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POR CAUCES Y LADERAS

La codorniz ¡su caza!

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Actualizado 29/08/2019 10:49:31
Por cauces y laderas

En su caza debemos tener siempre en cuenta que es un ave permanentemente en alerta, con toda la “ acrisolada” inteligencia de las aves migratorias, y que apeona mucho y muy rápidamente sobre el terreno, como buna gallinácea que es.

Artículo escrito por Tello Antolín

Se ha dicho muchas veces, y se ha repetido hasta la saciedad, que la caza de la codorniz requiere, sobretodo un buen perro que la muestre, y un poco de calma en el cazador pata abatirla, para dispararla con seguridad y sin precipitación. También que su caza resulta fácil y que su tiro es más bien sencillo. Esto ha dado origen a muchas y grandes mentiras o “ trolas”. Los mentideros cinegéticos son eso “mentideros”, claro que el “novato” nunca puede engañar a los del oficio. En su caza debemos tener siempre en cuenta que es un ave permanentemente en alerta, con toda la “ acrisolada” inteligencia de las aves migratorias, y que apeona mucho y muy rápidamente sobre el terreno, como buna gallinácea que es.

Al revés de lo que muchos creen, al juzgarla por las apariencias, gusta de estar en terrenos bien limpios, despejados y aireados. Pero, al detectar al perro o al cazador, verlos u oírlos, corre rápidamente a ocultarse entre las vegetación más próximas, en las gusta de mimetizar su costillar a la sombra del herbazal. Basta contemplar e adorable dibujo de su dorso, para comprender en qué lugares buscará el mimetizarse, esas finas rayas pardas y amarillas. Finalmente se moverá entre la comida, el oreo y el refugio, aunque las apariencias puedan llegar a creer otras, esa codorniz que final y gloriosamente a parado nuestro perro, tal vez, lleva hecho ya un largo recorrido a peón, y muy probablemente no lleve mucho tiempo en ese punto en el que ha tratado de ocultarse, y en el que parece haber sido sorprendida dormitando. Basta cazarla con “musicales” sabuesos para entender bien de sus largos recorridos a peón, ¡Qué San Huberto, bendiga a esos pequeños teckel! Casi siempre las majestuosas guías de los imponentes e intensos pointer y setter… ¡Qué maravilla! Por esa forma de huir, y cuando lo hace a peón, como cuando se revuela sola, el cazador debe saber cortar su camino hacia el perdedero, girasol, maíz, la remolacha, etc.; o la cosecha en pie o incluso el mismísimo monte, y cazar siempre que se pueda hacia fuera de estos refugios, cortándoles el posible peón, y colocarse del modo más favorable para disparar en el vuelo de huida. Fácil se dice esto, como fácil se aconseja el cazar de car al viento para dar ventaja al perro y al cazador, pero los itinerarios a trazar sobre el terreno, los pasos a seguir, son a veces contradictorios y muchas veces complejos. Cumplir en ellos a la vez, durante la mayor parte del tiempo posible, con esas bien distintas y a veces opuestas condiciones, es una muy difícil habilidad, o incluso imposible. Las primeras y frescas de la mañana son horas de batir con alegría, con relativa rapidez, no otra cosa que buscan y hacen los perros. También son horas de ver pocas muestras, excepto que los “hileros” estén muy cargados de paja, ¡difícil, en estos tiempos! El tradicional “perro viejo y paso lento” deberá llegar cuando el calor aprieta y el sonido de los tiros hagan aproximarse a las “africanas” hacia la sombra protectora de su refugio, incluso, si no ha habido rocío en la noche o no hay pasto fresco, hasta el mismísimo agua.

Siempre al acabar un lindero, una reguera o un rastrojo, apurad el terreno hasta la última hierba, y haced el último tramo muy despacio ellas van huyendo delante de nosotros, y se están quedando ya sin defensa, el ribazo del final del rastrojo que acabamos de cazar es un magnifico lugar para poder rematar con un bonito lance.

En fin: Los cazadores vemos resignados, una temporada tras otra como la codorniz nos visita, pero la ausencia de un entorno poco adecuado tras la cosecha, empacado y por último el arado, la hace poner rumbo hacia terrenos más propicios. Es bien sabido por todos que estas “avecillas” nos regalan de vez en cuando esa especie de milagro merced al cual, un día parece no quedar ni una y al día siguiente, como por ensalmo, encontramos el “corrillo” en el rastrojo… Pero, al final todo es cuestión de ilusión y de no encontrar demasiadas trabas por parte de quien tiene la sartén por el mago. ¡Suerte amigos…!