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A PIE DE ARBOL

La destrucción de la tierra

FLAVIFOTO_570
Actualizado 16/09/2019 10:51:20
Flaviano Casas Martínez

El neoliberalismo destructor ha desatado todas sus fuerzas contra la Humanidad, contra la Tierra, contra sus recursos... en suma contra la Vida. Parece mentira que el “american way of life” desprecie y pisotee todavía la historia y la cultura de los pueblos, con el fin de homologar y globalizar el modelo impuesto por los nuevos gigantes financieros.

El “nuevo orden mundial” se basa en la expansión del neoliberalismo. Por ello los esquemas históricos de Estados y naciones se derrumban bajo la influencia de los clanes financieros. A partir de aquí fueron sacrificados los valores de libertad, democracia, coexistencia pacífica, igualdad y fraternidad.

El nuevo hijo del capitalismo es sumamente salvaje y destructor. Sin embargo sabe rehacer y recomponer los escombros con la globalización económica, así como la fuerza del trabajo (semi-esclavitud), adaptada al “idílico” hipermercado mundial. La Unión Europea logró destruir Estados y allanó fronteras (guerra de Yugoslavia), imponiendo la convergencia forzada en la fusión política y económica, afianzándose en el poder militar de la OTAN.

El “orden” establecido (nueva guerra de conquista de territorios), pretende convertir al mundo en un hipermercado controlado geográficamente. Estados Unidos diseña constantemente nuevas áreas estratégicas: USA, Canadá, Méjico, Tratado de Libre Comercio; y en su afán imperialista, se extiende a Merco-Sur (América del Sur), África del Norte y África del Sur. Una vez sometidas y controladas estas regiones, los países y los Estados se transforman en islas dependientes de las mega-empresas auspiciadas por el sistema neoliberal.

Brasil y su régimen militarista, destructor y re-colonizador, sirven de modelo y prototipo de lo que es capaz el nuevo “orden” internacional. Prescinde de lo que no le sirve, como de las comunidades indígenas, para reforzar la explotación de la soja y la madera, tan demandadas por el sistema neoliberal. Si no fue suficiente el ejército de pistoleros que asesinaron a cientos de activistas defensores de la selva —los llamados “mártires de la Amazonia”—, ahora la queman salvajemente, arrasando la farmacopea y destruyendo el pulmón de la Tierra y la propia Vida. Estos hechos criminales que gozan de la impunidad de la comunidad internacional, demuestran que los gobernantes son títeres políticos al servicio incondicional de las multinacionales.

En la vieja Europa se repite la escena. Si abordamos la modernización agraria y el desarrollo del Campo, advertimos que las condiciones creadas por el neoliberalismo han expulsado al campesinado, destruído el pastoreo tradicional en aras de los mercados financieros…, y roto las buenas relaciones económico-sociales-ambientales. De Monsanto pasamos a la Bayer en un juego macabro que ni siquiera tiene en cuenta la Salud y la Vida. Recientemente la Federación Internacional de Ginecología y Obstetricia (FIGO en inglés), defendió la necesidad de proteger a la población del glifosato, un potente herbicida ligado al desarrollo de linfomas. “Recomendamos que termine la exposición de poblaciones al glifosato, y que esa sustancia se deje de utilizar en todo el mundo”. (Cita textual).

El neoliberalismo destructor ha desatado todas sus fuerzas contra la Humanidad, contra la Tierra, contra sus recursos... en suma contra la Vida. Parece mentira que el “american way of life” desprecie y pisotee todavía la historia y la cultura de los pueblos, con el fin de homologar y globalizar el modelo impuesto por los nuevos gigantes financieros. El dinero y su estrecha relación Crimen-Poder, rezuman estiércol y sangre. La globalización cuartea y destruye los mercados internos al someter los esquemas propios de cada país. Contradictoriamente multiplica las fronteras, mientras las naciones fragmentadas caen a pedazos, atenazadas en sus garras.

¿Qué nos queda de la Civilización europea, de la sabiduría de las naciones de Asia, de las culturas de África y Oceanía, del pasado indígena de los pueblos de América?