. Pessoa, tendía a la regularidad, al transcurso pautado; hasta la pesadumbre tiene para él un ingrediente de estabilidad y precisión horaria, un aroma decididamente burocrático y funcionarial. Entre tanto, de su pluma fueron surgiendo poemas de una belleza anonadante y exquisitos textos en prosa que siguen haciendo las delicias de los más perspicaces gourmets literarios. “Libro del desasosiego” es para muchos (entre los que me incluyo) el más logrado.

“Retengamos de la ciencia sólo aquel precepto central de que todo está sujeto a las leyes fatales contra las cuales no se reacciona independientemente, porque si reaccionamos es que ellas han hecho que reaccionemos”, nos dice Pessoa desde su angustiada lucidez de náufrago. Es uno de los centenares de aforismos que condimentan esta suculenta indagación existencial. Nunca el nihilismo se cocinó con tanto mimo literario. Nunca la pesadumbre destelló con tan atronadora clarividencia.

No, amigos míos, no se lleven este libro a la playa.