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A PIE DE ARBOL

Ecología y conciencia critica

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Actualizado 16/10/2019 12:09:08
Flaviano Casas Martínez

La llamada “España vaciada” es un eslogan temporal para la ocasión, inadmisible en términos políticos y geográficos. La gran Castilla convertida en “esas castillas que andan por ahí desperdigadas”, constituye un desierto demográfico, un espacio muerto, deshumanizado, en cuyos horizontes no cabe la esperanza porque el sistema y el régimen vigente han destruido las perspectivas de futuro de los pueblos y las comunidades rurales.

Al campesinado como clase social lo desarmó el individualismo, la pasividad, la falta de conciencia crítica, de actitudes comprometidas…, y la pérdida de protagonismo activo. ¿Dónde quedó la sociología rural, la solidaridad vecinal y el viejo mutualismo?. El Concejo Abierto, el Derecho Consuetudinario, la arraigada cultura campesina, los mercados tradicionales, la historia comarcal y la filosofía comunal, cayeron en el pozo del olvido bajo la losa de la administración caciquil y la avidez parasitaria de las tramas clientelares.

Actualmente la chusma política se sorprende y hasta se adhiere al grito desesperado de la que llaman “España vaciada”. ¡Qué clamor más hipócrita, qué farsa más descarada para rematar a un campesinado envejecido que huye a la desbandada, entregado a las multinacionales del sector, a las industrias foráneas y a los acaparadores de tierras, los “finqueros”. La llamada “España vaciada” es un eslogan temporal para la ocasión, inadmisible en términos políticos y geográficos. La gran Castilla convertida en “esas castillas que andan por ahí desperdigadas”, constituye un desierto demográfico, un espacio muerto, deshumanizado, en cuyos horizontes no cabe la esperanza porque el sistema y el régimen vigente han destruido las perspectivas de futuro de los pueblos y las comunidades rurales.

El Campo en cambio, hace ostentación de tractores y máquinas gigantes, de grandes naves agrícolas y ganaderas, muchas de las cuales acabarán echando el cierre. Juntas y Diputaciones se apresuran a dar licencia y máximas facilidades a las macro-granjas, al mejor estilo norteamericano, (el día 3 de Octubre, B.O. de C. y L.), concedida a la macro-cuadra de Noviercas (Soria), para 20.000 vacas.

El diseño definitivo para aumentar el éxodo rural se enmarca en esta descabellada estrategia, enmascarando dónde y en qué se emplean los Fondos Europeos. Esta dinámica pasiva está huérfana de proyectos de industrialización, excluyendo a priori los cultivos alternativos (sociales), que emplearían mucha mano de obra y fortalecerían la empresa familiar agraria. Al contrario, impulsan los “desiertos verdes”, importan piensos industriales (soja, tortas de oleaginosas,…), al tiempo que anulan la capacidad de producción propia: leguminosas que, a su vez, aportarían gran cantidad de Nitrógeno, mejorarían la estructura del suelo y favorecerían los pastos.

El Cooperativismo como fuerza tractora y la Ecología política no han cuajado por estos predios desérticos. Esta carencia desbarata los proyectos y perspectivas económico-sociales y ambientales, cercenando la capacidad de los pueblos rurales como agentes de transformación. La eco-crítica y la conciencia ecológica y social proporcionan elementos de resistencia, capaces de aglutinar compromisos de identidad y de lucha reivindicativa para devolver la esperanza a un campesinado explotado, marginado y silenciado.

La sostenibilidad del Campo y de los pueblos se afianza en el pensamiento utópico: “Un hecho puede cambiar el mundo. Cuando remuevas la tierra húmeda, devuelvas los desechos al ciclo de descomposición y coloques la semilla en el surco, recuerda que estás plantado tu libertad con tus propias manos”. (Del escritor Starhawk). Sin embargo el paradigma dominante de la agricultura industrial (agro-negocio), desata los desequilibrios ecológicos, precedidos de la injusticia y los abusos económico-sociales que obligan a los pueblos del mundo rural al abandono de su medio y de sus formas de vida y de trabajo.