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MEDIO RURAL

"Tiempo de Relojes de Sol"

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Actualizado 16/09/2019 12:10:47
Redacción

Son instrumentos provenientes de épocas en que la hora era un fenómeno local, no había manera de comprobar (sin teléfonos…) que en el meridiano cero se pone el sol 17 minutos antes que en Herrera de Valdecañas, o que el mediodía en Roma pasa una hora antes… Además la hora era un hecho aproximado en la vida cotidiana

CARLOS DEL OLMO GARCÍA

ARQUITECTO RELOJERO

Una soleada mañana de sábado escuché en un programa de radio que todo buen viaje comienza con un buen libro. Y el mío a través de los astros podría decirse que empezó de la mano de “El Principito” a la edad de nueve años. La fascinante historia de un fascinante niño saltando de asteroide en asteroide que encendía mi imaginación.

Aunque, ciertamente, mi afición como “relojero” se fraguó estudiando “Diseño y construcción de relojes de Sol” de R. Soler Gayá, utilizado por mí para trazar el reloj solar cilíndrico que luce en Villaumbrales junto al Canal de Castilla. Libro que puso muchas luces sobre el trazado de cuadrantes solares (que así se denominan) y que abrió este viaje hacia la astronomía que desde el Proyecto de San Pedro Cultural en Becerril comparto muy gratamente con la Agrupación Astronómica Palentina.

Del cuadrante solar que os presento hoy en Herrera de Valdecañas os desvelaré sus más íntimos secretos. Bueno, todos menos uno, porque un poco de misterio siempre acrecienta el interés, o al menos le conviene a esta narración.

La pulsión que siempre he tenido hacia el conocimiento se proyectaba idílicamente sobre el modelo renacentista. Y esta vez tuvo su mecenas y todo. Su Cosme de Médici compartiendo con Donatello su David —si me permitís la desorbitada exageración de este paralelismo—.

El mecenas fue Basilio Varas. Que sabedor de mi creciente afición por la astronomía se dejó convencer para que en su casa luciera tallado en piedra un trocito de la magia del Universo, de la futilidad del pasar por la vida, de la levedad del ser, del beberse la vida a tragos, del soñar despiertos bajo la bóveda celeste colmada de luceros, de viajes al pasado al contemplar estrellas quizá extintas millones de años atrás, diluyendo en todo ello el devenir, el placer por la vida, lo atemporal del tiempo… Y que precipitó en este reloj de sol monumental a doble cara que contó con la atenta mirada de Óscar Díez —amigo, astrónomo, alpinista, físico y un pozo de sabiduría— en su construcción.

Los relojes de Sol son instrumentos provenientes de épocas en que la hora era un fenómeno local, no había manera de comprobar (sin teléfonos…) que en el meridiano cero se pone el sol 17 minutos antes que en Herrera de Valdecañas, o que el mediodía en Roma pasa una hora antes… Además la hora era un hecho aproximado en la vida cotidiana. Nadie comenzaba la jornada a las siete y veinticinco, ni las diligencias partían a las nueve y cincuenta y cinco. No se necesitaba precisión. O se sabía vivir sin ella. Más adelante, con el desarrollo de las comunicaciones a distancia, nació el tiempo universal coordinado U.T.C.

Son mecanismos de un Mundo en el que el tiempo “aún” no estaba ligado al espacio. Tiempo que se relacionaba directamente con el paso del Sol. Y para éste, todos los días del año son diferentes (unos pocos segundos más o menos), mientras que para la hora oficial todos los días son iguales (las mismas 24 horas).

La distinta duración de los días solares se produce porque la Tierra en rotación gira prácticamente de manera constante, mientras que en traslación a lo largo de un año se acelera y decelera en su viaje por la elipse que describe alrededor del Sol. Y eso supone desfases de hasta aproximadamente 14 minutos para adelante y unos 16 minutos para atrás (para quien quiera profundizar está relacionado con la 2ª Ley de Kepler, y con la denominada Ecuación del tiempo).

Así que si miráis vuestro reloj de muñeca y uno solar, casi nunca, —o puede que nunca— coincidan debido a ese desfase que ha de corregirse dependiendo de la época de año, materializado en una curva que se denomina analema. Además habrá que sumar, en el caso de Herrera de Valdecañas, los 17 minutos antes mencionados, porque la hora oficial en España es la del meridiano de Greenwich, no la de Herrera de Valdecañas. Y también una hora en invierno o dos en verano que caprichosamente añadimos para la hora oficial.

Para calcularlos: empíricamente en la antigüedad, con fórmulas trigonométricas más adelante, y hoy en día también con programas informáticos.

Éste lo hicimos con “shadows”.

Y una vez impreso el modelo, lo tallaron Mármoles A.Torío, lo pintó Pedro Cuena y lo montó Aldo metalistería sobre la construcción que llevaba Enrique Gil. No sin antes incluir en su diseño una frase en latín, cosa habitual.

Y en esas estábamos, cuando no éramos capaces de encontrar cuál de ellas podría adornar nuestro reloj. Y haciendo de la necesidad virtud, decidí que un gran número de sentencias serviría como estrategia compositiva. Incluyendo todas las que Basilio no era capaz de descartar. Y que Santino Guantes corrigió, comentó y tradujo sabiamente.

Le pusimos la fecha de construcción: 3 de noviembre de 2016, relacionada con una onomástica. Y me permití firmarlo con “C.O.fecit” y con un pictograma homenaje a Stanley Kubrick que representa la conjunción del monolito TMA1 con la Tierra y la Luna.

Y añadiéndole las coordenadas de su ubicación, lo dimos por finalizado.

Y otra cosa que no os cuento.

Vale.